Fin de curso en Villamocos.

Queridas Miss Trotona y Miss Berrinche:

Como sé que en un futuro no muy lejano leeréis este blog porque sois bastante curiosonas, os cuento lo que se me pasa por la cabeza ahora que ya habéis abandonado Villamocos y estáis de vacaciones en Villa-Piñotes (como bautiza vuestro padre a su pueblo, provincia de Segovia).

Miss Trotona: a lo largo de este curso has demostrado, como siempre, tu carácter alegre y aparentemente despreocupado. Digo aparentemente porque, entre saltito y trote, trote y saltito, en esos trayectos del colegio al conservatorio has tenido muy presente qué deberes tenías para esa tarde o qué temas para estudiar esa semana: te has colgado oficialmente la medalla de «niña responsable» a tus 9 años. Trotandovoy trotandovengo y yéndote por los cerros de Úbeda a mitad de cada frase, pero niña responsable de sus cortas obligaciones al fin y al cabo. Por otro lado, sé que este curso ha debido de ser un poco duro para tí: tu mamá estuvo tristona a principio de curso porque la abuela se había ido; tu amiga M se mudó a vivir a Irlanda; y tu otra mejor amiga L también se te va del colegio el curso que viene. Pero tu optimismo inquebrantable (la firma de tu carácter, querida Bobesponja) hace que enseguida pases página y sepas ilusionarte con aquello mínimamente excitante que vislumbres en tu horizonte de días o, como mucho, semanas. Ahora andas emocionada con las vacaciones en Villa-Bígaros (nuestro «aperitivo» favorito en esta localidad de la costa asturiana) con el Abu Astur. En cuanto a la música, también me has dado el respiro que hace poco creía lejano: ya lees tus partituras de chelo tú solita y francamente mejor que yo, y haces por tu cuenta los dictados de lenguaje musical. No te agobia lo más mínimo: tienes claro -y coincidimos contigo- que aprender música es algo para disfrutar, aunque a corto plazo cueste trabajo (o en tu caso, trabajillo… ¿no crees?). Y te da igual cómo toquen, canten o lean tus compis del conservatorio: tú lo haces genial, y punto. Por otro lado, éste ha sido el curso en que nos has dejado claro a tus padres que tu cabeza necesita continuamente crear, y además se te da bien. Te cuento un secreto: pasé dos semanas enteras comprobando que cada día, CADA DÍA, creabas algo. Desde un tirachinas con la goma elástica que sujetaba un paquete de puerros en lo que yo tardaba en guardarlos en la nevera, hasta una casa de muñecas con literas y garaje a partir de dos cajas de zapatos. Espero ayudarte a desarrollar ese don (del que yo carezco, qué le vamos a hacer). En otros ámbitos, he de decirte que te has hecho querer (y mucho) por tus profes y compañeros. Miss Trotona: espero que el curso que viene estés tan feliz como éste.

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Miss Berrinche: cómo has crecido este año, pequeña. Digo pequeña porque con tus ocho años eres la menor de esta casa, pero tu presencia es enoooooorme. De cada 100 palabras pronunciadas en Villamocos, 60 son tuyas, y 90 de cada 100 berrinches. 🙂 Pero yo te comprendo, porque lo cierto es que tú NO protestas, no: tú reivindicas, que es bien distinto. A lo largo de este curso te has topado con un pequeño obstáculo en tu plácida existencia: has tenido deberes por vez primera. Incluso has tenido exámenes que «estudiar». Y, así como tu hermana es optimista, tú eres práctica: «Mamá, yo lo que hago es prestar muchíííísima atención en clase, y entonces se me queda todo en la cabeza y no tengo que estudiar en casa«. Aunque esta técnica tuya «chaqueta de un guardia style» (en la que tus padres no hemos intervenido) ha presentado algunas fisuras, como bien sabes. Por otra parte, durante este curso nos has demostrado una vez más que NO: que no necesitas dormir más allá de las 8 de la mañana, que eres de dormir poco y desayunar con gusto y bastante, y media hora antes de lo previsto ya estás pertrechada con tu uniforme y el pelo repeinao… para desesperación de tu hermana mayor. También nos has demostrado que necesitas cada día abstraerte, bien leyendo un libro, bien jugando con el iPAD, o haciendo puzzles. Abstracción y meditación, o como lo llaman ahora, mindfulness; en esto eres una experta. También necesitas hablar, hablar, hablar y hablar. Camino del conservatorio me has hilado 10 pensamientos distintos con facilidad pasmosa; y por las noches, al apagar la luz en vuestra habitación, has seguido charlando sin cesar incluso cuando tu hermana ya estaba en el quinto sueño. En el conservatorio, Profedechelo ha destacado muchas veces tu capacidad para concentrarte no en una ni en dos, sino en tres o cuatro cosas simultáneamente (arco; extensión; codo; espalda). Y en lenguaje musical también se nos ha comentado tu extraordinaria capacidad rítmica (cosa que ya sabíamos todos los que llevamos toda tu vida viéndote menear ese culillo al son de la música a la mínima ocasión). Porque, petite, you got the rythm, babe. Cómo bailas joía. Pero uno de los grandes hitos del año ha sido que tomaras esta importante y valiente decisión: ¡te has ido de Granjas por primera vez, e incluso a dormir a casa de alguna amiga! Tu exquisita prudencia te lo había impedido hasta ahora. Porque no era miedo: era prudencia, Miss Berrinche, ya lo sé. Por si acaso al llegar la noche echabas de menos, quién sabe, tu casa. Pero no: te lo has pasado bomba. ¡Ah! También te cuento un secreto. Me encanta observar cada día cómo sigue presente algo muy tuyo cuando eras un bebé: tu risa tronchante ante las payasadas de tu hermana. Ella sigue siendo la única persona capaz de provocarte rápidamente esa carcajada cristalina que te caracteriza y nos contagia a todos :-). Ay, Miss Berrinche: echa el freno. No me crezcas tan rápido, porfa.

Vaaaaaale, mamá, nos ha gustado mucho, vaaaale, pero ¿qué tal las notas? ¿las sacamos buenas ese año?

Pues las académicas fueron buenas, sí… Pero, para mí, las notas más importantes son las que os acabo de contar. 🙂

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna.

Como conté aquí me encantan las historias de la Medicina, y aunque de Historia sepa lo justo (se perdone a servidora en caso de alguna metedura de pata), si puedo contribuir a que esta gesta que pone título al post se conozca algo más, allá voy. Porque fue la primera expedición sanitaria de la historia y una hazaña de gran envergadura. Y, por cierto, fue llevada a cabo por españoles.

