Vacuna Bexsero: pues sí, yo también os hablo de ella.

Fiel a mi estilo un poco contracorriente en lo que a postear se refiere, no tenía pensado escribir sobre la nueva vacuna que ha saltado a la palestra, básicamente porque me parece que no hace falta: los referentes blogosféricos ya han escrito sobre ello, mucho y muy bien. Peeeeeero, no contaba yo con que me lo iban a pedir unos cuantos seguidores del blog… Y no está la cosa como para no complacer a los fieles lectores villamoquistas (que no son tantos, pero haberlos haylos, y cada vez son más para mi asombro).

Así que, no sólo fiel a mi estilo sino también a mi costumbre, me aprovecho del estupendo trabajo de otros y aquí os lo presento. Con la verdad por delante, como veis. 🙂

Antes de entender por qué los pediatras hemos recibido esta nueva vacuna con ilusión y alegría, hay que situarse en lo que supone la enfermedad que causa el germen implicado: la meningitis bacteriana. Nadie mejor para exponerlo que Pediatra de Urgencias, que a la sazón ha vivido en primera línea del campo de batalla durante las últimas tres décadas la lucha contra neumococos y meningococos de diverso pelaje, como os cuenta en su última entrada. El punto de partida -o background, que está muy de moda- es, por tanto: la meningitis bacteriana se te lleva al niño por delante en cuestión de horas. Así de simple. ¿Que no es una infección muy frecuente? No lo es, cierto. Pero a quien le toque, las probabilidades de que las cosas vayan mal son altas. Además, este tipo de meningococo, el B, es el que está detrás de la mayoría de las meningitis en España. Quiero decir con esto que estamos, por fin, ante el método de prevención de la temida meningitis más eficaz que ha habido hasta el momento. No es de extrañar que todos los pediatras (podéis leer a Amalia, a Lucía, a Guillermo, a María) nos sintamos de enhorabuena… Y ahora nos toca transmitir esta sensación a vosotros, los padres.

Expuesto lo anterior, uno piensa: «Bueno, pues entonces, ¿qué problema hay? A recomendar la vacunación y listo». Pero no ha sido así, porque en España estas decisiones no dependen de los médicos, entre otras cosas. Y la realidad es que esta vacuna ha atravesado también su via crucis particular que desembocó como otras veces en turismo sanitario (viajes a Portugal para adquirirla), confusión en el ciudadano de a pie, desinformación incluso entre los sanitarios y obviamente carnaza para los antivacunas. Todo el culebrón, masticadito y rigurosamente expuesto cronológicamente, os lo cuenta aquí la reportera más dicharachera en cuanto a vacunas se refiere: Boticaria García.

Parafraseándola: como bien está lo que bien acaba, finalmente tenemos la vacuna en España disponible en farmacias. Quien la quiera administrar a sus hijos, puede hacerlo, previo pago. ¿Y cómo se hace? ¿Es una vacuna aplicable a cualquier niño, de cualquier edad? Pues SÍ, pero como el sistema inmune tiene sus particularidades dependiendo de la edad de cada infante, hay que seguir unas pautas que aquí os muestro. Y en forma de tabla:

Y os cuento… Me acuerdo perfectamente de mi primer contacto con la meningitis.

Era residente de segundo o tercer año en mi especialidad anterior (Geriatría), y tenía guardia de Urgencias generales. Sobre las 6 de la madrugada unos padres irrumpieron en el filtro con una niña de 16 años, a la que llevaban en volandas. Estaba semiconsciente, tenía fiebre alta, sólo balbuceaba cuando le hacíamos preguntas y tenía esas inconfundibles manchas rojo vinoso en la piel. El adjunto de Urgencias, experimentado, practicó una punción lumbar en un abrir y cerrar de ojos: líquido cefalorraquídeo turbio. Vía central, antibióticos, expansión de volumen, UVI y… rezar si eres religioso. Nunca me olvidaré. La madre sólo sabía decir: «Ay, ay, ay… algo me dio mala espina cuando se fue a acostar a las diez de la noche, antes de lo habitual… por eso cuando me desperté a las cinco de la madrugada fui a verla y ya me la encontré así». Perdonadme el recurso dramático, pero no quito ni pongo una coma: así fue. Salió bien. No sé si habría salido bien de haber esperado su madre a que sonara el despertador a las 8 de la mañana, como cada día.

