¿Qué comen nuestros niños?

La reflexión de hoy viene dada por esta entrevista que mi hermana la Tita Geóloga compartió el otro día en Facebook. Ayer la pude escuchar atentamente. No me ha contado nada nuevo porque hace ya mucho tiempo que sigo a Aitor Sánchez de “Mi dieta cojea“, a Julio Basulto, a Juan Revenga (“El nutricionista de la general“) y cómo no a mi amiga África de “Cómo entender a tu endocrino“. Todos ellos (y más que me dejo en el tintero) son grandes comunicadores, rebosan ciencia y sentido común por todos sus poros y hacen un esfuerzo loable por transmitir a la población general lo que es una alimentación saludable.

Pero (y esta es mi reflexión de hoy) su mensaje llega insuficientemente. Tanto a los padres de familia que hacen la compra del mes (llenando el carro de galletas y cereales para el desayuno, Actimel que es buenísimo y zumos industriales), como a la abuela que le lleva la merienda a su nieto al recogerle del cole (una napolitana de crema recién horneada), como a la madrina que lleva un regalo a su ahijado (un cucurucho enorme de golosinas). Y, lo que es más preocupante aún, parece que el mensaje no ha calado aguas arriba, es decir, en los organismos oficiales que regulan el consumo en nuestro país.

Comemos mal. El hambre pasada en la posguerra y la abundancia actual, entre otros factores, han estropeado nuestra alimentación. La dieta mediterránea deja de ser saludable si se le suma la cantidad de alimentos procesados y llenos de azúcar omnipresentes en las estanterías del supermercado. Y la publicidad es enormemente engañosa. A “calorías sin ningún valor nutricional” lo llaman “energía”. ¿Qué madre no querría cargar las pilas de su retoño de energía a las 8 de la mañana antes de ir al cole? ahora bien, vaya paradoja: algunos alimentos procesados (dulces en su mayoría) que se vendían como “fuente de energía” ahora añaden en letra pequeña que “sólo” tienen equis calorías. Porque lo que ha pasado en España es eso: que nuestros niños han consumido tanta energía, que tienen sobrepeso e incluso obesidad.

No seré yo quien erradique totalmente el azúcar y los alimentos procesados de la dieta de mis hijas. Porque es imposible, al menos en este país hoy por hoy. Pero al menos intentaré limitarlos. Y, como dice el autor de la entrevista: “más mercado y menos supermercado”, entre otros simples pero grandes consejos.

Recomiendo a todo el mundo bucear por las webs de los autores antes citados. 🙂

Feliz finde y puente próximo!

7 comentarios en “¿Qué comen nuestros niños?

  1. JVSotoca dijo:

    Nuevamente 100% de acuerdo. Es una lucha quijotesca con la comida cada viaje a España. La aparente necesidad de las abuelas de malcriar a sus nietos que vez gas esporádicamente con chuches, gusanitos, pastas, churros, mantecados y ese largo etc. Visto ahora con perspectiva no deja de ser curioso que nos parezcan sanas las meriendas que hacíamos nosotros: los bocadillos de embutido, pâté o nocilla hechos con pan blanco, que puestos a discutir su valor nutricional son muy discutibles, nos parecen fantásticos comparados con los bollos, galletas, batidos, zumos… Se entiende el por qué: es más rápido y sencillo cómpralo ya envasado en el súper y además El Niño no protesta. Ejemplo de la educación actual: rápido y con el menor esfuerzo.
    Mensaje optimista: sí se puede! Si al niño le acostumbras a beber leche directamente del cartón sin ningún aditivo (azúcar, cacaos) se la beben sin problemas. Si las manzanas, platano o similares que tan poca preparación requieren se convierten en un hábito desde el principio, gustan como meriendas (cuando no tienen competencia). Si la guarnición habitual es una zanahoria o un pepino cortado en tiras, no se echan de menos las patatas fritas. Y así un largo etc.
    En Suecia cometen muchos pecados alimenticios, muchos. Pero hay costumbres que sí se pueden copiar.
    Dulces…abrazos!

    • unfonendoenvillamocos dijo:

      Me ha encantado lo de no tener competencia. Es un punto importante, creo. Si el niño sabe que en la despensa hay magdalenas, chocolate y Pringles va a decir que la mandarina se la coma Rita (por lo general). Me pregunto cuáles serán los pecados alimenticios de Suecia? 😉

      • JVSotoca dijo:

        Segundo país con más diabéticos después de Finlandia. Sin duda que la base genética será fundamental pero lo nutricional sospecho (sin datos) que también. Hay una doble moral con el azúcar: les encantan las chucherias (godis), la bolleria, chocolatinas, zumos, refrescos… pero pretenden que los crios solo lo coman los sábados. En parte es una buena idea pues cuando pretenden en el súper comprar algún capricho la respuesta fácil es “hoy no es sábado”. A cambio los sábados es increíble lo que comen y sospecho (sin datos) que cuando dejan de ser niños y tienen libertad dejan de respetar la ley del sábado.
        En general comen regular, visto en los tupper en el trabajo como muestra representativa: mucha comida rápida y procesada. Muchos compran unidosis de comida congelada. Y quien cocina es frecuentemente pasta, arroz y similares.
        No aprecian la gastronomía. Comen para quitar el hambre pero no valoran el arte. No hay gastronomía nacional ni por regiones. Los “bares de pueblo”, esos que hay en todos sitios, son pizzerías donde comer pizza, kebab y hamburguesas.
        Alguna buena idea es que todos los lunch en hospitales y restaurantes incluyen un buffet de ensaladas. Pero se convierte en un añadido a la comida, no sustituye en nada al plato principal. Y de fruta, muy poca. No hay costumbre de postre (son dulces y café, pero no fruta) y si ofrecen de merienda. Pero insuficiente (no llegan a las 5 piezas al día ni de coña).
        Así que no, no comen bien. Y la ola de interés por la nutrición que hay ahora en España, no ha llegado tan al norte!
        Saudos

  2. Gabi Ruiz dijo:

    Acertada reflexión. Trato con bastantes niños (y familias) obesos en mi consulta, y tienen la información, pero cuesta mucho que coman como saben que deberían hacerlo. Es difícil esquivar lo que algunos llaman “ambiente obesógeno”. Como punto positivo, en mi modesta experiencia, el mayor éxito lo obtengo cuando dirijo mis recomendaciones directamente al niño. Me he encontrado que a veces es el niño el que acaba “riñendo” a los padres: “… Gabi ha dicho que no hay que comprar estas galletas…”. Ahí está nuestra esperanza. Por supuesto, hay que hacer esa labor educativa antes de la pubertad, si no ya no me escuchan ni a mi, ni a los padres.

    • unfonendoenvillamocos dijo:

      Qué interesante lo que cuentas, Gabi. Yo tengo poca experiencia en tratar estos problemas directamente (cuando el tema es diferente de la patología reumática, suelo derivar al especialista pediatrico correspondiente…) pero lo que sí sé es que, efectivamente, a menudo los niños son los pacientes “más cumplidores”… pero sí. El ambiente obesogeno es omnipresente. Yo he tenido que DEFENDER literalmente a mis hijas muchas veces para que no las obligaran a comer… por otro lado, me alegro mucho de comprobar aquí y en Facebook que los pediatras estamos concienciadísimos! 🙂

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