Lo primero es situarse en el contexto: VIRUELA. Esta enfermedad, producida por un virus, ha sido probablemente la que más estragos ha causado a la humanidad a lo largo de la historia. Cursa con fiebre y lesiones en la piel que, al que sobrevivía, le dejaban unas cicatrices tremendas y muchas veces ceguera. En los siglos XVII y XVIII campaba a sus anchas por Europa, y morían hasta un 30% de los afectados. Hay quien dice que la viruela cambió el curso de la historia más que las guerras, porque entre las muertes que se cobró estuvieron las de varios monarcas herederos. Es imposible resumir en pocas líneas la gravedad de la enfermedad, pero imagínese uno esas epidemias apocalípticas de las películas, y no andará desencaminado.

Lady Mary Montagu (fuente: wikipedia)

Lady Mary Montagu (fuente: wikipedia)

Parece que ya antes del siglo X, en Oriente, se descubrió que si se rascaba la piel de un individuo sano con un objeto punzante que contuviera pus de las lesiones de la piel de un enfermo, se podía provocar en el sano una «miniviruela» que le confería inmunidad. Este procedimiento, que se llamó variolización, fue el antecedente a la vacunación. Por cierto, entró en Europa gracias al empeño de una mujer: Lady Montagu (1689-1762), esposa del embajador británico en Constantinopla, que había perdido un hijo por la enfermedad y estaba «picada de viruelas» (como se decía a las cicatrices faciales típicas). Durante su estancia en Turquía fue testigo de los beneficios (y riesgos) de la variolización y a su regreso a Inglaterra todos sus esfuerzos se dirigieron a implantar esta práctica. Algunos años después, la vacuna entró en escena, como ahora os cuento.

Fuente: lamedicinaenelarte.wordpress.com

Fuente: lamedicinaenelarte.wordpress.com

…Volvamos a situarnos en otro contexto: esta vez campestre. ¿Por qué, a lo largo de los siglos, en la literatura y folklore las vaqueras y ganaderas eran consideradas mozas fermosas? Podría ser porque habitualmente no tenían cicatrices de la viruela. Y esto era así porque contraían una viruela más benigna, la viruela que pasaban las vacas que ellas ordeñaban: la viruela vacuna. Ésta era causada por un virus menos agresivo, pero lo suficientemente parecido al de la viruela humana como para que una ganadera loçana e serrana adquiriera inmunidad frente a la misma si se contagiaba de la vaca enferma. Todo esto lo dedujo el médico inglés Edward Jenner (1749-1823) aun sin saber lo que era un virus, ni una bacteria; ni falta que le hizo para aplicar el «método científico». A partir de las pústulas de Sarah, una ganadera infectada de una vaca, realizó la primera vacunación (que de ahí viene el nombre: de las vacas) de la historia: al niño James Phipps, de 8 años. Y a muchos más posteriormente, a partir de pus procedente tanto de enfermos contagiados del ganado como de recién vacunados (de las vesículas que desarrollaban tras la inoculación). Publicó sus descubrimientos en 1798. Y pronto la vacuna adquirió tan buena fama que se extendió a otros países europeos, llegando a España en 1800 de la mano del Dr. Piguillem (1770-1826).

Grabado de Edward Jenner incluido en la traducción por Balmis del tratado de Moreau de la Sarthe. Obtenido de http://hicido.uv.es/Expo_medicina/Ilustracion/vacuna.html

Grabado de Edward Jenner incluido en la traducción por Balmis del tratado de Moreau de la Sarthe. Obtenido de http://hicido.uv.es/Expo_medicina/Ilustracion/vacuna.html

Vámonos entonces a la España de principios del XIX. Carlos IV, hijo de Carlos III (el «mejor alcalde de Madrid») y esposo de María Luisa de Parma, reinaba con la influencia constante del valido Manuel Godoy. Este rey ha pasado a la historia como un monarca un tanto pusilánime que dejó el gobierno en manos del valido. Pero al menos una cosa hizo e hizo muy bien (incluso enfrentándose a Godoy según he leído), y que ni se menciona en la Wikipedia: parece que se empeñó en sacar adelante lo que se llamó Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. La viruela (traída desde Europa) estaba diezmando a la población indígena americana -y a la criolla también, claro-. Una vez descubierta la vacuna, ¿no habría que intentar que la misma llegara a todos los dominios españoles de ultramar? Los ingleses también lo intentaron enviando pus («linfa vacunal») en algo parecido a un portaobjetos, pero acababa perdiendo sus propiedades infectivas. Carlos IV, cuya hija había muerto por la enfermedad, estaba especialmente sensibilizado con el tema; y decidió convocar a los expertos de la época para decidir cuál era la forma viable de hacer llegar la vacuna a las Américas.

Busto de Balmis. San Juan de Alicante

Busto de Balmis. San Juan de Alicante

…Y resultó ser con ayuda de los niños. ¿Y por qué niños? El médico alicantino Francisco Javier Balmis (1753-1819), alma de la expedición, lo vio claro; y supongo que por eso consiguió convencer a sus colegas y por tanto al rey. A América se llegaba en barco, y el viaje duraba más de un mes. Para vacunar allí, se necesitaban enfermos activos de viruela vacuna, de los que se pudiera sacar pus, fueran humanos o vacunos. Pero la enfermedad no duraba tanto como el viaje; no se podía embarcar enfermos esperando usar su pus al llegar a América, porque llegarían curados. Necesitaban llevar algunos enfermos y muchos sanos, para ir produciendo la enfermedad sucesivamente inoculando pus de aquéllos en éstos. Evidentemente, embarcar rebaños de vacas no parecía viable, así que serían personas. Bien, pero ¿Y por qué no adultos? Pues porque no se la podían jugar rompiendo la cadena; y si alguno de los adultos ya había pasado la enfermedad, no reaccionaría a la vacuna (y no produciría pústula ni pus, o sea fluido vacunal). Lo pensaron muy bien. Además, en un viaje tan largo y no exento de imprevistos, había que tenerlo todo atado y bien atado. Los «transportadores» idóneos de la enfermedad eran niños, porque tenían menos probabilidades de haber pasado ya las viruelas. ¿Y de dónde sacaron a los niños? No es difícil imaginar que ningún padre querría embarcar a su hijo en semejante empresa… por muy filantrópica que fuera. Así que los verdaderos héroes de esta aventura fueron 22 niñitos huérfanos procedentes de la Casa de Expósitos de la Coruña. Hacían falta tantos porque se quería ir vacunando a dos de cada vez (no a uno), por si una de las vacunas no prendía.