Como otras veces: Emma Cano.

Como otras veces: Emma Cano «Luz en Hipocratia».http://www.emmacano.com/portafolio/luz-en-hipocratia

Bien, yo también quiero aportar mi granito de arena. Mi propuesta, recomendación, idea, o como queráis llamarlo no es otra que: REGALA VACUNAS. Cuando un bebé llega al mundo, lo tradicional -y práctico- es juntarse varios amigos de la pareja para regalarle la silla del coche, el cambiador o la trona. Todo esto está muy bien, pero yo pienso: ¿Qué mejor obsequio para un bebé recién nacido que las vacunas que aún son de pago, por ejemplo la que da título a este post? Sinceramente, a mí me parece un regalazo: nada más ni nada menos que inmunidad. Sé que esto ya se está haciendo y que probablemente le falte poco para ponerse de moda, y deseo que así sea. Pero no podía dejar de manifestarlo aquí.

Dicho esto, creo que voy a empezar una nueva sección en el blog: recomendaciones para familias con hijos. 🙂 ¡Hasta la próxima entrada!

«Mi primera vez»: hitos del desarrollo.

Algo que casi todos los padres habréis comprobado al llevar a vuestro retoño al pediatra es que, sea cual sea el motivo de la consulta (asma, estreñimiento, cojera o lombrices), se os pregunta acerca del desarrollo psicomotor del niño. No lo hacemos exactamente así, sino que lanzamos preguntas tales como: «¿A qué edad se sostuvo sentado?» o bien, «¿cuándo empezó a hablar?». Nuestro objetivo es detectar cualquier problema para poder identificar pronto – porque el tiempo es oro- a aquéllos niños que no se estén desarrollando de forma adecuada. ¿Y qué es lo adecuado? Bien, para determinarlo se han elaborado diferentes escalas basándose en el análisis de cientos -miles- de niños; y contemplan diversas vertientes del desarrollo, que son, a grandes rasgos: capacidad motora, verbal y emocional/social. Pero claro está que cada niño tiene su propio patrón de progreso; no todos consiguen una determinada habilidad en un determinado momento.

Lo de los hitos del desarrollo viene a ser algo parecido al asunto de los percentiles (de los que os hablaba aquí) en varios aspectos:

Un hito como cualquier otro: primera tirolina, con colaboración fraterna.

Un hito como cualquier otro: primera tirolina, con colaboración fraterna.

Primero: las escalas que utilizamos para evaluar el adecuado desarrollo infantil están pensadas para pescar aquéllo que se sale de lo normal, pero debemos tener en cuenta que el que un niño no camine a los 17 meses no indica necesariamente que tenga algún problema. Exactamente igual que un nene en percentil 2 de talla no tiene por qué tener una alteración en el crecimiento. Digamos que estas escalas son vigilantes de seguridad muy celosos en sus funciones, a los que no se les escapa nada que sea mínimamente sospechoso… porque es verdad que, a veces, cuando el río suena, agua lleva. 

Segundo: que un niño camine y hable más tarde que su hermano, su primo o su vecino no quiere decir que las notas que vaya a sacar en 6º de primaria vayan a ser peores que las de los susodichos. Ni mucho menos. Lo mismo que un percentil 20 de peso no significa en absoluto que ese niño vaya a ser delgado toda su vida (de hecho, ojalá lo significase). Es como ese compañero de clase en el que no nos fijábamos a los 15 años pero nos lo encontramos a los 35 y… le miramos con otros ojillos. Como la vida misma: el tiempo pone a cada uno en su sitio. 🙂

Tercero: Al igual que un niño puede ir alto en percentil de talla y bajo de peso o viceversa, puede hablar como un loro a los 15 meses pero aún no caminar; o gatear a la velocidad de un F1 ya a los 7 meses y no decir ni pío hasta los 24. Hay de todo, como en botica.

