A mi madre, en el día de la madre.

Hola, mamá.
Ya sé que hace mucho tiempo que no te escribo, pero es que desde que tu perfil de whatsapp no funciona, ya no te puedo mandar mensajitos frecuentemente. En cuanto al blog, está un poco parado; pero todo a su tiempo.

Me decido a escribirte para ponerte al día, porque aunque nunca jamás te permitías perderte nada de tus personas queridas, no estoy segura de cómo funcionan las cosas allá arriba. Con “allá arriba” me refiero a donde estás ahora. Bueno, estás en muchos sitios -repito, todo a su tiempo-, pero quiero decir que, como no he resultado ser persona religiosa ni en definitiva demasiado espiritual, no puedo decir “el cielo” o “el paraíso” como suele ser habitual. No llegaste a conocerla en RRSS, pero la Vecina Rubia suele hablar del arcoíris de los padres, o de aquellos que se han ido, y me gusta el concepto. Así que emplearé a partir de ahora el término “arcoíris de mi madre”. Conociéndote, y dado que tus gustos no eran discretos precisamente, 🙂 doy por hecho que tu arcoíris no tiene 7 colores sino toda la paleta Pantone. ¡Hombre! Para algo ahora podrás hacer ahora lo que te da la gana, ¿no? así que supongo también que tendrás tantos pares de zapatos como colores de tu arcoíris, y otros tantos abrigos y pintaúñas.

Y ya que estamos: ¿tienes wifi en tu arcoíris? Me da en la nariz -mi nariz respingona, como la tuya- que seguramente sí, porque si no, no me explico algunas apariciones y mensajes y pistas y rastros que en estos cuatro años me he ido encontrando y que, indudablemente, llevaban tu firma. Pero por si acaso no tuvieras buena cobertura, te voy a poner al día. Sé que lo agradecerás.

Tus hermanos están bien.
Tu hermana favorita riojana sigue trabajando como una jabata y está tan guapa como siempre, y apoyando a sus hijos como solo sabe hacer una madraza coraje. Que sepas que cada Navidad invocamos tu poder de influir en el azar cuando compartimos, mi hermana y yo, un décimo con ella. Así que por si no lo sabías, y en el supuesto de que puedas meter mano en esto, mira a ver si intercedes para que nos toque aunque sea un segundo premio a las tres. 🙂

Tu hermana preferida ovetense está muy bien, fíjate que se ha reinventado. Lo que no consiga una Loza Cortina… Por supuesto y pese a los cambios, ella sigue teniendo pelazo; eso siempre, y ahora vive en el barrio bohemio ¡toma ya! Te diré que, donde tú ya no puedes llegar como abuela de tus cuatro nietas, llega ella; rosquillinas incluidas y fiestas de pijama.

Seguimos. Tu hermano médico mayor favorito sigue en su línea: guardias, guardias, guardias, y ahora además se ha convertido en abuelo por partida doble. Me dijo que iba a escribir un libro, pero que yo sepa aún no lo ha hecho. A ver si le mandas inspiración desde tu arcoíris.

Cambiando de tercio, tu hermano riojano rubio preferido es otro que se ha reinventado en estos últimos años, y aparte de estar guapérrimo como siempre, le veo como un toro. Serán los largos que se calza en la piscina de Logroño. ¿Y qué te parece si te digo que es también un flamante abuelo? Aunque no lo parece. Ni él, ni el anterior (el pediatra). Deben de tener un pacto con el diablo.

Y, finalmente, tu hermano pequeño favorito ha sido fiel a su inteligencia, ojo clínico y buen hacer médico dándose cuenta a tiempo de algún problemilla de salud, y por eso ya está curado. ¿Tuviste algo que ver? …Lo digo porque todos sabemos que este hermano sí que era tu prefe prefe prefe… 🙂

Tus cuñadas favoritas están bien.
La astur-colombiano-riojana parece una chavala y eso que es abuela, la extremeña sigue haciéndonos reír a carcajadas y la ovetense mantiene la costumbre de hacer que pongamos los ojos en blanco con las verdinas con marisco que nos cocina puente sí, puente también. Han sido un regalo estas tías postizas para mi hermana y para mí. Y para tus nietas. Además, la DUE me regala zapatos y eso es para mí entrañable, puesto que no había nadie en la familia que calzase un 40 como yo. Y mi corazoncito tiene una parcela frívola, ya tú sabes.

