A mi madre, en el día de la madre.

Hola, mamá.
Ya sé que hace mucho tiempo que no te escribo, pero es que desde que tu perfil de whatsapp no funciona, ya no te puedo mandar mensajitos frecuentemente. En cuanto al blog, está un poco parado; pero todo a su tiempo.

Me decido a escribirte para ponerte al día, porque aunque nunca jamás te permitías perderte nada de tus personas queridas, no estoy segura de cómo funcionan las cosas allá arriba. Con “allá arriba” me refiero a donde estás ahora. Bueno, estás en muchos sitios -repito, todo a su tiempo-, pero quiero decir que, como no he resultado ser persona religiosa ni en definitiva demasiado espiritual, no puedo decir “el cielo” o “el paraíso” como suele ser habitual. No llegaste a conocerla en RRSS, pero la Vecina Rubia suele hablar del arcoíris de los padres, o de aquellos que se han ido, y me gusta el concepto. Así que emplearé a partir de ahora el término “arcoíris de mi madre”. Conociéndote, y dado que tus gustos no eran discretos precisamente, 🙂 doy por hecho que tu arcoíris no tiene 7 colores sino toda la paleta Pantone. ¡Hombre! Para algo ahora podrás hacer ahora lo que te da la gana, ¿no? así que supongo también que tendrás tantos pares de zapatos como colores de tu arcoíris, y otros tantos abrigos y pintaúñas.

Y ya que estamos: ¿tienes wifi en tu arcoíris? Me da en la nariz -mi nariz respingona, como la tuya- que seguramente sí, porque si no, no me explico algunas apariciones y mensajes y pistas y rastros que en estos cuatro años me he ido encontrando y que, indudablemente, llevaban tu firma. Pero por si acaso no tuvieras buena cobertura, te voy a poner al día. Sé que lo agradecerás.

Tus hermanos están bien.
Tu hermana favorita riojana sigue trabajando como una jabata y está tan guapa como siempre, y apoyando a sus hijos como solo sabe hacer una madraza coraje. Que sepas que cada Navidad invocamos tu poder de influir en el azar cuando compartimos, mi hermana y yo, un décimo con ella. Así que por si no lo sabías, y en el supuesto de que puedas meter mano en esto, mira a ver si intercedes para que nos toque aunque sea un segundo premio a las tres. 🙂

Tu hermana preferida ovetense está muy bien, fíjate que se ha reinventado. Lo que no consiga una Loza Cortina… Por supuesto y pese a los cambios, ella sigue teniendo pelazo; eso siempre, y ahora vive en el barrio bohemio ¡toma ya! Te diré que, donde tú ya no puedes llegar como abuela de tus cuatro nietas, llega ella; rosquillinas incluidas y fiestas de pijama.

Seguimos. Tu hermano médico mayor favorito sigue en su línea: guardias, guardias, guardias, y ahora además se ha convertido en abuelo por partida doble. Me dijo que iba a escribir un libro, pero que yo sepa aún no lo ha hecho. A ver si le mandas inspiración desde tu arcoíris.

Cambiando de tercio, tu hermano riojano rubio preferido es otro que se ha reinventado en estos últimos años, y aparte de estar guapérrimo como siempre, le veo como un toro. Serán los largos que se calza en la piscina de Logroño. ¿Y qué te parece si te digo que es también un flamante abuelo? Aunque no lo parece. Ni él, ni el anterior (el pediatra). Deben de tener un pacto con el diablo.

Y, finalmente, tu hermano pequeño favorito ha sido fiel a su inteligencia, ojo clínico y buen hacer médico dándose cuenta a tiempo de algún problemilla de salud, y por eso ya está curado. ¿Tuviste algo que ver? …Lo digo porque todos sabemos que este hermano sí que era tu prefe prefe prefe… 🙂

Tus cuñadas favoritas están bien.
La astur-colombiano-riojana parece una chavala y eso que es abuela, la extremeña sigue haciéndonos reír a carcajadas y la ovetense mantiene la costumbre de hacer que pongamos los ojos en blanco con las verdinas con marisco que nos cocina puente sí, puente también. Han sido un regalo estas tías postizas para mi hermana y para mí. Y para tus nietas. Además, la DUE me regala zapatos y eso es para mí entrañable, puesto que no había nadie en la familia que calzase un 40 como yo. Y mi corazoncito tiene una parcela frívola, ya tú sabes.

En cuanto a tus cuñadas del occidente asturiano, te hablaré solo de una, porque la mayor está en un arcoíris al lado del tuyo y ya te contará ella de todo, con esa alegría y animosidad que siempre la caracterizaba. Tu cuñada pequeña sigue trabajando mucho, mucho, mucho. Ella ejerce de hija, de abuela, de madre, de hermana y vete tú a saber de cuántas cosas más, con arrojo. Es un ejemplo para cualquier mujer. Y entre tú y yo, ojalá me toque heredar algo de su piel, ¡no pasan los años por ella, caray! …ya que su voz para cantar pues no me ha tocado, qué se le va a hacer.