Los otros dos puntales de la expedición fueron otro médico, José Salvany (1777-1810), el «gran olvidado», y la directora del Hospicio de La Coruña, Isabel (el apellido no está claro; parece que fue Gómez Sendales, o Cendales), de la que desafortunadamente se sabe poco. El 30 de noviembre de 1803 partió de La Coruña la corbeta militar María Pita llevando a bordo su precioso cargamento: la vacuna de la viruela. La expedición tuvo un éxito rotundo que cumplió los objetivos casi increíbles con los que fue planeada: llevar la vacuna a casi todo el mundo conocido entre 1803 y 1806. Este fue el itinerario: Canarias – Puerto Rico – Venezuela (aquí se dividió en dos, Balmis por un lado y Salvany por otro) – Bogotá – Ecuador – Perú – Bolivia – Chile – Cuba – Centroamérica – México – Filipinas – Macao – China. Casi nada. Se vacunaron cientos de miles de personas. Sí, no he exagerado, fueron cientos de miles. Uno por uno. Ahora, calcúlese la cantidad de vidas salvadas derivadas de ello: admirable. Aquello fue una hazaña en toda regla y sin duda fue el primer gran paso para la erradicación de la enfermedad. El propio Jenner opinó acerca de la Expedición con las siguientes palabras: «no puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que éste«. A lo largo del viaje, tuvieron que reclutar más niños transmisores de la vacuna para llevar en las travesías, aunque no he podido encontrar el número aproximado de cuántos hicieron falta finalmente. Sí ha trascendido que muchos de ellos fueron finalmente adoptados por familias acomodadas, al menos en México. Durante los tres años de aventuras, hubo naufragios, ataques de piratas, encontronazos con los indígenas, obstáculos a la vacunación en algunas de las ciudades de destino; hubo que sufrir los rigores de la selva y el altiplano, y todo esto -insisto- con niños… y los componentes de la expedición sufrieron enfermedades graves. El propio Salvany murió en Cochabamba de tuberculosis, y Balmis padeció una disentería que por poco no cuenta. Como digo, una auténtica epopeya que no me explico cómo aún no ha sido llevada al cine… 🙂

Itinerario de la expedición. Obtenido de http://murzainqui.blogspot.com.es

Itinerario de la expedición. Obtenido de http://murzainqui.blogspot.com.es

Parece claro que el método en que se llevó a cabo la expedición sería inviable desde el punto de vista ético y moral hoy en día; a fin de cuentas los niños fueron «utilizados» como vectores que mantenían viva la cadena vacunal. Pero no es tan simple. En aquélla época la tasa de mortalidad infantil en las inclusas u hospicios era altísima (hasta un 70% he llegado a leer). Aquéllos que sobrevivían, abandonaban las instituciones entre los 10 y los 14 años y muchos de ellos acababan mendigando o delinquiendo. Los niños eran el sector de la población menos favorecido, los últimos en el escalafón a todos los efectos. En definitiva, el destino de cualquier huérfano de una inclusa era sombrío. Según las fuentes que he consultado, existió la intención verdadera (o incluso condición casi contractual) de compensar a los niños participantes, asegurándoles de por vida el amparo (social y económico) de la Corona en agradecimiento por los servicios prestados. Teniendo en cuenta además que, durante la travesía, recibirían alimento, ropa y cuidado. No he encontrado evidencia escrita de que se cumplieran todas las promesas hechas a los niños héroes, pero de todas maneras sí parece claro que su destino en ningún modo debió de ser peor que el que les esperaba en la inclusa.

He escrito este post por varios motivos. Hace muchos años que leí acerca de la Expedición y me impactó muchísimo, pero los detonantes han sido el reciente revuelo en relación a las vacunas y la novela (histórica) que estoy leyendo ahora mismo: A flor de piel, de Javier Moro, que es ni más ni menos que el relato novelado de la expedición. Me está encantando.

Y hasta aquí me he limitado a resumir los hechos históricos, basándome en lo que he leído en las distintas fuentes que enumero abajo. Pero la verdad es que me hago muchas preguntas, como pediatra, como mujer y como madre.

¿Cómo debe de ser un viaje tan duro con 22 niños a bordo? Ese capitán y esos marineros debieron de poner los ojos como platos cuando supieron de la naturaleza del viaje. Moro, en su novela, sí se aventura en esto. Los niños son niños, y no debió de ser nada fácil tener paciencia para manejarlos a todos juntos en un sitio cerrado y «pequeño» como era una corbeta y, encima, no exento de peligros. Además, los niños lloran (es normal), protestan (es normal), se rebelan (es normal), y no soportan estar aburridos (es normal). Creo, y así lo refleja Moro, que el papel de la rectora Isabel debió de ser crucial para mantener el equilibrio a bordo (… ¡y en tierra!).

¿Y los niños? ¿Cómo lo vivieron ellos? Por lo que he leído acerca de las condiciones en las que vivían los huérfanos en las inclusas de la época, creo que la mayoría pensaría que embarcarse (literalmente) en esta aventura era algo bueno, y seguramente todos se alegraban de escapar del hospicio. Pobres niños.

Isabel. Qué poco ha llegado a nuestros días de su persona. Debió de ser una mujer valiente y tremendamente intrépida, y no creo que la expedición hubiera podido llevarse a cabo sin ella (así lo debió de pensar también Balmis). Pero… ¿una mujer joven sola, entre toda una tripulación de hombres? Por no mencionar el «mal fario» que suponía una mujer a bordo. Estoy segura de que hay en Isabel una biografía apasionante.

¿Por qué las batallas en las que se ganaban territorios pero se perdían miles de vidas han pasado a la historia con bombo y platillo y una hazaña como ésta, que puso de manifiesto lo mejor del ser humano y que condujo a salvar millones de vidas, es casi desconocida?

Pues nada más, que ya me he extendido bastante… ¡jopé, menudo postazo me ha quedado! Pero esos niños lo merecen… pero no de la mano de un simple blog de una pediatra, sino en los libros de historia que se estudian en el cole.

Nota: unos cuantos días después de escribir este post, terminé de leer la novela A Flor de Piel. En su Epílogo, descubro algo importante que por eso añado a esta entrada. En febrero de 2013 el periodista Antonio López Mariño encontró documentación esclarecedora en cuanto a la identidad de la rectora Isabel Zendal, que éste es su apellido. Sus orígenes -humildes- se encuentran en la aldea Santa Mariña de Parada, del municipio coruñés de Ordes. Salió de allí a la Coruña a trabajar de sirvienta en una familia adinerada, de allí a dirigir el hospicio y de allí a la Real Expedición, que sin ella no habría podido tener éxito. En este post se recoge un resumen de lo que se conoce acerca de su biografía. Por cierto, efectivamente según esta nota de prensa, la película parece que está en marcha.