En cuanto a tus cuñadas del occidente asturiano, te hablaré solo de una, porque la mayor está en un arcoíris al lado del tuyo y ya te contará ella de todo, con esa alegría y animosidad que siempre la caracterizaba. Tu cuñada pequeña sigue trabajando mucho, mucho, mucho. Ella ejerce de hija, de abuela, de madre, de hermana y vete tú a saber de cuántas cosas más, con arrojo. Es un ejemplo para cualquier mujer. Y entre tú y yo, ojalá me toque heredar algo de su piel, ¡no pasan los años por ella, caray! …ya que su voz para cantar pues no me ha tocado, qué se le va a hacer.

Tus sobrinos directos da gloria verlos.
Tus sobrinos riojanos favoritos están que rompen la pana ganando premios -sí, sí, ganando premios, has leído bien- con sus innovaciones en el mercado de los embutidos y no es moco de pavo: hablo de ferias en Canadá, a ese nivel estamos. No sé, igualmente me planteo si habrás tenido algo que ver: porque seamos sinceras, a ti, el chorizo, te gustaba un rato largo. Y si era riojano, mejor. 🙂
Tus sobrinas vallisoletano-ovetenses preferidas te harían estar muy orgullosa. Son ya dos mujeres hechas y derechas que valen su peso en oro, y son la bondad personificada. Estoy segura de que el futuro les traerá muchas cosas buenas, porque se recoge lo que se siembra.
Tus sobrinos asturiano-extremeños crecen profesional y personalmente, como es ley de vida, y J ha tenido dos bebés 50% franceses que están para comerlos. Las doctoras están en la pista de salida como estuve yo hace años, y les va a ir muy bien. Para mí, son como mis hermanas pequeñas (eso ya lo sabías).
Tus sobrinos riojanos-asturianos-novellanos, aunque no les veo tanto como me gustaría, están también bien y haciendo lo que les gusta, que es algo muy importante como siempre decías tú. Tu Pintxo ha sido papá de una bebetona preciosísima que te habría encantado achuchar.
Tu sobri de tus ojos, el santanderino, está a un paso (o menos) de ser médico. Y músico. Y deportista. Y mejor persona. Cuánto te habría gustado compartir con él estos últimos años, porque era el niño de tus ojos, bueno, como todos tus demás sobrinos, pero este un poco más, que para eso le medías mes a mes pintando una raya en la columna de mi habitación. Voy a ver si le convenzo para que se venga a Madrid a hacer el MIR. 🙂 Al final, somos legión los médicos de la familia, ¡Hay que ver!

Tus sobrinos políticos también están bien.
Tus tres sobrinas y tus dos sobrinos. Ha habido novedades, muchas. Pérdidas, divorcios, cambios de trabajo, negocios que empiezan y terminan… vaivenes, en definitiva. Pero cada cual peleando por lo suyo como debe ser, y siendo sinceros, creciendo todos y también acordándose de ti siempre que hablamos. Intentamos estar juntos al menos cada Nochebuena, y ya sabes: sacamos las guitarras, y cantamos. Eso les encanta a las pequeñas “Íes” de la familia, a la sazón tus sobrinas nietas. Por cierto que es entrañable lo que se quieren las “Íes” y tus cuatro nietas. Hasta el punto de que han pasado días de verano juntas en Luanco: una gozada, te habría encantado verlas. 🙂

No todo iba a ser bueno… las abuelas ahí van. Ya tienen achaques, es así.
Como prefiero subrayar las cosas buenas, te diré que están bien cuidadas y acompañadas pese a los susodichos achaques. Al fin y al cabo, son 99 y 91 años vividos en plenitud. Ambas te echan de menos, te recuerdan y hablan de ti.

Como tus consuegros, por cierto; también con cambios y novedades, pero al pie del cañón, y entregados a ayudarnos a sus hijos y nietas. No, si las comidas ricas y las fiestas para las niñas no faltan… ya sabes lo que es Nava y Majadahonda, un homenaje perpetuo para los sentidos. Y siempre tú en nuestra cabeza, en la de todos.