Tus sobrinos directos da gloria verlos.
Tus sobrinos riojanos favoritos están que rompen la pana ganando premios -sí, sí, ganando premios, has leído bien- con sus innovaciones en el mercado de los embutidos y no es moco de pavo: hablo de ferias en Canadá, a ese nivel estamos. No sé, igualmente me planteo si habrás tenido algo que ver: porque seamos sinceras, a ti, el chorizo, te gustaba un rato largo. Y si era riojano, mejor. 🙂
Tus sobrinas vallisoletano-ovetenses preferidas te harían estar muy orgullosa. Son ya dos mujeres hechas y derechas que valen su peso en oro, y son la bondad personificada. Estoy segura de que el futuro les traerá muchas cosas buenas, porque se recoge lo que se siembra.
Tus sobrinos asturiano-extremeños crecen profesional y personalmente, como es ley de vida, y J ha tenido dos bebés 50% franceses que están para comerlos. Las doctoras están en la pista de salida como estuve yo hace años, y les va a ir muy bien. Para mí, son como mis hermanas pequeñas (eso ya lo sabías).
Tus sobrinos riojanos-asturianos-novellanos, aunque no les veo tanto como me gustaría, están también bien y haciendo lo que les gusta, que es algo muy importante como siempre decías tú. Tu Pintxo ha sido papá de una bebetona preciosísima que te habría encantado achuchar.
Tu sobri de tus ojos, el santanderino, está a un paso (o menos) de ser médico. Y músico. Y deportista. Y mejor persona. Cuánto te habría gustado compartir con él estos últimos años, porque era el niño de tus ojos, bueno, como todos tus demás sobrinos, pero este un poco más, que para eso le medías mes a mes pintando una raya en la columna de mi habitación. Voy a ver si le convenzo para que se venga a Madrid a hacer el MIR. 🙂 Al final, somos legión los médicos de la familia, ¡Hay que ver!

Tus sobrinos políticos también están bien.
Tus tres sobrinas y tus dos sobrinos. Ha habido novedades, muchas. Pérdidas, divorcios, cambios de trabajo, negocios que empiezan y terminan… vaivenes, en definitiva. Pero cada cual peleando por lo suyo como debe ser, y siendo sinceros, creciendo todos y también acordándose de ti siempre que hablamos. Intentamos estar juntos al menos cada Nochebuena, y ya sabes: sacamos las guitarras, y cantamos. Eso les encanta a las pequeñas “Íes” de la familia, a la sazón tus sobrinas nietas. Por cierto que es entrañable lo que se quieren las “Íes” y tus cuatro nietas. Hasta el punto de que han pasado días de verano juntas en Luanco: una gozada, te habría encantado verlas. 🙂

No todo iba a ser bueno… las abuelas ahí van. Ya tienen achaques, es así.
Como prefiero subrayar las cosas buenas, te diré que están bien cuidadas y acompañadas pese a los susodichos achaques. Al fin y al cabo, son 99 y 91 años vividos en plenitud. Ambas te echan de menos, te recuerdan y hablan de ti.

Como tus consuegros, por cierto; también con cambios y novedades, pero al pie del cañón, y entregados a ayudarnos a sus hijos y nietas. No, si las comidas ricas y las fiestas para las niñas no faltan… ya sabes lo que es Nava y Majadahonda, un homenaje perpetuo para los sentidos. Y siempre tú en nuestra cabeza, en la de todos.

De tus hijas, nosotras, no te voy a hablar, no creo que haga falta; porque de esto estoy segura, segurísima, de que estás al día. Una madre no pierde comba esté donde esté: en un arcoíris de 7 colores o entre las páginas de un álbum de fotos. Pero bueno, venga, va: si quieres te lo resumo. Tus dos hijas estamos ahí las dos juntas siempre ayudándonos, y en pos de ser la mejor versión de nosotras mismas. Que a veces nos cuesta más y a veces menos, cada una en su estilo. Porque ya sabes que somos diferentes, nos parecemos tanto como un huevo a una castaña, es lo que hay. Y nos queremos mucho y nos ayudamos más. Perdona que me ponga cursi, pero estarás de acuerdo en que a medida que cumplías años, más sentimentalona te volvías, es así, y por ello soy consecuente y te doy lo que creo que me pedirías a los 67 años que tendrías ahora si vivieses. En definitiva, que todo bien, mamá. Ya “si tal” te mando un privado al Facebook contándote más intimidades que por aquí por el blog no es plan (porque no creas, pero lo lee gente). 🙂

A tu yerno, “Ironman”, lo de dejado bastante para el final porque es muy importante, claro. No habrías podido desear mejor marido para tu hija ni mejor padre para tus nietas, así que no añado más, no hace falta ¿verdad? Sé que ves todo desde arriba y sabes la suerte que tuvimos de encontrarnos. Pues ea, listo, chimpún.

Y quedan papá y tus nietas. Aquí me temo que me quedo sin palabras, que para mí es algo raro puesto mi verborrea es por todos conocida… Pero no, no me caben todas las palabras hoy; algo tendré que dejar para otro día. No obstante, mamá, resumiendo: matrícula de honor en abuelazgo y nietazgo, o… como se llame. Segundo chimpún del post.