Pediatra comparando los rasgos anatómicos de padres e hijo.

Pediatra comparando los rasgos anatómicos de padres e hijo.

Cuarto: herencia. Si comprobar que un niño «va bajito» no nos extrañará cuando sus padres no superan el metro sesenta, lo mismo ocurre con los hitos del desarrollo; y es frecuente oír a la abuela decir: «Es igual de vaguete que su padre, que no caminó hasta los 18 meses». Por cierto, los pediatras os miramos atentamente a los papás, a veces sin ningún tipo de disimulo, lo reconozco. 🙂 Pero es totalmente necesario. Ya se sabe: quien a los suyos se parece, honra merece.

Quinto: si los percentiles provocan «competiciones» verbales en el parque y en la puerta del colegio («mi niño se sale de las tablas», «pues el mío nunca ha llegado a entrar en ellas»…) ocasionando bastantes quebraderos de cabeza a los progenitores, el asunto de los hitos del desarrollo no se queda atrás. Culo veo, culo quiero. Y acerca de esto, proclamo: que levante la mano quien no se haya preocupado porque su hijo aún no camina, o aún no hace frases. Seas pediatra, maestro, fontanero o astronauta. Yo reconozco haberme agobiado porque Miss Trotona no dijo ni pío hasta los dos años largos… aunque también es verdad que en todos lados cuecen habas.

Sexto: para evaluar el desarrollo global de un niño no es suficiente con consultar las tablas de hitos del desarrollo y ya está: qué va. Pasa lo mismo que en la valoración de la curva de peso y talla, no basta con mirar el percentil y punto. Al pediatra le preocupará un niño que siempre ha ido en el percentil 70 de talla y en pocos meses se coloca en el 20, por muy normal que sea el percentil 20. Lo mismo sucede con el desarrollo: el que mejor puede discernir si éste no es el adecuado es el pediatra de cabecera del niño y por supuesto el neuropediatra. Aunque ya sabéis lo que pienso, porque lo he contado otras veces: doy mucha importancia a lo que me cuentan los padres, y si éstos dicen que les parece que el desarrollo del niño no es normal… me pongo en alerta. Para mí, en la mayoría de los casos, lo que me dicen los padres va a misa.

Observar cómo nuestro retoño va superando hito tras hito es de lo mejorcito que tiene ser padres, y antes de darnos cuenta estamos mandando por whatsapp –cada loco con su tema– a todos los abuelos y tíos el vídeo de la primera vez que dice pa-pá (que manda narices pero siempre lo dicen antes que ma-má). 🙂 Y también es divertidísimo, sobre todo en lo que al lenguaje se refiere (aquí y aquí encontraréis unas cuantas perlas lingüísticas reales como la vida misma).

Por otro lado, hay habilidades determinadas que, sin venir en ningún test o tabla, llenan de orgullo y satisfacción al infante protagonista. Tal es el caso de mi sobri Campanilla, que últimamente ha aprendido a chasquear los dedos y está todo el día haciéndolo, igual que cuando aprendió a silbar y nos puso a todos la cabeza como un bombo… 🙂

En fin, me callo ya, que ya se sabe que por la boca muere el pez… no sin antes descubrir el motivo de tanto dicho y refrán en este post: hoy quiero felicitar a mi amiga la Dra. Ingridbergman, que ya es doctora de verdad pasando además el trago de leer la tesis con un bombo de 38 semanas. De todas las personas que conozco, es la persona que más refranes por hora suelta. 🙂 Enhorabuena, doctorina, y esta es mi cita para tí: lo que sorprende, sorprende una vez, pero lo que es admirable lo es más cuanto más se admira. 

¡Hasta la próxima, amigos villamoquistas!

De tosferina, bebés, embarazadas y vacunas.