Webs y libros consultados:

http://www.aeped.es/documentos/en-nombre-los-ninos-real-expedicion-filantropica-vacuna-1803-180

http://www.vacunas.org/es/info-publico/historia-de-las-vacunas/645-todo-empezocon-la-variolizacion

http://hicido.uv.es/Expo_medicina/Ilustracion/vacuna.html

http://enroquedeciencia.blogspot.com.es/2013/05/lady-mary-wortley-montagu-i.html

http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0716-10182009000700014&script=sci_arttext

http://medtempus.com/archives/la-ingeniosa-aventura-del-doctor-balmis-contra-la-viruela/

http://blogs.elpais.com/la-doctora-shora/2012/02/la-ingeniosa-aventura-del-doctor-balmis-contra-la-viruela.html

http://bvs.sld.cu/revistas/his/his_99/his1399.htm

Real Expedición de la Vacuna de la Viruela: hito médico español

En defensa de las vacunas, Carlos González, Ediciones Planeta 2011.

A flor de piel, Javier Moro, Editorial Planeta-Seix Barral, 2015.

Una día cualquiera en consulta.

Entra P. Tiene cuatro años. Cruza el umbral decidida: me conoce desde hace un año y sabe que aquí no hay peligro. Con una sonrisa de oreja a oreja da una vuelta de puntillas para que vea el vuelo que tiene su vestido. «¡Pero P! ¡Qué preciosidad de vestido!«, le digo. «Aaaaay, no se lo quita ni de noche ni de día. Se lo tengo que lavar a escondidas«, me dice la madre. Va disfrazada de la reina Elsa. Mientras la exploro me cuenta que Olaf no le gusta mucho. Al final, estira su dedito índice hasta tocar mi flequillo castaño y me dice: «Y tú, tú, te pareces a Ana, la hermana de Elsa«. 🙂

Entra F. Tiene casi tres años, es delgadito y moreno. Lleva en la mano derecha un camión de juguete que es casi más grande que él; se le escurre todo el tiempo y tarda en llegar hasta la consulta, y su madre le apremia para que avance. Le saludo: «¡Hola, F! ¡Qué chulo eso que traes! ¿Qué es?«. No contesta, es tímido. Y está asustado. Ya me conoce, pero no tanto como para no tener respeto a la bata blanca. Le exploro. Es un poco complicado porque no quiere soltar su enorme camión. Sigue callado. Finalmente le digo a su madre que ya puede vestirle, y entonces él sabe que lo peor ha pasado. Y mientras empiezo a explicar el diagnóstico y tratamiento, el previamente mudo F. se convierte en un parlanchín: «Mira mi camión, ¡mi camión! Este es mi camión… Mira, mi camión: ¡mi camión rojo!», insiste tirándome de la manga, para que le haga caso…

Entra M. Es una bebota de 20 meses. Casi le arranca todos los pelos a su madre en la pelea por NO entrar a mi consulta. Sé que me va a costar hacerme con ella. Señala continuamente su carrito,… porque sabe que a la calle se irá montada en él. Al final, ningún problema: activo el protocolo bebote guerrero, y funciona. [Protocolo:  en brazos de mamá –> sacar smartphone –> Youtube –> Peppa Pig. Lo que cualquiera que trabaja con niños sabe]. 🙂

"Before the shot", Norman Rockwell (1958). Campaña de vacunación masiva contra la polio.

«Before the shot», Norman Rockwell (1958). Campaña de vacunación masiva contra la polio.

Entra S. Adolescente quinceañero. También nos conocemos desde hace varios años: pero ahora tiene voz grave, y algún granillo que otro. Le da un poco de corte quedarse en ropa interior, y sé que preferiría que le explorara Dr. PyP, que además es de su mismo equipo de fútbol. Pero en cuanto le pregunto por sus planes de verano, se emociona tanto contándomelos que se le olvidan los pudores. La verdad es que, cada vez más, me gusta el trato con el paciente adolescente.

Entra J, niña de 5 años. Alegre y dicharachera, no para quieta y en menos de un minuto ha sacado todos los juguetes y pintado en la pizarra. Al explorarla, se parte de risa cuando «le hago cosquillas» (o sea, compruebo si hay visceromegalias), y sigue tronchándose de risa y sin parar de dar saltos después, al vestirse, al recoger la receta y cuando se va por el pasillo… me hace gracia el comentario de su padre: «Ya me imagino que el exceso de alegría en los niños no es malo, pero… ¡es agotador!». 🙂

En este momento del relato Miss Berrinche me interrumpe: «Pero mamá, te pregunté qué hacías en tu trabajo… y me cuentas cosas de niños que no están malitos de nada»…Y le miento diciéndole que ya están todos curados. «Pues qué bien te lo pasas en la consulta, mamá». Y ahora le digo que sí, que la mayoría de las veces me lo paso muy bien, y esta vez no miento…

Felicidades, sobri Campanilla.

Querida sobri Campanilla:

Hoy hace cuatro años que naciste. Como buena primogénita sana de madre sana, te «retrasaste» un poco respecto a la fecha prevista, de forma que durante los días previos a tu llegada no hablábamos de otra cosa.

El día D hacía calorcito en Madrid. Tus cuatro abuelos y tu tía (o sea, servidora), pululábamos por los alrededores del hospital, entrando y saliendo. Yo sufría: varias horas después de empezar el parto, tu madre aún no había recibido la epidural porque no había dilatado lo suficiente. Ya sabrás, porque lo solemos contar muchas veces, que tu tía (de nuevo, servidora) es de partos rápidos. Con rápidos me refiero a dos horas el primero y una hora el segundo (desde el primer dolor de parto hasta el primer llanto de tus primas) y por tanto no dio tiempo a ponerme la epidural. Mi facilidad para parir fue algo bueno, claro que sí, pero también es cierto que me permitió sufrir los dolores de un parto de verdad. Duele muchísimo. Enormemente. Por eso, sufría por cada minuto que pasaba tu madre sin anestesia (según me iba contando tu padre por whatsapp). Después de la epidural y tras duras y largas horas, llegaste. Ojalá hubiera sido un parto mejor para vosotras; siento de corazón que ni de lejos fuera lo que tu madre esperaba. Como pediatra que era yo (aunque en hospital extraño) me dejaron pasar pronto a verte. Qué guapísima eras ya nada más nacer, y qué guapísima estaba tu madre, aunque aún extenuada.