Y ya termino. Espero que esta puesta al día te haya gustado. Ha sido un día raro, viendo cómo todo el mundo celebra el día con sus madres y yo no tengo a la mía aquí físicamente. Pero bueno, mira, estás aquí virtualmente, y a lo mejor hasta te mando algún mensajito por el messenger de Facebook ya que tu whatsapp lo han deshabilitado. Como dejaba vislumbrar al principio del post, sí que estás, de hecho estás en muchos lados. En los recuerdos de toda tu familia, en las anécdotas de todos los que te conocieron, en los mejores deseos de aquéllos que nos quieren a los que te rodeábamos. Sí, la verdad es que aquí sigues, por todo lo alto.

Y por cierto que te diré que llevo unos meses soñando contigo casi todos los días, pero el sueño ha cambiado. Ya no te veo enferma. Qué va, apareces sana, como una manzana, en escenas cotidianas. Como cuando me decías que me pusiera tu colgante al ir a los exámenes de la facultad, o cuando reciclabas el caldo de cocido para cocerle patatas a papá (cuánto te esforzabas en cocinar lo que le gustaba a papá). O cuando me regalaste dos joyones al nacer tus nietas. O cuando venías a Segovia cargada de quesos asturianos. O cuando tenías las cenas de “la Loto” con tus amigas. O cuando cambiabas de sitio todos los muebles del salón, o te desesperabas porque la mesa de mármol diseñada por ti -y preciosa- se rompía una y otra vez por el mismo sitio (las leyes de la Física es lo que tienen; pero papá la ha transformado utilizando madera y oye, aguanta); o cuando viajabas a La Rioja con una olla casi industrial llena de fabada asturiana; o cuando me llamabas para un “recado”, estando yo trabajando en el hospital y con 30 segundos nos decíamos todo lo que había que decir y colgábamos rápidamente de una forma tan cómoda que no he vivido con nadie más. O cuando lloraste al verme vestida de novia (porque A VER, TÚ NO LLORABAS NUNCA, pero lloraste al verme vestida de novia). O cuando intuiste que yo iba a parir y acertaste de lleno, y te plantaste en Madrid a los 10 minutos de nacer Miss Trotona. Y por qué no decirlo, cuando te empeñaste en pasar conmigo la primera noche en que fui madre, enviando al padre de la criatura a casa, y ni la criatura ni yo pudimos dormir de lo que roncaste :-). Eso sí, a los dos días me ayudaste echándome un cable: sacaste a todas las visitas de casa, porque la niña tenía tres días, era 4 de agosto y el calor no se aguantaba (llevaste a todas las visitas a un restaurante gallego, a comer lacón y pulpo, mientras yo me quedaba en casa sola con mi bebé viendo la tele: o sea, la gloria bendita). O cuando le dabas vueltas -y vueltas- a los regalos que tenías que hacer a todos aquellos que se casaban o tenían hijos o lo que fuese. O cuando ibas ilusionada al rastro y regresabas con las planchas de hierro fundido. O cuando preparabas meriendas para mis amigos del instituto, de la facultad, de Erasmus, o del cámping de turno. O cuando colaborabas con ONGs. O cuando adoptabas animalillos y luego te apesadumbrabas cuando se morían (aquel pajarillo que se empachó de lechuga). O cuando éramos pequeñas y para que siguiéramos jugando en el patio de casa nos lanzabas la cena (filete rebozado troceado y patatas fritas) en un cucurucho de papel de aluminio, para envidia de todos los demás niños vecinos. O cuando leías compulsivamente, sin parar, porque a menudo leías sin medida. Ah: y cuando tejías. Hubo una época en que no parabas de tejer y nos hiciste muchos jerséis, allá por los ochenta. O cuando te liabas la manta a la cabeza e invitabas a todo el vecindario a bailar en nuestro salón en Nochevieja, después de Martes y Trece y las uvas. O cuando te dio por Estopa, Dolores Pradera y Sabina. O cuando nos recordabas durante una semana por teléfono que tenías que retocarte las canas. O cuando te llevabas a tus sobrinas Irene y Raquel a comprar ropa al Zara de niños. O cuando ibas a tu modista de toda la vida a hacerte un traje de chaqueta o un vestido para Santa Bárbara (patrona de los Mineros y por ende de los Ingenieros de Minas como papá). O cuando nos montábamos en el microbús varios días de la semana para ir al Conservatorio al salir del colegio: venías pertrechada con dos palmeras de chocolate para mi hermana y para mí. O cuando nos respaldabas los sábados por la mañana facilitándonos que viésemos “La Bola de Cristal”, porque papá no quería que viésemos la tele. O cuando venías a “dormir la siesta” al salón mientras tocábamos el piano (MENTIRA: lo que pasaba es que nos querías oír tocar pero sabías que nosotras no queríamos que nos oyeses, así que te hacías la dormida pero te encantaba, sobre todo si tocábamos zarzuelas). O cuando, con tu cigarro en la boca, colocabas las fotos de la familia en álbumes. O cuando me acompañaste a comprar, pagando tú, el primer regalo que le hice a mi primer novio “de verdad” (concretamente la colonia “Obsession” de Calvin Klein). O cuando ayudabas, todo lo que podías, a los “chicos de Reto”, como tú les llamabas. Porque claro, tú tuviste un hermano heroinómano, y eso nos caló a todos profundamente -mi tío Carlos, que está también en su arcoíris de los drogadictos que sucumbieron en los ochenta y noventa, pero yo hablo de él con orgullo porque mi tío Carlos era muy bueno y era generoso, mucho, tanto que con el poco dinero que tenía apareció en mi 9º cumpleaños con peluche de regalo para mí, comprado en el mercado de compraventa de Reto-. Sigo, mamá: en la línea “cotidiana”, cuando te ilusionabas con la noche de San Juan en el patio de la comunidad y bajabas los aparejos para hacer Queimada. Y tus amigas. Cómo querías a tus amigas. Que me perdonen el orden, ya que va aleatoriamente: A Vicky (lo que sufriste aquel mes de julio en que una cifra de potasio desbarató todo), a Liliana (que pasó un vía crucis para venir a despedirte, cuando te fuiste, pero no pudo), a María Jesús (que cuando se enteró de tu enfermedad solo atinó a llamarme a mí, tu hija, desconsolada), a Carmina (que está pendiente, siempre, siempre, siempre), a Amelia (con la que te unen tantos lazos y que siempre ha estado ahí), a Lolina (que la conociste tarde pero tuvisteis un flechazo como solo la amistad entre mujeres manifiesta a menudo), a Pili (a la cual la palabra entrañable le queda pequeña, porque es así, Pili y Pedro han sido siempre dos pilares), a Pimpa (que como Vicky siempre ha estado ahí, y a tus hijas nos ha demostrado siempre tanto tcariño), y a las demás amigas que trajo el vecindario: a Solita, a Teresa, a Elena, y no puedo seguir más porque, mamá, a ti todo el mundo te quería.

