Villamocos al filo de la noticia: fuera codeína.

Hace un par de meses os hablé aquí de la laringitis aguda, única forma habitual de tos infantil que es beneficioso cortar. Mi intención era escribir otra entrada acerca de los otros tipos de tos en el niño (ya que sobre los otros golden hits pediátricos, la fiebre y los mocos, ya me había explayado). El caso es que lo fui dejando, dejando, hasta que esta semana, además de un par de consultas whatsappeñas que me lo han recordado, va la Agencia Española del Medicamento y me lo pone en bandeja:

 

Y por mi parte, no puedo estar más contenta con la noticia. Para comprender por qué estoy contenta -yo y muchos pediatras- hay que saber qué es la tos (lo cual podría parecer una perogrullada, pero me temo que no lo es), o mejor dicho el por qué de su existencia:

Por un lado, están las causas de tos poco frecuentes: la aspiración de cuerpo extraño, por ejemplo. A veces un alimento (o vete tú a saber qué, que los niños todo se lo meten a la boca) se va por el otro lado, y acaba alojado en un bronquio; y el cuerpo ¿qué hace? pues toser para expulsarlo. Esta causa de tos es fácilmente identificable porque empieza de repente (o de forma aguda, que es la manera que tenemos los médicos de decir “de repente”). Otras formas de tos no demasiado frecuentes son la producida por el reflujo gastroesofágico (el ácido del estómago, al subir a donde no debe, irrita la entrada a la tráquea, la garganta… y produce tos), o la tos nerviosa.

Pero a la mayoría de los papás la tos que os preocupa no es de estos tipos, sino la producida por infecciones respiratorias: culpables de la tos la inmensa mayoría de las veces. Bien, pues sucede que la tos es buena, necesaria e imprescindible para que un niño atraviese con elegancia la infinidad de virus obligatorios durante sus primeros años de vida. Como os contaba al hablar de bronquiolitis, el moco no baja al pecho sino que se produce en el pecho mismo, para defenderse de los microbios varios (mayoritariamente virus). Pero esas cantidades a veces industriales de mocos no deben quedarse en los bronquios, porque obstruirían la vía respiratoria: se sacan tosiendo. Ergo NO interesa cortar la tos. Así de sencillo es. A veces, y en niños predispuestos, la tos se produce por hiperreactividad bronquial (lo que viene siendo asma o broncoespasmo, en cuyo caso ESTO es lo que constituye una urgencia) o por goteo de moco desde la puerta de atrás de las fosas nasales hacia la garganta: en cualquier caso, virus culpables también, la mayoría de las veces. Ojo: no todas las infecciones respiratorias de los niños son por virus (que lo bueno que tienen es que se curan solos, sin antibiótico). Desafortunadamente algunos niños -pocos- les tocará tener una neumonía bacteriana que incluso necesite ingreso, o algún bebecito -pocos- que aún no le haya dado tiempo a recibir las vacunas, una tosferina (también bacteria). En ambos casos hay que curar con antibiótico, y rapidito, la causa. La tos en estos casos remitirá al curar el proceso.

En mi opinión, con la tos pasa como con el llanto: ambos son sonidos que atávicamente nos preocupan a los padres (en cambio, los mismos decibelios producidos por las carcajadas de nuestro hijo no nos suponen ningún problema aunque sean las 3 de la madrugada). Mecanismos de la Naturaleza para proteger a sus cachorros, supongo; porque hasta hace no tantas decádas, la tos podía suponer una amenaza grave para la vida del niño. El caso es que, como os decía más arriba, la tos que nuestros niños padecen la mayoría de las veces y por la que los papás consultan es la producida por infecciones respiratorias víricas. Es una tos típicamente “húmeda” y muy molesta. Encima -mala noticia- puede durar bastantes días una vez superado el catarro en cuestión. Empeora por la noche, y quita el sueño a toda la familia (aunque sobre todo a los padres, porque algunos niños se las apañan para seguir durmiendo entre toses). Para rizar el rizo, la presión que se produce mediante el mecanismo de la tos a menudo produce también expulsión de lo que haya en el estómago: es decir, vomitan. Vamos, un cuadro. Yo aún recuerdo como si fuera ayer el vuelco al corazón que me daba el oír los ataques de tos de Trotandovoy o Miss Berrinche en mitad de la noche.

Pues, de nuevo y aunque se ha dicho hasta la saciedad, NO interesa cortar esta tos. Pero es que además, como dice la noticia que encabeza este post, el componente principal de muchos jarabes antitusígenos, la codeína, ha demostrado ser lo suficientemente peligroso y haber dado los suficientes disgustos como para desaconsejar su uso en los supuestos que veis en la foto de arriba. Podéis leer acerca de esto en este genial post (y las risas las tenéis aseguradas). Y en esta entrada de un blog ya veterano, ya se habló de los sustos que podía dar otro antitusígeno por excelencia, el dextrometorfano.

Lo que ya no sé es qué tipo de cebolla es la mejor para la tos, pero al solomillo le quedan bien las chalotas.

Lo que ya no sé es qué tipo de cebolla es la mejor para la tos, pero al solomillo le quedan bien las chalotas.

… Y llegó el momento: ¡no habrán pensado ustedes que no iba a opinar sobre la cebolla! He de decir que mi investigación particular ha incluido pocos sujetos resultando en una muestra escasilla (tan escasa como 3 niñas). Vaya por delante que no les indiqué yo la cebolla, sino que les fue colocadita al lado por iniciativa de sus sufridas madres después de varias noches tosiendo. En dos niñas, la cebolla ha surtido efecto y en otra, no. Una de las sujetas sobre las que hizo el mejor efecto posible erradicando la tos (nivel mano de santo) es a la sazón mi sobri Campanilla. Para rebatir con evidencia científica los efectos beneficiosos del cebollamen, aquí en uno de mis blogs favoritísimos tenéis argumentos (y risas también). En mi opinión, la tos que mejora con cebolla es la que tiene un gran componente de tos “seca” o “irritativa”. Al menos, en lo que estará de acuerdo toda la comunidad científica es que los efectos secundarios de la cebollita no son peligrosos… aunque sí peliagudos, precisando ventilación intensa de la estancia. 🙂

Y para terminar, os dejo un ya mítico decálogo en Pediatría que no viene mal recordar: el Decálogo de la Tos. Ah, y perdón por las 27 veces que sale la palabra “tos” y derivados en esta entrada (merde, ahora son 28).

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