Los días, semanas y meses siguientes fueron un continuo aprendizaje. Pero no me refiero a tus padres, que también; me refiero a que supusieron un continuo aprendizaje para mí. Tu madre y tú me habéis enseñado muchas cosas, que he aplicado en mi día a día como pediatra. Ya te lo contaré cuando seas mayor.

A medida que pasaban los meses, nos sorprendiste a todos. Primero, porque desafiando un tanto las leyes mendelianas básicas saliste rubiaza y de ojos azulísimos. Con bastante sorna decimos que saliste a los tíos (… tíos políticos). Eso sí, con el hoyuelo en el moflete derecho de tu padre y la sonrisa de pilla de tu madre. Segundo, porque saliste de un espabilao tremendo. 🙂 Quiero decir que te esperábamos lista; pero, ostrás, ¿tanto?… ¡si hablabas con 14 meses! espero que en el camino de tu infancia y adolescencia encuentres los ámbitos, estímulos y entornos favorables para disfrutar desarrollando tus aptitudes. Segura estoy de que tus padres harán lo que esté en su mano porque sea así.

Desde que eras un piojín se perfila tu carácter. Tienes las trazas de rebeldía que esperaba de tí (no podía ser de otra forma), de alegría (evidentemente) y de humanidad (lógico); te gusta la música y te sabes reír a carcajada limpia. Te has adaptado a distintos hogares en otras tantas ciudades como quien no quiere la cosa, mezclando folklores ingleses, asturianos, andaluces y gallegos, tan ricamente. Cualquier día me pides un babychino con grelos, pero escanciáu y con regañás para acompañar. ¡Si ya me pediste sopa de miso para desayunar!

Aunque rebelde, sucumbimos a Frozen como toda preescolar que se precie.

Sucumbiendo a Frozen como toda preescolar que se precie…

…Y recuerdo con cariño que, cuando eras una beboncia, yo era la figura más parecida a tu mamá que había en tu pequeño mundo. También acerca de esto te contaré alguna historia cuando tengas 9 ó 10 años. Y… para tus primas has sido toda una experiencia, ¡qué digo! una enseñanza vital. 🙂

Feliz cumple feliz, sobri Campanilla: que tu nuevo año esté lleno de juegos, canciones, olas y disfraces. Estas son cosas que les encantan a Trotandovoy y Miss Berrinche, y ya sé que también a tí… porque no me equivoqué cuando hace cuatro años entré al paritorio a conocerte y al mirarte pensé: «Esta es mi sobri. Lo más parecido a mis hijas que voy a tener«.

Vacuna a tus hijos, por favor.

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Tenemos una mala noticia, y es el diagnóstico en España del primer caso de difteria desde el año 1987. En un niño no vacunado. No vacunado, según los medios, por decisión de sus padres. Y su situación es tan grave como para estar en la UVI. Sinceramente, tenía bastante «olvidada» esta enfermedad, archivada en mi memoria médica en el mismo cajón que la viruela; aquí tenéis información acerca de la difteria. Por cierto: olé por los médicos que la sospecharon y la diagnosticaron.

Creo que en el título del post queda clara mi postura. Digo esto porque, como muchos me consideran una pediatra algo hippy (defiendo la lactancia materna, el baby led weaning y el porteo, por ejemplo), alguna vez me han preguntado cuál es mi opinión respecto a las vacunas. Porque sorprendentemente existe en algunos colectivos de padres el concepto «pack crianza hippy» que incluye lo anterior y además la devoción por la medicina alternativa y la creencia en la homeopatía, y el rechazo a la medicina tradicional y con ella las vacunas. Pues NO. Nada tiene que ver el culo con las témporas, con perdón.

HAY QUE VACUNAR A LOS NIÑOS. Así lo recomienda sin titubeos la Medicina Basada en la Evidencia. No voy a enumerar los beneficios: a día de hoy ya son OBVIOS. No admiten discusión. No podría resumirlos aquí. Son muchas décadas de ciencia detrás y muchas -cientos de miles, millones- de muertes evitadas.

Y no comprendo los movimientos antivacunas: ¿qué hace que un padre o madre escoja la opción peor para su hijo? Es sorprendente. Es como decidir no ponerle el cinturón de seguridad en el coche para salvarle la vida puesto que se han descrito casos de quemaduras por el roce del cinto con la piel del niño en caso de frenazo. Absurdo. Pero además es una decisión que no sólo perjudica al propio niño: también a los niños que le rodean. ¿Habrá estado el nene de la noticia de hoy en contacto estrecho con neonatos o inmunosuprimidos? No vacunar es una opción egoísta: la inmunidad de grupo o rebaño protege con pocas fisuras al niño no vacunado. Es cierto: la mayoría de ellos pasarán su infancia sin más ni menos sustos que el resto de sus congéneres correctamente vacunados.

Madre mía: si Jenner levantara la cabeza…

PD: También ha habido una buena noticia: la vacuna frente al meningococo B estará disponible en farmacias. Como en el resto de países de nuestro entorno. El meningococo produce meningitis «de la mala». Los pediatras sabemos lo que ha cambiado el panorama desde que hay vacuna frente a los otros bichos meningíticos (neumococo, haemophilus…), así que lo incomprensible fue su veto para la comercialización en las farmacias. Pero quedémonos con el buen resultado final, que es lo que cuenta. Espero que pronto se incluya en el calendario vacunal.

PD: Ah, y ya puestos, también espero que la vacuna de la varicela vuelva a ser financiada e incluida en el calendario de todas las comunidades autónomas.

 

Y ahora les toca a los padres…

El otro día escribí un post tan buenrollista como inocente 🙂 con la mera intención de subir la autoestima de las madres que andan (andamos) por la vida con la lengua fuera. Éste.

Y resulta que, si bien tuvo mucha aceptación entre la comunidad maternal,… los padres se pusieron un poco críticos. O reivindicativos. O llámalo como quieras. 🙂

Varios de ellos me preguntaron/sugirieron/comentaron que qué pasaba con los PADRES. O sea, que cuál era, en mi opinión, el valor añadido de los padres por ser padres.

Pues en mi (humilde) opinión, y mira tú lo poco que me complico: pienso que obviamente los padres mejoran en tantas facetas como las madres… si es que ejercen de padres el tiempo suficiente. Porque seamos sinceros: al describir en mi post las recogidas incesantes de juguetes, la organización de asistencia a cumpleaños y el apaño de trajes de chulapa, ¿Cuántos habéis visualizado a los padres en lugar de a las madres? Que en España las que mayoritariamente concilian somos nosotras es algo que está demostrado.