Todo eso sueño, últimamente. Qué cosas, oye. Pero ya no sueño que estás mala, mamá, ya solo sueño cosas buenas, como te he dicho.

Para despedirme, te pido perdón por escribir poco en este blog que tanto insististe en que empezara. Pero verás, es que estoy por fin terminando el libro que empecé, y además, me toca echar bastantes horas en lo mío (Reumatología Pediátrica, ya sabes). Pero el libro saldrá y te lo dedicaré.

PD: este post se lo dedico especialmente a mis amigas Sonia, Popi y Alejandra, que han perdido a sus madres hace poco, muy poco. Os mando un abrazo enormísimo.

Así sí, Lucía; así, sí.

Por el título del post ya sabréis que me estoy refiriendo abierta y descaradamente a este post de Lucía, mi pediatra. Lucía, espero que no te moleste, 🙂  que ni te he pedido permiso, pero oye, como paisanas y compañeras de la facultad que somos, me he tomado la libertad 🙂

Y digo que “Así sí, Lucía”, porque me ha parecido muy valiente por su parte el poner los puntos sobre las íes al gigante textil español, ya que ella seguramente sabía el tirón que iba a tener su post (a Lucía la siguen muchísimos lectores). Lo dicho: muy valiente.

Porque esto es lo que hace falta: reivindicar, protestar, quejarse y hacer lo posible para que de una santa vez dejen de mostrarse cuerpos femeninos que ya no digo que no sean reales (porque desde luego difieren mucho de cómo son la mayoría de cuerpos femeninos), sino que además se alejan de lo que debe ser el concepto de cuerpo SANO. Que es lo importante, un cuerpo sano, y ya el que se vea bonito o no dependerá de los gustos de cada uno. Que yo en eso no me meto.

Y sí: como a Lucía, me toca este tema porque tengo dos hijas que se acercan a edades “peligrosas”. Y no quiero que lo pasen mal como yo lo pasé en su día… tuve unos años de efervescencia hormonal en los que pesaba tranquilamente 15 kilos más que ahora. Pero además, resulta que medía (y mido) 1,72… y eso significa que para mí tener una talla 40 ó 42 es estar delgada (y sana). Y mis hijas llevan mis genes. Pues ojalá hubiera sabido yo, a mis 18 años, que sólo por mi altura no iba a encontrar ropa de talla “estándar”… yo creía que estaba gorda ¡y sobrepeso no he tenido en la vida!

Lo que pretendo con este post  es contribuir al pataleo que ha surgido a raiz del anuncio de Zara, porque me parece un pataleo muy necesario. Y porque haré lo que sea para que mis hijas (y mis sobrinas, y mis pacientes) deseen tener un cuerpo capaz de encestar, correr 5 kilómetros o esquiar todo el día, o un cuerpo capaz de gestar, parir y amamantar, o un cuerpo capaz de tocar el chelo, aprender a hacer ecuaciones y hablar otro idioma. Por poner varios ejemplos. Quiero que aspiren a eso, no a tener una puñetera talla 36.

