De golpes y traumatismos (que son lo mismo).

Trotandovoy es una niña juguetona y saltarina, y debido a tal condición sufre en incontables ocasiones trastazos de diferente envergadura. Pensé que la situación, tras cumplir 7 años, mejoraría, pero no: el último trompazo, ayer. Cuando fui a recogerlas al cole, atravesó el patio con mirada lastimera y una franca cojera más lastimera aún. He de reconocer que no me impresiona nada verlas cojear, y ellas lo saben; así que llegada la ocasión, exageran.

Lo que había sucedido es que jugando a “látigo con un churro” (no, no sé lo que es, y no sé si quiero saberlo), salió despedida y aterrizó sobre sus rodillas. Así que, como siempre, ha debido de ser un accidente provocado por hacer el asno a nivel expertise.

El caso es que tiene un buen hematoma en la rodilla izquierda. La sucesión de los hechos ha sido la habitual: “Mamá, me duele. Mamá, no puedo caminar. Mamá, mañana ¿hago gimnasia o voy a secretaría?”, y al final el esperable “Mamá, quiero llevar amuletas…” (así lo dicen, A-muletas, aunque las corrija). Hoy mismo, es decir, escasas 24 horas después, la niña está mucho mejor. Lógico: es un golpe sin grandes consecuencias (un hematoma rumboso y florido no lo considero consecuencia). Pero sigue deseando con todas sus fuerzas que la sucesión de los hechos hubiera sido otra… ¿Cuál?… Pues el que podría haber sucedido de no ser su madre pediatra. Dependiendo de cada padre/madre, y de cada niño, un golpetazo así acaba en Urgencias del Hospital terciario. Y, si el nene refiere mucho dolor (teniendo en cuenta el componente de subjetividad del mismo), podría haber acabado en radiografía de la rodilla. Y, continuando en la misma línea, se podría haber ofrecido al niño lesionado unas muletas. Que según mis hijas y supongo que todos sus congéneres, molan mazo. Y si esto pasa una vez, pues no tiene mayor importancia… pero he visto muchos casos en los que acaba siendo casi costumbre que cada golpe del niño se siga de visita a Urgencias, radiografía e inmovilización de la extremidad. Y si al final son 27 radiografías (caso real) entre tobillos, muñecas y rodillas, pues no es una cantidad despreciable de radiación. En las guardias de Urgencias, tengo la manía de comprobar cuántas radiografías tiene ya hechas un niño, antes de pedir una. Aunque luego acabe decidiendo independientemente de esto.

No soy partidaria de intervencionismo (radiografía y vendaje o inmovilización) en los traumatismos banales, pero he de reconocer que no siempre es fácil decidir qué es banal y qué no lo es. Quizá la clave esté en esperar un poco si el mecanismo del golpe no parece intenso, y obviamente en ausencia de datos que sugieran fractura… o, como tantas veces, que la primera valoración la haga el pediatra de cabecera del niño y no la Urgencia hospitalaria.

Todo esto vino, aparte de por el porrazo (que no será el último: lo sé…) de Trotandovoy, por esta entrada del fantástico blog Pediatría basada en pruebas, además de esta otra.

Y nada, por aquí por Villamocos la lesionada niña revolotea a mi alrededor dejando caer, como quien no quiere la cosa, sentencias tales como: “Pues Fulanita se cayó más suave que yo y le pusieron una venda”, “Menganita lleva toda la semana con amuletas y lo pasa genial en el recreo haciendo carreras”,… y el sempiterno “Mamá, yo creo que deberías ser pediatra sólo en tu trabajo y luego por la tarde llevarnos al médico como van todos los niños”… 🙂

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