Pero soy optimista (o inocente de nuevo): creo que hay buenas noticias. Desde que a las mujeres se nos exige socialmente trabajar fuera de casa -que no creo que nadie ponga esto en duda-, cada vez hay más hombres que han comprendido que las reglas históricas del juego han cambiado. O mejor dicho, las reglas son las mismas para las fichas rosas y las azules una vez que están en el mismo tablero (el laboral, se entiende).

Y yo los veo a diario: cada vez son más los hombres que son tan valientes como para nadar contracorriente y salirse del guión que tradicionalmente se les ha adjudicado por su condición de varones. Y no me refiero sólo a cambios de pañales, y baños y cuentos nocturnos. Hay hombres cuyo horario laboral lo permite que asumen horas de parque, con sus cacas, pises y brechas rodeados de una mayoría de madres. Ya hay hombres que piden permiso en el trabajo para acudir a las citas médicas de sus hijos, recordando además todos sus pormenores de salud. Cada vez hay más hombres de cuya boca jamás saldrá la expresión «ayudar en casa», porque son conscientes de lo intrínsecamente injusta que es. Conozco hombres que se han atrevido nada más y nada menos que a coger una excedencia para cuidar a sus hijos, priorizando la profesión de la madre cuando sopesando posibilidades ésta parece la mejor. Y además, algunos reconocen que tampoco merecen tantos halagos porque a fin de cuentas consideran que no hacen nada especial, como se cuenta en este genial post que se hizo viral hace unas pocas semanas.

Y cuento esto porque pienso que una verdadera conciliación de vida familiar y laboral beneficiaría a todos, pero sobre todo a los niños. Y porque para perseguirla hace falta concienciación de los padres, que las madres estamos más que concienciadas (vale: estoy generalizando).

Y por todo esto os admiro a muchos hombres que con vuestros hechos y vuestras palabras estáis remando a favor de la conciliación real.

Conclusión pospós: qué complicado es todo, ¿no? 🙂

 

El día del niño hospitalizado.

Efectivamente hoy se commemora ese día, el Día del Niño Hospitalizado, lo cual no me es ajeno. Ya conté aquí lo acojonantes asombrosos que me parecen los niños en general y los hospitalizados en particular. 🙂 Algo que siempre me ha llamado mucho la atención en los niños pequeños que permanecen mucho tiempo ingresados es cómo su desarrollo psicomotor se va adecuando a su entorno. Y así, aprenden a caminar mientras alguien les sujeta el poste del gotero, y entre sus primeras palabras se encuentra «pinchar», «sonda» o «vía». Formando parte de su imaginario infantil Mickey Mouse es tan importante como sus gafitas nasales y Peppa Pig convive con la alimentación enteral.  Sus rutinas son las de cualquier otro niño, pero en el hospital, y su ilusión por los Reyes o el Ratón Pérez permanece inalterable. Pero sobre todo me impresiona verlos reír a carcajadas: lo hacen. Lo dicho, son acojonantes increíbles. Estoy segura de que hoy muchos niños se lo han pasado bomba en las fiestas hospitalarias que seguramente han tenido con motivo de dicha conmemoración. 🙂

Y siento recurrir a un lugar común, pero todos los sanitarios deberíamos conocer de primera mano qué se siente al estar ingresado. Yo lo estuve con Miss Berrinche, afortunadamente por poca cosa. Aunque lo suficiente como para entender lo lento que pasa el tiempo cuando se espera una información médica o el resultado de una prueba diagnóstica, y lo que angustia la incertidumbre…

Os dejo con el vídeo tan bonito que ha circulado estos días por las redes sociales, y con una reflexión aprendida de alguien que me ha enseñado muchísimo: NO ingresar a un niño a no ser que sea realmente necesario. Pero, si no queda más remedio… esforzarnos en que esté feliz.

El valor añadido de una madre.

En estos tiempos de debate incesante en relación a la conciliación, las diferencias de género, el feminismo tantas veces mal entendido, los micromachismos, el sempiterno sentimiento de culpa de las madres y un largo etcétera, yo vengo hoy aquí con ánimo de escribir un post sólo en positivo. Un post que sólo contenga buenas opiniones, y carezca de críticas y resquemores. Con alabanzas y sin reproches. Con ilusión, sin decepciones.

Hoy hablo de las madres en general, y de las trabajadoras que se convierten en madres en particular. A sabiendas de que, antes que yo, han hablado muchas (¡gracias!). 🙂

Porque en mi opinión la maternidad aporta a la mujer un valor añadido que, francamente, está subestimado por miles de jefes (llámalos Jefe de Personal, o Gerente, o llámalos Director de RRHH, o Jefe de Obra: llámalos como quieras) a lo largo y ancho de este mundo. Estas son las 6 facetas en las creo que toda mujer se crece al convertirse en madre.

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Yes we can. Ahora hace falta creérnoslo y que nos crean.

1.- ENTREGA. Ser madre = sacrificarse. Una madre se sacrifica todos los días varias veces por sus hijos (no hace falta que ponga ejemplos, ¿verdad?). Una vez que la maternidad ha entrenado tu capacidad de sacrificio, te resulta fácil sacrificarte por otras buenas causas, incluidas las profesionales.

2.- CREATIVIDAD E INICIATIVA. Ser madre = desarrollar el ingenio. Con hijos pequeños, a menudo te encuentras ante situaciones problemáticas que requieren encontrar una solución no sólo óptima, sino rápida. Sangrados nasales imparables en el finger de entrada a un avión sin pañuelos a mano; vómitos en aspersión del retoño-portador-de-arras en el altar al lado de la novia; diarrea volcánica sobre una butaca del cine; zapatos perdidos en el campo, a cien kilómetros de casa; necesidad de llevar al cole un disfraz de «nave espacial» y enterarte la noche anterior… en fin, éstas y otras (son casos reales) constituyen las aventuras cotidianas de toda madre. Y oye: siempre salimos adelante. 🙂

3.- VERSATILIDAD Y PRODUCTIVIDAD. Ser madre = multiplicar por 4 la capacidad previa de realizar varias tareas a la vez. Yo me agobiaba con poco antes de tener hijos. Ejemplo: un lunes cualquiera se presentaba complicadillo si al salir de trabajar tenía que preparar un power point para el hospital, buscar y reservar hotel para la boda de mi primo, hacer compra y buscar un fontanero para desatascar el baño. Ese mismo lunes años después: hay que llevar a una al conservatorio y ayudar a la otra con los deberes. Hay que comprar el material para los experimentos de Science. Necesitan nuevas playeras: las compro online. También hay que contestar a las madres de los 4 cumpleaños a las que están invitadas. Acordarse de citarlas en el dentista. Y hay que preparar la ropa que necesitan para la fiesta de San Isidro del cole (la compro en mi chino de cabecera a la vuelta del conser).  Ah, es verdad, se me olvidaba: preparo la sesión del hospital en tandas de 10 minutos que van saliendo por la tarde y en lo que echan en la tele el Ministerio del Tiempo (que no me lo pierdo), busco y reservo el hotel para la boda de mi primo mientras como un pincho a la puerta del cole, la compra de víveres se improvisa o mejor dicho lo que se improvisa es la cena en función de lo que haya en la nevera, y al final no se sabe cómo pero soy yo quien desatasca el baño.