El anuncio de la polémica…

Así que Zara, y el resto de marcas de ropa: por favor, mostrad chicas saludables. Con buen color. Contentas. Musculosas, incluso. De varias tallas. DE VARIAS TALLAS, es mi opinión, tanto a lo ancho como a lo largo, que en España hay mujeres que miden menos de 1,60 (la mayoría, probablemente). Y si no sois lo suficientemente valientes como para cambiar el modelo de modelo (y valga la redundancia) al menos no os riáis de nosotras (y ellos) diciendo que eso son curvas. Porque somos nosotr@s los que nos partimos de la risa, vaya.

Los besos de los niños.

Ya sabéis que me encanta comentar lo que se cuece (tengo una prima que, en esto, es igual que yo; ya sabréis dentro de poco por qué lo digo 🙂 ), y estos días se habla mucho de este tema en las redes sociales.

¿Deben los niños dar besos siempre que se les pida?

El debate más intenso nació hace ya un tiempo, cuando a alguien se le ocurrió abiertamente cuestionar el tan habitual “Pepito, dale un beso a la señora“, proclamando que los niños NO deben dar besos si no quieren.

Como tantas veces en los asuntos relacionados con los niños y la crianza, merece la pena PARARSE Y PENSAR. Porque, aunque a primera vista pueda parecer una cuestión banal, en el fondo no lo es, ni mucho menos.

  1. ¿Recuerdas, madre o padre hoy adulto, cuando eras un niño y te pedían que dieras un beso a un señor que no conocías? ¿Te gustaba? ¿O más bien te desagradaba?
  2. ¿Qué tiene de bueno que tu hijo/a obedezca esta orden? ¿Es una mera cuestión de educación?
  3. ¿Y qué tiene de malo?
  4. Cuando a tu hijo/a de 16 años le pida un beso un compañero/a del instituto, ¿Quieres también que obedezca a pies juntillas?

… Y, como tantas veces en los asuntos relacionados con los niños y la crianza, la respuesta “esto se hace así porque siempre se ha hecho así” puede no ser válida, y de hecho en mi opinión no lo es.

Los besos de otros nenes se soportan mejor. Aunque vengan cargaícos de virus, como en este caso (Miss Trotona y Miss Berrinche a los 14 y 0 meses).

Los besos de otros nenes se soportan mejor. Aunque vengan cargaícos de virus, como en este caso (Miss Trotona y Miss Berrinche a los 14 y 0 meses).

Yo me decanto:

No obligo a mis hijas a dar besos y abrazos a quien no quieren. Las razones que para mí son válidas (PARA MÍ) son las siguientes, respondiendo a las preguntas que planteé líneas arriba:

  1. Respondo que no: no solía gustarme. Y cuanto mayor era el solicitante del beso, menor era mi inclinación natural a dárselo. Los niños tienen escrúpulos, más que los adultos incluso. Qué horroroso era para mí, a los 6 años, tener que besar a una persona “mayor” que olía a tabaco y me dejaba “babas” en mi mejilla.
  2. Educación: soy partidaria completamente de enseñar a los niños normas de civismo, por supuesto. Y creo que un “buenos días”, un “encantado de conocerte” o un “Feliz Año Nuevo” son fórmulas del todo adecuadas en niños de cierta edad. Pero un beso es algo bastante íntimo, y los niños así lo sienten. Los adultos, en realidad, lo sentimos igual: no damos besos así como así, fuera de la consabida fórmula (española) de los-dos-besos-junta-mejillas. Un SOLO beso tiene mucho más significado que dos, ¿o no?
  3. Por un lado, dicen que lo que tiene de malo es que los niños pequeños pueden confundirse y pensar que cualquiera tiene derecho a “contactar con su cuerpo” y permitir en ulteriores ocasiones que otro adulto traspase una barrera que no debe traspasarse (no, no penséis que hablo de fantasmadas, que estas cosas ocurren más de lo que la gente cree). Yo no tengo tan claro el peso de esta razón: creo que a los niños hay que explicarles desde bien pequeños que nadie puede traspasar dicha barrera, independientemente de los convencionalismos sociales. En cambio, lo que sí me parece cierto es que forzar al niño a dar besos es exigir que un niño haga algo que le disgusta sin ningún fundamento sólido. Y esto, creo yo, recala en lo de siempre: falta de respeto al menor, considerada a menudo como algo normal. Que un niño quiera cruzar la calle cuando el semáforo está en rojo y pasan coches es algo que todos comprendemos que debe prohibírsele, y explicársele. Pero, ¿qué explicación razonable tenemos para obligarle a dar un beso a un desconocido? Realmente, ninguna.
  4. No, no quiero que besen, ni abracen, ni se acuesten, con nadie que no deseen. Nada más que añadir, señoría. 🙂

A menudo, los papás de los nenes de mi consulta les animan a darme un beso cuando se van.

