La importancia del parto.

Yo tuve mucha, mucha suerte.

Con Miss Trotona, estaba yo embarazada de 40+5, y me encontraba sola en mi casa cuando noté un ligero dolor de tripa, que me pareció retortijón. Eran las 8:30 de la mañana. Tan campante, me acurruqué en el sofá y me eché una cabezadita, hasta que una hora más tarde otro “retortijón” me espabiló. Por si acaso, me duché, y al tercer “retortijón” llamé a Ironman para que viniera. Eran las 11:30. Sobre las 12, claramente supe que estaba de parto porque las contracciones (que evidentemente no eran retortijones) eran cada vez más intensas y avanzaban por mi barriga como una ola de dolor, que luego se retiraba dejándome un gran alivio. No había tenido más de 4 ó 5 contracciones de éstas, cada 4 ó 5 minutos, cuando llegamos al hospital a las 13:30.  Allí, me dijeron que estaba poco dilatada, pero de parto, me ubicaron en una sala de dilatación y se me practicó una amniorrexis (rotura de bolsa). Ya eran las 14h, y mi matrona me dijo: “Ahora es cuestión de que dilates un poco más y vendrá el anestesista a ponerte la epidural”, y salió a controlar a otra parturienta dejándome en la habitación tranquila, dolorida (tras la amniorrexis las contracciones eran cada minuto o eso me parecía a mí), y expectante. Pero no había casi ni cruzado el umbral de la puerta cuando sentí que paría. Me invadieron unas ganas de empujar como nunca en mi vida había sentido, le dije a Ironman: “¡llámala, llámala!” y 10 minutos más tarde tenía en mis brazos a Miss Trotona, 3,440 kg, enganchada a la teta (izquierda). Sin epidural, aunque sí con una gran episiotomía… y un susto en el cuerpo de agárrate y no te menees. 🙂 Porque nunca estuvo en mis planes dar a luz “a pelo”, y el dolor tan intenso de las contracciones finales por un lado y la sensación tan atemorizante que sentí en el expulsivo (noté que me partía en dos y creo que de ahí debe de venir el término “parto”) me dejaron asustadísima durante varios días. Asustada, sí, pero también contenta, satisfecha, orgullosa de mi cuerpo… plena.

Miss Berrinche nació en el hospital de milagro, y con eso lo digo todo. Su hermana (que tenía sólo 14 meses) me despertó a las 8 de la mañana y fue entonces cuando noté que tenía algún dolor. Si no llega a ser por ella, creo que me habría despertado a punto del expulsivo. Camino del hospital la guardia civil nos impidió acceder a Castellana (cortada por el desfile de las fuerzas armadas) y recuerdo muy angustiosos esos 15 minutos de rodeo, con contracciones muy dolorosas y muy seguidas y un miedo enorme a dar a luz en el coche. Pero llegamos y pim-pam-púm, parí. 🙂 Como anécdota, Ironman tuvo que hacer de celador junto con la matrona para llevarme en camilla hasta la sala de partos; no había tiempo de esperar dos minutos a que el celador de verdad llegara… De nuevo, me invadió la misma sensación de plenitud y me maravillé de lo extraordinario que era mi cuerpo (y eso, siendo médico y todo).

Creo que se entiende por qué digo que tuve mucha suerte,

incluso cuando no pude catar las maravillas de la epidural. El caso es que durante los años siguientes a mis partos, que como conté otras veces fueron los primeros de mi entorno, fui conociendo las historias de los partos de mis amigas, primas y hermana. Porque si hay algo cierto es que la mayoría de las mujeres necesitamos contar nuestro parto, nos gusta, nos reconforta compartir ese momento. Y esto es así por el título de este post: parir tiene importancia. Me refiero a que es importante más allá de su propio fin de dar a luz de forma exitosa para madre y niño, lo cual es obvio; es también importante porque supone una experiencia clave, única, trascendental, para la mujer. Supongo que no todas lo habrán sentido así; yo misma no fui muy consciente de lo que habían supuesto mis partos para mí hasta que viví malas experiencias de mujeres cercanas.

Por eso no me gusta que se infravalore lo que las mujeres queremos y sentimos acerca de nuestro parto. Me molesta que se reste importancia al deseo de muchas madres de tener un parto respetado. Me duele que tantas mujeres que conozco hayan sentido que las cosas no se hicieron bien. Y no, un parto respetado no es un parto en casa, o bajo el agua, o con muchas pelotas de esas grandes. No: un parto respetado puede ser un parto con epidural, o mediante cesárea, o en el que se empleen fórceps. Porque un parto respetado es aquél en el que la madre es informada de la situación y participa de las decisiones. Aquí tenéis una buena entrada al respecto.

Captura de pantalla 2016-04-24 a la(s) 10.17.43¿Por qué escribo de esto hoy?

…Partiendo de que estos días no puedo (o no debo) dedicarle tiempo al blog porque tengo mucho trabajo acumulado, he sentido el impulso de escribir. Mi hermana (la Tita Geóloga) ha tenido a su segunda niña… Enhorabuena de todo corazón. 🙂 Pero no voy a hablar de su parto, porque ella ya sabe que tiene mi blog abierto a lo que quiera escribir y cuando quiera hacerlo. 🙂 Sólo diré que estoy muy, muy contenta; y enormemente orgullosa de ti, por la firmeza y vehemencia que has demostrado, en esto como en tantas otras cosas, para hacerte respetar.

Pienso que el mundo necesita muchas mujeres como mi hermana. 🙂

PD: Sobri Campanilla: no le des tantos morreos a la Sobri Macaquilla, que aún ronda la gripe y el enterovirus por esos lares!… 🙂

Un comentario en “La importancia del parto.

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