¡Hola a todos! Espero que me hayáis echado un poquito de menos este mes. Mi intención no era hacer parón veraniego, ya que a fin de cuentas «sólo» he estado dos semanas de vacaciones; pero ya se sabe, se deja una llevar y cuanto menos hago menos quiero hacer. En verano, como ya he contado alguna vez, los pediatras solemos tener menos trabajo. Y a eso, le añado que mis queridas MissTrotona y MissBerrinche han estado con los distintos abuelos todo el verano, permitiéndonos a su padre y aquí a servidora llevar una vida bastante más relajada que durante el curso. Ito ito ito, viva el veranito! 🙂

Por otro lado, ya sabéis que este blog se alimenta frecuentemente de vuestras consultas whatsappeñas y facebookeras, las cuales en verano han caído drásticamente (me habéis preguntado acerca de oxiuros, estreñimientos y picaduras; pero fiebre y tos, ¡ni una sola vez! qué bien se está sin virus, ¿verdad?). Sin embargo ha habido un tema que he notado está muy en el candelero materno-paternal: la vacunación (y ahora impedimentos para la vacunación) a la embarazada frente a la tosferina.

¿Qué es la tosferina?

Es una infección respiratoria producida por una bacteria, Bordetella pertussis, para la cual existe tratamiento antibiótico. Pero algo tendrá de especial para causar tanto revuelo, ¿no? pues ahí van algunas de sus particularidades:

  • El ciclo de la enfermedad es largo: en total puede durar muchas semanas de principio a fin. Primero hay un período de incubación, luego el catarral (indistinguible de otros catarros) y a continuación la fase que le da nombre: la de la tos paroxística. Finalmente, hay una convalecencia de duración variable en la cual la tos puede seguir dando coletazos.
  • Características de la tos. No es una tos cualquiera: sucede en «ataques» o salvas de muchas toses seguidas que cansan al niño, y que finalizan con un ruido o «gallo» que se produce al coger aire por fin de forma bastante forzada. Aquí tenéis un ejemplo.
  • Es una enfermedad peligrosa para los bebés pequeños. ¿Por qué? Pues por lo mismo -más o menos- que lo es la bronquiolitis: porque el lactante pequeño se cansa más al toser (entre otras cosas), y esta enfermedad puede provocarle pausas de apnea (que significa parar de respirar) o que rechace totalmente comer. Es decir: es una infección que puede ser fatal sobre todo en los neonatos. En cambio, en los niños mayores y en los adultos se suele pasar con bastante elegancia, sin mayores consecuencias… salvo las derivadas del contagio a algún bebé.
  • Y resulta que es una infección muy contagiosa, sobre todo en la fase catarral.
  • Ni la infección «natural» ni la vacuna confieren inmunidad permanente. Es decir, que a medida que pasa el tiempo desde una u otra dejamos de tener defensas y podemos volver a enfermar.
  • Por todo la anterior, sucede que aunque ha disminuido mucho gracias a la vacunación, la tosferina está ahí fuera, como la verdad en Expediente X. Y, de hecho, en los últimos años han aumentado los casos declarados. Y sucede también que tenemos un sector de la población totalmente desprotegido: los bebés desde que nacen hasta que empiezan a recibir la vacuna DTP (difteria-tétanos-tosferina) a los dos meses. ¿Por qué no se les vacuna antes? pues sin entrar en diatribas inmunológicas, (que el sistema inmune es, en dos palabras, im-prezionante), digamos que los recién nacidos no son maduros -inmunológicamente hablando- para responder de forma adecuada.Captura de pantalla 2015-09-09 a la(s) 18.18.13

¿Soluciones al problema?

Dada esta coyuntura, se propuso hace ya años que quizá vacunando a las embarazadas se conseguiría proteger a los recién nacidos. En los enlaces que os adjunto abajo podréis encontrar información seria al respecto, pero os la resumo: por un lado, al vacunar a la madre, se consiguen defensas directas para el bebé puesto que estas defensas (anticuerpos) atraviesan la placenta y llegan al feto. Por otro lado, se alcanza una protección indirecta, ya que si la madre está recién vacunada no enfermará; y ya hemos visto que la principal fuente de contagio a los recién nacidos son los adultos que pasan la enfermedad tosiendo sin mayores consecuencias. El motivo de que la vacuna deba administrarse en el tercer trimestre del embarazo es que la respuesta inmune puede «apagarse» a lo largo de las semanas: si se vacuna al principio de la gestación, en el momento del parto podría no haber ya suficientes defensas.