Muchas veces me lo dan con diligencia (de momento; ya veremos cuando tenga 20 años más, no el paciente, sino yo 🙂 ), pero cuando les veo dubitativos, rápidamente corto con un “Bueeeeeeno, los besos son un poco rollo, ¡mola más chocar los cinco!” y les ofrezco mi mano… Os imagináis la respuesta, ¿no? ¡¡¡Give me five!!! Y todos contentos. 🙂

Al respecto, me ha gustado y mucho el post que escribió hace nada Mónica, de Desmadreando, os lo recomiendo. Y, como siempre, no soy una fundamentalista ni en esto ni en otras cosas. Pero hay nenes que… lo pasan mal.

PD: Este post ha surgido a raíz de la conversación mantenida anoche con mis amigas de siempre, en Oviedo. Gracias por sacar el tema, C. 🙂

PD2, añadida al día siguiente y tras ver el revuelo organizado. Mis hijas suelen dar besos a sus abuelos, tíos y primos, y supongo que es básicamente por simple imitación. Como siempre han visto que entre familiares nos damos besos, pues ellas lo hacen también. Nunca se han negado, la verdad es que no; nunca. Y reconozco que quizás me habría resultado incómodo que les negaran un beso a sus tías o abuelos… no lo sé. 🙂 Y ya, acabo por hoy! 🙂

¿Qué comen nuestros niños?

La reflexión de hoy viene dada por esta entrevista que mi hermana la Tita Geóloga compartió el otro día en Facebook. Ayer la pude escuchar atentamente. No me ha contado nada nuevo porque hace ya mucho tiempo que sigo a Aitor Sánchez de “Mi dieta cojea“, a Julio Basulto, a Juan Revenga (“El nutricionista de la general“) y cómo no a mi amiga África de “Cómo entender a tu endocrino“. Todos ellos (y más que me dejo en el tintero) son grandes comunicadores, rebosan ciencia y sentido común por todos sus poros y hacen un esfuerzo loable por transmitir a la población general lo que es una alimentación saludable.

Pero (y esta es mi reflexión de hoy) su mensaje llega insuficientemente. Tanto a los padres de familia que hacen la compra del mes (llenando el carro de galletas y cereales para el desayuno, Actimel que es buenísimo y zumos industriales), como a la abuela que le lleva la merienda a su nieto al recogerle del cole (una napolitana de crema recién horneada), como a la madrina que lleva un regalo a su ahijado (un cucurucho enorme de golosinas). Y, lo que es más preocupante aún, parece que el mensaje no ha calado aguas arriba, es decir, en los organismos oficiales que regulan el consumo en nuestro país.

Comemos mal. El hambre pasada en la posguerra y la abundancia actual, entre otros factores, han estropeado nuestra alimentación. La dieta mediterránea deja de ser saludable si se le suma la cantidad de alimentos procesados y llenos de azúcar omnipresentes en las estanterías del supermercado. Y la publicidad es enormemente engañosa. A “calorías sin ningún valor nutricional” lo llaman “energía”. ¿Qué madre no querría cargar las pilas de su retoño de energía a las 8 de la mañana antes de ir al cole? ahora bien, vaya paradoja: algunos alimentos procesados (dulces en su mayoría) que se vendían como “fuente de energía” ahora añaden en letra pequeña que “sólo” tienen equis calorías. Porque lo que ha pasado en España es eso: que nuestros niños han consumido tanta energía, que tienen sobrepeso e incluso obesidad.

No seré yo quien erradique totalmente el azúcar y los alimentos procesados de la dieta de mis hijas. Porque es imposible, al menos en este país hoy por hoy. Pero al menos intentaré limitarlos. Y, como dice el autor de la entrevista: “más mercado y menos supermercado”, entre otros simples pero grandes consejos.

Recomiendo a todo el mundo bucear por las webs de los autores antes citados. 🙂

Feliz finde y puente próximo!

Intoxicación etílica en los niños.

Estos días estamos los pediatras revolucionados. Por esta noticia.

Yo no soy especialista en Urgencias Pediátricas, pero en mi día a día como pediatra sí hago guardias en urgencias. No muchas, la verdad, pero ahí están, cada mes. Y sí: en los últimos 3 años he notado cómo las guardias de fin de semana se han visto empañadas, cada vez más a menudo, por casos de niños y niñas con importantes intoxicaciones etílicas.

El tema es preocupante, mucho. Y merece la pena pararse a analizar las causas. Aviso de que escribo este post, en esta ocasión, sólo con mis opiniones y reflexiones; quiero decir que no he hecho una “investigación previa” como hago otras veces en Pubmed y Google.  Ando muy escasa de tiempo estos días, so sorry. 🙂

Por otro lado, también he de decir que conozco “las otras” urgencias, las de los adultos. Pasé, como muchos sabéis, cuatro años haciendo guardias allí, durante mi residencia de Geriatría. Y cada fin de semana, diría que el 100% de ellos, llegaban adultos jóvenes (de entre 15 y 25 años) en coma etílico. Aunando mi experiencia en los dos campos de batalla (Urgencias Pediátricas y Urgencias Generales), tengo algunas reflexiones.