De tus hijas, nosotras, no te voy a hablar, no creo que haga falta; porque de esto estoy segura, segurísima, de que estás al día. Una madre no pierde comba esté donde esté: en un arcoíris de 7 colores o entre las páginas de un álbum de fotos. Pero bueno, venga, va: si quieres te lo resumo. Tus dos hijas estamos ahí las dos juntas siempre ayudándonos, y en pos de ser la mejor versión de nosotras mismas. Que a veces nos cuesta más y a veces menos, cada una en su estilo. Porque ya sabes que somos diferentes, nos parecemos tanto como un huevo a una castaña, es lo que hay. Y nos queremos mucho y nos ayudamos más. Perdona que me ponga cursi, pero estarás de acuerdo en que a medida que cumplías años, más sentimentalona te volvías, es así, y por ello soy consecuente y te doy lo que creo que me pedirías a los 67 años que tendrías ahora si vivieses. En definitiva, que todo bien, mamá. Ya “si tal” te mando un privado al Facebook contándote más intimidades que por aquí por el blog no es plan (porque no creas, pero lo lee gente). 🙂

A tu yerno, “Ironman”, lo de dejado bastante para el final porque es muy importante, claro. No habrías podido desear mejor marido para tu hija ni mejor padre para tus nietas, así que no añado más, no hace falta ¿verdad? Sé que ves todo desde arriba y sabes la suerte que tuvimos de encontrarnos. Pues ea, listo, chimpún.

Y quedan papá y tus nietas. Aquí me temo que me quedo sin palabras, que para mí es algo raro puesto mi verborrea es por todos conocida… Pero no, no me caben todas las palabras hoy; algo tendré que dejar para otro día. No obstante, mamá, resumiendo: matrícula de honor en abuelazgo y nietazgo, o… como se llame. Segundo chimpún del post.

Y ya termino. Espero que esta puesta al día te haya gustado. Ha sido un día raro, viendo cómo todo el mundo celebra el día con sus madres y yo no tengo a la mía aquí físicamente. Pero bueno, mira, estás aquí virtualmente, y a lo mejor hasta te mando algún mensajito por el messenger de Facebook ya que tu whatsapp lo han deshabilitado. Como dejaba vislumbrar al principio del post, sí que estás, de hecho estás en muchos lados. En los recuerdos de toda tu familia, en las anécdotas de todos los que te conocieron, en los mejores deseos de aquéllos que nos quieren a los que te rodeábamos. Sí, la verdad es que aquí sigues, por todo lo alto.