… Pero aparecen nuevos problemas.

Hasta aquí todos contentos, y todo más o menos claro…  y nuevo giro en el guión debido a la aparición de problemas de desabastecimiento a nivel mundial de la vacuna. Era algo que podía pasar, y pasó… tenéis información aquíaquí y aquí. Y que, espero, se solucionará.

En cualquier caso, lo que me ha llamado la atención es que me consta que ya hay futuras madres realmente angustiadas por no poder disponer de la vacuna. Y me temo que en muchos casos es porque a la hora de explicar las cosas, los sanitarios unas veces no llegamos y otras nos pasamos… y hemos sido tan vehementes apoyando la vacunación que ahora las embarazadas que no disponen de ella temen que sus hijos estén expuestos a un riesgo altísimo de padecer la enfermedad. Bien: tranquilidad. Lo deseable es, por supuesto, que la cobertura vacunal sea universal, pero mientras tanto debemos saber que las posibilidades de que nuestro bebé padezca la enfermedad son bajas, sobre todo siguiendo algunas pautas que por otro lado son de sentido común cuando hay un recién nacido. Una de ellas es restringir al máximo las visitas y por supuesto aquéllas de personas tosedoras. Mi paisana Lucía se «ha mojado» acerca de esto aquí y aquí (y no puedo estar más de acuerdo).

Y con esto finalizo el post-postvacacional con la reflexión post-post de hoy, que no es otra que: MAÑANA ESTE BLOG CUMPLE UN AÑO. QUÉ FUERTE QUÉ FUERTE QUÉ FUERRRRTEEEEE. Gracias a todos los que habéis hecho que siga vivo, con vuestros comentarios y vuestro apoyo, y por supuesto con vuestras críticas siempre constructivas. 🙂 Seguiremos adelante.

Algunas fuentes consultadas en este post:

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25573035

Haz clic para acceder a TosFerina.pdf

Haz clic para acceder a Tos_ferina_en_Espana_2013.pdf

http://enfamilia.aeped.es/prevencion/embarazo-tosferina

Mamá, me duelen las piernas…

Hoy en el blog, un motivo de consulta estrella en Pediatría: los dolores de crecimiento, a raíz de varias consultas whatsappeñas que he tenido en los últimos días.

Primer punto importante: Los dolores de crecimiento, como las meigas, haberlos haylos.

Pues sí, duelen de verdad. Y además, se trata de un tipo muy frecuente de dolor músculo-esquelético en la infancia. Lo que ya no está tan claro es su causa, aunque hoy día no se atribuyen al crecimiento sino más bien a sobrecarga muscular tras el ejercicio habitual del niño. Al final del post os cuento algo más acerca de las posibles causas…

Segundo: el diagnóstico es clínico.

¿Qué quiere decir esto? pues quiere decir que no suele hacer falta pedir pruebas (análisis o radiografías), sino que con lo que nos cuentan los padres o el niño y con la exploración física podemos diagnosticarlos.

¿Y cómo son los dolores de crecimiento? son propios de escolares (no bebés ni adolescentes), y afectan a ambas piernas (a veces más a una que a otra); los suelen referir como difusos, entre las rodillas y los tobillos y más en la cara anterior, y típicamente aparecen al final del día y primera parte de la noche. Incluso pueden dificultar que el niño concilie el sueño, o despertarle. Otro dato muy típico es que mejoran con «masajes», aunque probablemente sin ellos también, en un ratito. Al día siguiente, no hay dolor en absoluto y mucho menos cojera. Pueden aparecer varias veces al mes, o incluso en «rachas» de varias veces a la semana para desaparecer después durante un tiempo variable. Normalmente cuando se consultan con el pediatra ya llevan un tiempo sucediendo.

¿Y qué encuentra el pediatra en la exploración física? Nada anormal.

"Los problemas crecen" era en realidad "Dolores de crecimiento"... aunque no sé si yo hubiera visto una serie con ese nombre.