Esta vez, la foto es mía. Hecha al final de una de tantas guardias.

Esta vez, la foto es mía. Hecha al final de una de tantas guardias.

Sospecho que el aumento del consumo de alcohol en niños se ha visto favorecido por el acceso de éstos a redes sociales e internet en general. Mis hijas, que tienen 10 y 11 años recién cumplidos, ya muestran claros síntomas de adicción a distintas plataformas (Musical.ly, Hangouts…). Y aunque aún no tienen móvil, pelean por conseguir el mío aunque sea sólo por tres minutos, para imitar a sus amigas grabando vídeos. No sé, pero intuyo que en el primer botellón habrá un cierto componente de imitación de lo observado en internet.

Pero creo que más importante que esto, que no deja de ser la universal tendencia de cualquier preadolescente a buscar ser aceptado por sus congéneres, influye la tolerancia social que hay al alcohol. Creo que hoy día se ven como cosas bastante distintas el alcohol y el tabaco, por ejemplo. Y ya no te digo el alcohol y otras drogas. Pero parece que, si todos tenemos claro que fumar NO, no transmitimos tan claramente a nuestros niños que beber tampoco. No lo perciben lo suficientemente peligroso. Porque socialmente está aceptado y se ve en todos lados, y además en la dosis está el quid de la cuestión.

También he observado que las circunstancias que rodean una intoxicación etílica en los niños son bastante diferentes que las del adulto joven. 

  • El veinteañero ya ha probado el alcohol antes; sabe distinguir los síntomas de embriaguez; y suele saber qué cantidad de alcohol le produce un determinado estado. A menudo lo que sucede es que en esta ocasión perdió el control y bebió más de lo que tolera, pero enseguida y con las medidas necesarias (suero glucosado, vitamina B1…) se recupera. Duermen en Urgencias y después, a casa. El niño que viene a Urgencias intoxicado, a menudo es la primera vez que bebe una bebida alcohólica de ALTA graduación. Porque esto también es importante: que yo sepa, no recuerdo haber atendido nunca a ningún adulto ni niño intoxicado por cerveza. Siempre ha sido ron, vodka, whisky. En cualquier caso, el niño que bebe por primera vez lo hace de forma tremendamente imprudente: media botella de cualquiera de esas bebidas en un corto espacio de tiempo. Y las consecuencias son, claro, nefastas. Diría que, de los niños intoxicados que yo he atendido, han acabado en la UVI pediátrica al menos el 80%. Son intoxicaciones en mi opinión más severas que las del adulto joven, teniendo además en cuenta -lógicamente- la propia fisiología del niño, que sin entrar en temas médicos (no voy a ponerme a hablar del glucógeno que os machacaría 🙂 …) le hacen más vulnerable.
  • Otra cosa que he notado es que al chaval de 20 años lo traen sus amigos a Urgencias, y normalmente han intentado remedios populares como intentar hacerle vomitar. Al niño lo trae una ambulancia, a él solo. Esto es así porque los niños de 12 años se asustan al ver a su amigo inconsciente… ¿y qué hacen? pues muchas veces, huyen. Se escapan, y abandonan a su amigo inconsciente. Esto hace que el cuadro clínico a menudo se complique con una hipotermia importante entre otras cosas (atragantamiento con el propio vómito, por ejemplo). En fin, un horror.
  • En cambio, la intoxicación etílica en niños no se suele acompañar de consumo de otras drogas, como sí sucede en el grupo adulto (insisto: en mi no muy extensa experiencia!) . No obstante, hay que comprobarlo, normalmente con tests de análisis rápido en orina que detectan la presencia de diversas drogas de abuso.

Total, que ando ya dándole vueltas a qué les vamos mi partner y yo a explicar a nuestras hijas. Porque tendremos que ir empezando a hablar de esto… se aceptan ideas! Al final no me he resistido y he tecleado rápidamente en Google, encontrando esto: cómo prevenir el consumo de alcohol en menores: pautas para padres y madres.

Cierro el post de hoy (que ha quedado SÚPERserio, no me digáis, ¡no parezco yo!) contándoos que, finalmente, ¡he quedado en el puesto 32 de los Bitácoras! En dos palabras: IM-PRESIONANTE. Gracias, salaos. Mil gracias. 🙂

 

Diciembre pediátrico: a tope.

¡Hola de nuevo! Últimamente la frecuencia de mis posts ha disminuido por varias razones. Una es la falta de tiempo (ooh, qué original) y la otra es que desde que nació este blog he escrito básicamente cuando necesitaba contar algo (y eso implica temporadas “poco comunicativas”). 🙂

Hoy vengo a confesar que estoy extenuaaaada. 🙂

Y lo reconozco sin pudor. Todos los sanitarios que trabajamos con niños estamos viviendo un mes de diciembre peliagudo, con un Virus Respiratorio Sincitial (VRS) más agresivo que otros años (o me lo está pareciendo a mí, así como el año pasado me lo pareció el de la gripe). También es cierto, y lo admito, que si yo estoy cansada no quiero pensar cómo estarán los pediatras situados en primera línea de bronquiolitis (atención primaria, Urgencias, hospitalización, cuidados intensivos…). A fin de cuentas yo sólo atiendo esta patología durante las guardias; en mi día a día veo a niños con patología reumática (pero los cuales, cierto es, están también estos días atravesando infinidad de -itis).

