Hijas de pediatra – 1.

Creo que si se les preguntara a mis hijas: ¿te gusta que tu mamá sea pediatra? probablemente contestarían que sí, aunque yo sé que hay muchos momentos de su vida en que estarán despotricando para sus adentros deseando que yo hubiera sido cualquier otra cosa. Piloto, por ejemplo, como la mamá de una compañera de Miss Berrinche, que es nada más ni nada menos que PILOTO. De aviones grandes de los de verdad, mami, de los que llevan gente de viaje… “hala, mejora eso”, parecía que me decían mis hijas al volver del cole aquel día. Es verdad que en alguna ocasión las he cazado contándole a algún congénere que su mamá era médico de niños, y que los pinchaba a veces, y noté en todos los casos cierto orgullo en sus palabras (y cierto miedo en la expresión del amiguito).

Cosas que mis hijas sufren o disfrutan, según, por la condición de hija-de-pediatra:

1.- En general, me da igual que coman o que no coman. ¡Ojú qué mal suena la frase! No voy a entrar ahora en este tema tan trillado, pero es así: la mayoría de los niños comen menos de lo que nos parece normal a los adultos, y que suele ser lo que necesitan, ni más ni menos. Algún “mal comedor” hay de los de verdad (o sea, aquél niño que por no comer, ve alterado su desarrollo), pero son pocos. Lo normal en un niño es que coma lo que come un niño. O sea: lo que necesita, nada más, y “seleccionado” (a ver… en habiendo patatas fritas y macarrones, ¿van a preferir el lenguado? angelicos). Cuando están pachuchos (catarros, otitis, gastroenteritis,…) es otra historia; en este punto 1, me refiero al día a día. Y esto, a mis hijas, sé que les ha facilitado bastante su plácida existencia, comparado con otros niños de su entorno. En Villamocos no ha habido una pelea por la comida jamás. Y claro, cuando cuento esto, siempre hay alguien que me dice: “claro, eso es porque las tuyas comen”,  y aquí es cuando suspiro y desisto de explicar que claro que comen, como todos (o sea, poco), pero es que ellas afortunadamente no le tienen miedo a la comida porque nadie se la ha embutido, NUNCA. Según mi suegra (a la que quiero mucho y me consta que es una mujer inteligente, culta y con sentido común), Ironman estuvo un verano entero sin comer. Lo sostiene, lo afirma y lo defiende, por más que yo le diga que eso es imposible. Y el interesado reconoce, por lo bajini, que cree recordar que se trincaba unos helados interesantes sobornados al abuelo…

2.- Es más, me preocupa que coman de más. No hace falta que recuerde la enorme prevalencia de niños obesos que hay en España. Bueno, pues de eso tenemos la culpa los adultos, no los pobres niños. Y este punto sí que les ha amargado la existencia bastantes veces a mis retoñas (risa maligna…), sobre todo a Trotandovoy, que es más de dulce. Las chuches están muy relegadas a los cumples, y en el armario lo más golosón que hay son galletas maría y magdalenas (y estas, no siempre). Ni galletas Dinosaurius (no me creo que estén recomendadas por la AEPED), ni inventos de tropecientos-cereales-con-miel, ni ná de ná. Ahora bien, por supuesto, llega el sábado y comemos fuera y claro que se comen su postre… y en vacaciones de verano, helados y chuches a veces a diario (consecuencia del abuelazgo),… pero el día a día es lo que marca la diferencia. Seguro seguro segurííííísimo que he sido criticada por esto infinidad de veces por personas de mi entorno, pero francamente, querida, me importa un bledo. Lo que sí me importa, como pediatra y madre, son los inocentes piños por el momento libres de caries de mis criaturitas y la costumbre no adquirida por ellas de zampar comida basura de forma habitual. Y cuando nos comemos un pastelaco de chocolate nos lo comemos con ganas, y si lo hemos cocinado nosotras, mejor… Ni qué decir tiene que intento que merienden bocata, en todas sus modalidades.

Mmm. Creo que se me ocurrirán más pros/contras de ser hijo-de-pediatra…

4 comentarios en “Hijas de pediatra – 1.

    • unfonendoenvillamocos dijo:

      Gracias Lau!! Pues ahí está el tema, que la naturaleza es sabia, y si no se equivoca con el 100% de las especies del planeta que se desesperan por conseguir alimento, la nuestra no iba a ser la excepción. Quiero decir que un niño pequeño es raro que ponga en peligro su salud no comiendo, al menos de forma continuada. Si lo hace es que está enfermo, en la mayoría de los casos. Otra cosa ya son los adolescentes… pero ésa es otra historia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s