4.- PODER DE NEGOCIACIÓN. Ser madre=desarrollar el poder de convicción y potenciar la inteligencia emocional.  Sólo así serás capaz de negociar alternativas satisfactorias para convencer a tus criaturas de que: aunque sea de día hay que dormir porque son las 9; aunque sea de noche hay que levantarse porque son las 8; aunque sea un rollo hay que seguir bien abrochadas en la silla del coche 20 kilómetros más; aunque sea diver no se puede aporrear el piano a las 7 de la mañana un domingo (ni un miércoles)… y nivel premium: aunque sea tu ropa preferida no puedes ir con tutú transparente y camiseta de tirantes en Madrid un 2 de enero.

5.- FORMA FÍSICA. Ser madre = más fuerza y resistencia. Un día normal con hijos pequeños incluye perseguirlos para evitar que crucen con el semáforo en rojo, recoger incontables juguetes del suelo, cogerles en brazos para terminar de llegar a casa y evitar derramamientos varios de vasos y platos. O lo que es lo mismo: carreras, sentadillas, levantamiento de pesas, abdominales y entrenamiento de reflejos. Además, tu cuerpo aprende que no siempre puede comer si tiene hambre, no siempre puede beber si tiene sed, no siempre puede hacer pis si tiene ganas y no siempre puede dormir si tienes sueño. Pero no, no somos marines: somos madres.

6.- AUTOESTIMA. Ser madre = creer más en ti misma. Sucede de forma natural cuando un buen día te haces consciente de lo descrito en los puntos 1 a 5. Desgraciadamente hay muchas madres por el mundo que aún no se han dado cuenta. Con que sólo una madre se diera cuenta de esto tras leer este post, yo sería la bloguera más feliz del universo. 🙂

Conclusión postpost: ¿Qué jefe no quiere contratar a alguien cuyos puntos fuertes son la iniciativa, la creatividad, la versatilidad, la productividad,… entre muchas cosas más? 🙂 Yo sinceramente pienso que convertirse en madre suma y multiplica, y jamás resta o divide, en el bagaje profesional de cada una; y espero que mis hijas vislumbren una sonrisa de aprobación en sus futuras entrevistas de trabajo cuando respondan: «Sí, sí entra en mis planes ser madre próximamente». 🙂

 

 

 

Feliz día de la madre, mamá.

[Otro sueño parecido a aquélEstamos tomando un café en una terraza, en Oviedo. Las niñas corretean alrededor, y aprovechan que están con su abuela Esther para pedir y pedir: primero patatas fritas, luego una Cocacola… A todo les dice que sí, y además les da un par de euros para que se vayan a comprar chuches. Yo no protesto: desde el diagnóstico, intento no discutir con mi madre nunca. Ella habla y habla; yo la escucho].

-Ay qué alegría me has dado, hija, ¡así que la Dra.Ingridbergman y el Ingeniero van a tener otro! Qué contentísima estoy, ¡que no iba a quedar la Rizosina sola! Luego les llamo; o les mando un whatsapp mejor, que así no les incordio… además un niño: mira qué bien, porque yo sólo veo nenas… qué cosa, oye… Aunque ya sabes que a mí, me cae un nieto en vez de nieta, y me descoloca… Y ya le dije yo a tu primo y su françoise que se pongan a ello después de la boda. Ah, y también le dije que, aunque en Francia vayan un paso por delante de las modas, yo pienso ir tres o cuatro pasos… Y por cierto que me alegro infinito por tu prima: prubitina, qué mal lo debió de pasar para decidir repetir el MIR… Oye: im-pre-sio-nan-te cómo tocan el chelo ya las nenas: el vídeo que me mandaste el otro día, es que, vamos, ¡me emocioné y todo! Qué suerte tuvisteis con estas nenas, hija, qué suerte… Ay va, pero ¿Ya son las dos? Vamos yendo para casa que debe de estar ya tu padre muerto de hambre…

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Así eras tú, mamá: mi madre y la madre de todos. La matriarca con mayúsculas. Siempre pensando en los demás. Estabas pendiente hasta del último examen o el último desamor de tus sobrinos -los de sangre y los políticos-, de cualquier avatar profesional o personal de todos nuestros amigos y por supuesto no se te escapaba una en cuanto a nosotros tres y tu madre y hermanos. Y estabas todo el tiempo maquinando cómo ayudar, proteger y cuidar a los demás. Y «los demás» no éramos sólo tu familia y amigos cercanos. No. Siempre te preocupaste de forma sincera por todo aquél al que conociste a lo largo de tu vida, y a muchos a los que no conociste, también. Porque eras muy generosa. Sé que colaborabas con varias ONG (a lo mejor eran más) y sonrío al recordar la cantidad de veces que ayudaste a «los chicos de Reto» como tú decías. Eras bondadosa. Por no hablar de que tu casa siempre fue una casa de puertas abiertas. La verdad es que, cuando te comparo con otras mujeres de tu generación, me doy cuenta de que te traía al pairo el qué dirán y que fuiste moderna y liberal. Acogiste a todo el que trajimos (incluido un cachorro de pastor alemán), y te llevabas bien con todo el mundo. En todos lados, si te conocían te querían, y mucho. Porque destilabas humanidad. Y todos recuerdan tu alegría, tu arranque, tu ánimo. Era difícil verte triste o alicaída… aunque en casa sí lo vimos; pero de puertas afuera, no. Luchaste tanto contra la enfermedad, que ya dudo de si fue el cáncer el que te mató o lo exhausta que te dejó la pelea. Pero nunca fuiste una persona que se quejase; nunca. Porque entre muchas otras cosas, eras orgullosa. Antes, y por supuestísimo (expresión tuya) después del diagnóstico. Así que, al adelgazar a chorros sin poderlo evitar, decidiste seguir siendo presumida: vestuario nuevo y arreando. Paradojas crueles: te pasaste media vida en conflicto con tus kilos de más, para pasar la recta final sufriendo por cada kilo de menos. Pero tú eras, fuiste, guapísima. Y eso no cambió durante la enfermedad.

