Pediatradas.

El niño, de casi 4 añitos, es muy parlanchín. Viene a mi consulta remitido desde Urgencias por una cojera desde hace dos días que ha ido mejorando espontáneamente en las últimas horas. Sospecho que no hay nada grave: probablemente un traumatismo sin importancia, y así se lo hago saber a la madre mientras exploro al niño ante la atentísima mirada de su abuela. Él, mientras tanto, me va contando cuáles son sus animales favoritos, sus comidas favoritas, y cómo se llaman sus mejores amigos del cole. No calla y no está nada asustado, lo cual me pone las cosas fáciles. Cuando termino de explorarle, le pido que me cuente él mismo qué le ha pasado, ya que -le digo- me parece que se explica muy bien. “Pues me pasó que me caí, y me hice daño en la pierna, y entonces caminaba como decía mi abuela”. Y yo: “¿Cómo decía tu abuela?”. Él: “Pues decía que parecía la duquesa de Alba”. Y la madre, la pobre, no sabía dónde meterse, aunque nada comparado con la abuela…

De éstas, casi a diario… :-)))

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