Y por cierto que te diré que llevo unos meses soñando contigo casi todos los días, pero el sueño ha cambiado. Ya no te veo enferma. Qué va, apareces sana, como una manzana, en escenas cotidianas. Como cuando me decías que me pusiera tu colgante al ir a los exámenes de la facultad, o cuando reciclabas el caldo de cocido para cocerle patatas a papá (cuánto te esforzabas en cocinar lo que le gustaba a papá). O cuando me regalaste dos joyones al nacer tus nietas. O cuando venías a Segovia cargada de quesos asturianos. O cuando tenías las cenas de “la Loto” con tus amigas. O cuando cambiabas de sitio todos los muebles del salón, o te desesperabas porque la mesa de mármol diseñada por ti -y preciosa- se rompía una y otra vez por el mismo sitio (las leyes de la Física es lo que tienen; pero papá la ha transformado utilizando madera y oye, aguanta); o cuando viajabas a La Rioja con una olla casi industrial llena de fabada asturiana; o cuando me llamabas para un “recado”, estando yo trabajando en el hospital y con 30 segundos nos decíamos todo lo que había que decir y colgábamos rápidamente de una forma tan cómoda que no he vivido con nadie más. O cuando lloraste al verme vestida de novia (porque A VER, TÚ NO LLORABAS NUNCA, pero lloraste al verme vestida de novia). O cuando intuiste que yo iba a parir y acertaste de lleno, y te plantaste en Madrid a los 10 minutos de nacer Miss Trotona. Y por qué no decirlo, cuando te empeñaste en pasar conmigo la primera noche en que fui madre, enviando al padre de la criatura a casa, y ni la criatura ni yo pudimos dormir de lo que roncaste :-). Eso sí, a los dos días me ayudaste echándome un cable: sacaste a todas las visitas de casa, porque la niña tenía tres días, era 4 de agosto y el calor no se aguantaba (llevaste a todas las visitas a un restaurante gallego, a comer lacón y pulpo, mientras yo me quedaba en casa sola con mi bebé viendo la tele: o sea, la gloria bendita). O cuando le dabas vueltas -y vueltas- a los regalos que tenías que hacer a todos aquellos que se casaban o tenían hijos o lo que fuese. O cuando ibas ilusionada al rastro y regresabas con las planchas de hierro fundido. O cuando preparabas meriendas para mis amigos del instituto, de la facultad, de Erasmus, o del cámping de turno. O cuando colaborabas con ONGs. O cuando adoptabas animalillos y luego te apesadumbrabas cuando se morían (aquel pajarillo que se empachó de lechuga). O cuando éramos pequeñas y para que siguiéramos jugando en el patio de casa nos lanzabas la cena (filete rebozado troceado y patatas fritas) en un cucurucho de papel de aluminio, para envidia de todos los demás niños vecinos. O cuando leías compulsivamente, sin parar, porque a menudo leías sin medida. Ah: y cuando tejías. Hubo una época en que no parabas de tejer y nos hiciste muchos jerséis, allá por los ochenta. O cuando te liabas la manta a la cabeza e invitabas a todo el vecindario a bailar en nuestro salón en Nochevieja, después de Martes y Trece y las uvas. O cuando te dio por Estopa, Dolores Pradera y Sabina. O cuando nos recordabas durante una semana por teléfono que tenías que retocarte las canas. O cuando te llevabas a tus sobrinas Irene y Raquel a comprar ropa al Zara de niños. O cuando ibas a tu modista de toda la vida a hacerte un traje de chaqueta o un vestido para Santa Bárbara (patrona de los Mineros y por ende de los Ingenieros de Minas como papá). O cuando nos montábamos en el microbús varios días de la semana para ir al Conservatorio al salir del colegio: venías pertrechada con dos palmeras de chocolate para mi hermana y para mí. O cuando nos respaldabas los sábados por la mañana facilitándonos que viésemos “La Bola de Cristal”, porque papá no quería que viésemos la tele. O cuando venías a “dormir la siesta” al salón mientras tocábamos el piano (MENTIRA: lo que pasaba es que nos querías oír tocar pero sabías que nosotras no queríamos que nos oyeses, así que te hacías la dormida pero te encantaba, sobre todo si tocábamos zarzuelas). O cuando, con tu cigarro en la boca, colocabas las fotos de la familia en álbumes. O cuando me acompañaste a comprar, pagando tú, el primer regalo que le hice a mi primer novio “de verdad” (concretamente la colonia “Obsession” de Calvin Klein). O cuando ayudabas, todo lo que podías, a los “chicos de Reto”, como tú les llamabas. Porque claro, tú tuviste un hermano heroinómano, y eso nos caló a todos profundamente -mi tío Carlos, que está también en su arcoíris de los drogadictos que sucumbieron en los ochenta y noventa, pero yo hablo de él con orgullo porque mi tío Carlos era muy bueno y era generoso, mucho, tanto que con el poco dinero que tenía apareció en mi 9º cumpleaños con peluche de regalo para mí, comprado en el mercado de compraventa de Reto-. Sigo, mamá: en la línea “cotidiana”, cuando te ilusionabas con la noche de San Juan en el patio de la comunidad y bajabas los aparejos para hacer Queimada. Y tus amigas. Cómo querías a tus amigas. Que me perdonen el orden, ya que va aleatoriamente: A Vicky (lo que sufriste aquel mes de julio en que una cifra de potasio desbarató todo), a Liliana (que pasó un vía crucis para venir a despedirte, cuando te fuiste, pero no pudo), a María Jesús (que cuando se enteró de tu enfermedad solo atinó a llamarme a mí, tu hija, desconsolada), a Carmina (que está pendiente, siempre, siempre, siempre), a Amelia (con la que te unen tantos lazos y que siempre ha estado ahí), a Lolina (que la conociste tarde pero tuvisteis un flechazo como solo la amistad entre mujeres manifiesta a menudo), a Pili (a la cual la palabra entrañable le queda pequeña, porque es así, Pili y Pedro han sido siempre dos pilares), a Pimpa (que como Vicky siempre ha estado ahí, y a tus hijas nos ha demostrado siempre tanto tcariño), y a las demás amigas que trajo el vecindario: a Solita, a Teresa, a Elena, y no puedo seguir más porque, mamá, a ti todo el mundo te quería.

Todo eso sueño, últimamente. Qué cosas, oye. Pero ya no sueño que estás mala, mamá, ya solo sueño cosas buenas, como te he dicho.

Para despedirme, te pido perdón por escribir poco en este blog que tanto insististe en que empezara. Pero verás, es que estoy por fin terminando el libro que empecé, y además, me toca echar bastantes horas en lo mío (Reumatología Pediátrica, ya sabes). Pero el libro saldrá y te lo dedicaré.

PD: este post se lo dedico especialmente a mis amigas Sonia, Popi y Alejandra, que han perdido a sus madres hace poco, muy poco. Os mando un abrazo enormísimo.

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