Y como tantos otros inviernos a tope de trabajo en Pediatría, he observado la desesperación de muchos padres y profesionales, a partes iguales. Los primeros porque no se ven suficientemente atendidos, y los segundos porque no dan abasto para atender.

Así que, como pediatra, me apetece explicaros algunas cosas acerca de cómo funciona la atención en Urgencias, haciendo especial hincapié en el “filtro”.

El triaje -o “filtro”-, que es la puerta de entrada a Urgencias, está precisamente ideado para ser eficaz en situaciones de mucha presión asistencial.

Es un punto clave en el adecuado funcionamiento de la urgencia. La persona encargada (enfermería o pediatras) decide la prioridad con la que hay que atender a un paciente, porque un paciente grave NUNCA debe esperar a ser atendido. Por eso los padres en la sala de espera veis a menudo cómo algún niño que ha llegado después que el vuestro pasa antes a Urgencias. Ejemplos prácticos que vemos a diario:

  • Niño de 18 meses con dificultad para respirar (que observamos porque “hunde” claramente las costillas), sin fiebre, y contento viendo a Peppa Pig en el móvil de sus padres; frente a niño de 12 meses con 39,5ºC de fiebre, lloroso, peleón porque no le gusta que le miren, colorado por la temperatura, y con muchísimos mocos. ¿Quién pasa antes?… pues el primero. La dificultad para respirar es siempre motivo de ser atendido con prontitud, mientras que la fiebre por sí sola no suele ser la principal preocupación para el pediatra, sino la causa de la misma.
  • Niño de 2 años con una “brecha” en la frente que necesita puntos; frente a bebé de 12 días, con buen aspecto, que es traído por sus padres porque no quiere mamar desde hace 7 horas. ¿Quién pasa antes? …Pues el segundo, porque es un neonato, y de entrada y sólo por eso precisa una atención rápida.
  • Niño de 3 años con dolor de oído, está llorando; frente a niño de 4 años que está tan campante, charlando con todo el mundo, al que sus padres han traído porque se ha bebido todo el frasco de Apiretal. ¿quién pasa antes? pues de nuevo, el segundo: hay que ponerse YA manos a la obra con su más que probable dosis tóxica ingerida de paracetamol (eso sí, al primer niño le daremos analgesia en el filtro).

Con estos ejemplos quiero mostraros que el motivo por el que traéis a vuestro hijo a Urgencias, además del estado general que observemos a su llegada, son claves para decidir el momento en el que será atendido.

Y esto puede significar que tengáis que esperar varias horas en la sala de espera… ¿desesperante? sí: lo es. Por supuesto. Esperar nunca gusta, pero en situaciones de epidemia como la actual (he hablado del VRS… pero podría haber mencionado también la tosferina, aunque os remito a este post de Pediatra de Urgencias, en el cual nos relata un día cualquiera en la UVI pediátrica) el número de pacientes atendidos en Urgencias fácilmente se triplica respecto a un día cualquiera de mayo o septiembre, mientras que el personal sanitario puede (y suele) no ser mayor.

Y con un pie en las Navidades, mucho ánimo a:

  • Los sanitarios que estaréis (o estaremos) trabajando a un ritmo mucho mayor del habitual y además en estas fechas. Mención especial a los que tenéis contratos absolutamente precarios, de un mes o de una semana, y que me consta que no perdéis la ilusión; y a los residentes, que os soléis dejar la piel por sacar las guardias adelante sin perder la sonrisa hacia los niños.
  • A las familias de los susodichos sanitarios, porque aunque suelen estar acostumbradas, siempre es un motivo de fastidio que mamá o papá no esté sentado a la mesa en Nochebuena. Yo lo sé: Miss Trotona y Miss Berrinche ODIAN mis guardias en general y las navideñas en particular.
  • Y por encima de todo a los nenes ingresados, y a sus familias. Aquí los de este lado de la medicina (pediatras o enfermeras o auxiliares o celadores o cualquier trabajador hospitalario) tenemos que ponernos en vuestro lado, para saber lo duro que puede ser pasar un día y otro y otro y otro más en el hospital durante estas fechas tan importantes para la mayoría, y especialmente ilusionantes para los niños.

Pero seguro que entre todos logramos un hospital lleno de espíritu navideño… Con belenes en todas las plantas, espumillón hasta en los ascensores, y barra libre de langostinos en el comedor de guardia; Reyes Magos por doquier, incluso acompañando a la tuna, gorros de Papá Noel y adornos en cada esquina; villancicos, diademas con cuernitos de reno, turrón y lo que haga falta… lo dicho:

…Feliz Navidad a todos. 

PD: y no puedo terminar en post sin enviar un gran abrazo a la familia de J, que ha venido hoy a vernos a la consulta y ha sido lo mejor del día. 🙂