Cuánto te echamos de menos. Y cuánto echo de menos llamarte cuando pasa algo bueno, o no tan bueno, o malo. Porque lo primero que yo siempre pensaba cuando pasaba algo bueno, o no tan bueno, o malo, era: «voy a llamar a mamá para contárselo«. No me acostumbro. Sigo teniendo el impulso de coger el móvil y marcar «mamá»; número que estaba y está en favoritos. Y, cuando me doy cuenta de que mi llamada no tiene sentido,… te mando un whatsapp.

Pero el tiempo pasa; nueve meses ya desde que te fuiste. Ya no lloro a diario; sólo algunas veces. Pero sigo soñando contigo, como aquél día, y en mis sueños estás esplendorosa. Y creo que si nos vieras a papá, a la tita Geóloga y a mí por un agujerito estarías contenta. Y al menos, si me preguntaras de nuevo -como hiciste tantas veces durante tu último año- si había empezado de una vez a escribir el blog, podría por fin decirte que sí. 🙂

Feliz día de la madre, mamá.

Los piojos. Ay, los piojos.

Los piojos han estado acompañándonos desde los albores de la humanidad, y mucho me temo que seguirán haciéndolo. Y si bien no son un problema grave de salud, suponen una molestia para los niños y una preocupación para los padres: puede llegar a ser muy pesado y muy difícil mantener las cabelleras de nuestros hijos libres de visitantes.

Confieso que escribo este post básicamente para desahogarme, porque la semana pasada fue dura en Villamocos piojísticamente hablando 🙂 ; pero también porque acaba de publicarse una revisión del tema nada más y nada menos que en Pediatrics. A mí me ha faltado tiempo para leerla, y algunas cosas me han llamado la atención.

Miss Berrinche pegándole, quizá, algún piojo a la prima Campanilla

Miss Berrinche pegándole, quizá, algún piojo a la prima Campanilla

– La primera vez que un niño coge piojos, puede no sentir picor hasta pasadas varias semanas, que es lo que tarda el cuerpo en «sensibilizarse» a la saliva del piojo y reaccionar. O sea, que puede haber retraso en el diagnóstico si no revisamos las cabezas de los niños, aunque no se rasquen. Y quiere esto decir que si tienes hijos entre 0 y 18 años, revísales el pelo periódicamente (por encima de 18 ya no creo que se dejen 🙂 ).

– Las liendres vivas (o sea, con piojillo creciendo en su interior) necesitan una temperatura cálida para desarrollarse. Por eso los piojos las ponen casi en la raíz del pelo, cerca de la piel, donde se emana calor. A temperaturas menores (por ejemplo en el sofá de casa), se mueren pronto, y lo mismo los piojos. De hecho, las liendres agarradas a más de un centímetro del cuero cabelludo no tienen mucho futuro. Por esto mismo, el contagio se produce sobre todo por contacto cabeza-con-cabeza. En peines, sombreros y sábanas, liendres y piojos sobreviven poco tiempo (mira, una buena noticia), aunque no está de más que les digamos a nuestras fieras que no se anden intercambiando gorros y cepillos.

– Y vamos con el tratamiento. Nunca debe utilizarse un fármaco pediculicida (que significa matapiojos) a no ser que se haya demostrado la infestación. Porque si hay algo que toda madre sabe es que, al minuto y medio de descubrir liendres en el pelo de nuestro retoño (y no te digo un piojo correteando), ya me está picando locamenti. Pero ojo: que notemos picor no significa que haya piojos. Y ¿Por qué no hay que tratarlos «de más»? El motivo es el mismo que el que en el caso de los antibióticos: si se usan de forma incorrecta, el bicho se hace resistente y el fármaco deja de ser efectivo. Una vez demostrada la presencia de piojos, hay que matarlos sin piedad, con las diversas opciones disponibles en nuestro país además de la citada permetrina: siliconas y alcohol bencílico, todas estupendamente descritas aquí y aquí. En la publicación del Pediatrics que he leído destacan el papel de la Ivermectina tópica; lo que no sé es si su formulación y venta en farmacias en nuestro país es viable a día de hoy (y si algún/a farmacéutico/a nos saca de dudas, lo agradezco 🙂 ). Además de los tratamientos farmacológicos están los remedios naturales, como el aceite del árbol del té o el vinagre: pero siento decir que no han demostrado científicamente su poder matapiojos. Según el artículo del Pediatrics, tampoco lo han hecho los tratamientos «oclusivos» como la margarina, la mayonesa o la mantequilla (¿?), y desaconsejan el empleo de productos inflamables como el queroseno o la gasolina (oh my dog… ¿en serio alguien los ha usado?).

– Y, para revisar cabezas o retirar piojos muertos: pasar la liendrera. La última tendencia que se demuestra tan efectiva como inocua, el wet combing, consiste en hacerlo sobre pelo empapado en suavizante; y no sólo porque así el grado de tortura para el infante es menor, sino porque este sistema puede servir para sacar piojos vivos (con el suavizante no pueden agarrarse al pelo). Y una vez el pelo está seco, y cuantas más veces mejor (de esto no hay dosis máxima): revisar y retirar manualmente toda liendre que se detecte. Los de Pediatrics dicen sin pudor que «es una forma de que padre/madre e hijo pasen tiempo juntos». Hombre: no te digo yo que no, pero preferiría ir al cine.

Pero en mi opinión, el problema no está en eliminar los piojos: tenemos muchas opciones en la farmacia. En Villamocos, el escenario es el siguiente. Una vez detectada la infestación, procedo a activar el DEFCON 2 despiojante: loción de permetrina a discreción, tiempo adecuado para que actúe bajo gorrito de plástico, lavado de pelo con champú también antipiojos, embadurne de suavizante y wet combing concienzudo. Aclarado, secado del pelo al aire, y nueva revisión visual. Y otra, y otra más. Es pesado, pero hoy por hoy es la única manera. Finalmente, respiro satisfecha viendo a mi descendencia completamente despiojada.

…Y ahora viene lo terrible: a los dos, tres o cuatro días de cole, los piojos han vuelto. Desesperante. Y vuelta a empezar.

Así que mi reflexión pospós (o sea post-post) es ésta: no es tanto el problema para matar los piojos, que haber, hay muchos productos, sino que haya reinfestación. Y para esto me temo que la única opción es que todos seamos responsables y solidarios. Por muy desalentador y pesado que sea el proceso, hay que hacerlo una y otra vez. Despiojando a los niños nada más detectar el problema. Y no sólo por nuestros niños, sino para que no contagien a los demás. Y más pronto que tarde: es decir, nada más detectarlo.