«Los problemas crecen» era en realidad «Dolores de crecimiento»… aunque no sé si yo hubiera visto una serie con ese nombre.

Tercero: son benignos.

Quiere esto decir que no producen secuelas a corto, medio ni largo plazo. Lo único malo que tienen es lo molestos que son, pero se acaban pasando. Por cierto: el que la duración de los dolores sea ya de meses no le aporta gravedad, más bien al contrario.

Finalmente, no es propio de los dolores de crecimiento:

El cuadro clínico es tan característico que es necesario un estudio en mayor profundidad cuando los síntomas «se salgan del guión», a saber: que afecten siempre a una sola pierna; que sean de comienzo reciente y coincidan con empeoramiento del estado general del niño; que se asocien a fiebre; que se detecte hinchazón de alguna articulación; que sean de predominio matutino; que provoquen cojera durante el día; etc. Si existen dudas, una analítica o prueba de imagen pueden ayudar a detectar enfermedad. En internet encontraréis kilos de información al respecto, porque entre otras cosas esta entidad (¡porque no voy a llamarlo enfermedad!) es una vieja conocida de los pediatras y reumatólogos/traumatólogos infantiles.

Volviendo a las causas, y aquí me dirijo sobre todo a mis compañeros pediatras: últimamente he percibido (en la literatura científica, congresos, secciones de salud de los periódicos, etc) que la vitamina D es «el perejil de todas las salsas» o mejor dicho que sus bajos niveles podrían ser los culpables de infinidad de patologías. Vaya por delante que no he investigado en serio al respecto aún (lo intentaré), pero -por probar- puse en PubMed «growing pains vitamin D», y me salen nada menos que 20 artículos. Ojeando, encontré lo que suponía: se busca evidencia acerca de la asociación entre déficit de dicha vitamina y los dolores de crecimiento. Como siempre: hacen falta más estudios…

Apunte pos-post: Puede que las causas no estén claras, pero que doler, duelen, doy fe. ¡Yo aún me acuerdo! 🙂

 

 

Los niños y el dolor.

Se me ha ocurrido hablar hoy del dolor infantil a propósito de algunas situaciones vividas en los últimos días, algunas en la consulta y otras en el ámbito villamoquil. Esto nos pasa frecuentemente a los pediatras, por cierto: cuando tenemos hijos, a menudo vivimos lo mismo en el hospital y en casa, y de ambos entornos aprendemos. 🙂

Históricamente y hasta no hace mucho se concedía escasa importancia al DOLOR (así, en mayúsculas) como parte importante del proceso de enfermedad en un niño; los esfuerzos se centraban en diagnosticar la enfermedad, averiguar sus causas, e iniciar el tratamiento. Me refiero a todo tipo de situaciones clínicas frecuentes en Pediatría, tanto una brecha en la barbilla como una neumonía. En el pasado, se creía que los niños incluso sentían menos dolor, a consecuencia de una supuesta inmadurez de su sistema nervioso; y que, si lo sentían, se les olvidaba más fácilmente. En definitiva, existía una corriente minimizadora del dolor en el niño. Pero… nada más lejos de la realidad.

Lo que está claro es que el dolor es un síntoma con particularidades en el paciente pediátrico. Para empezar, porque muchos no saben hablar, y el dolor hay que interpretarlo. Además, porque el niño es un individuo que LLORA con más frecuencia que un adulto (vale: no siempre 🙂 ), lo que implica que nos impresione más el llanto de éste que el de aquél. También porque se tiende a medicar menos a los pacientes infantiles, incluyendo la analgesia; y, por qué no decirlo: en épocas pretéritas (¡qué palabra!) el niño ocupaba lo más bajo del escalafón social.

Como muchos sabéis, me dedico a la Reumatología infantil, una de las subespecialidades de la Pediatría. Veo todos los días niños cuyo motivo de consulta es el dolor de distintos colores y pelajes. También hago guardias en Urgencias y en planta. Todo esto significa que estoy familiarizada con el dolor en el niño, y que en estos años he sacado algunas conclusiones que os pongo aquí, con intención también de conocer vuestras opiniones (¡que los comentarios en un blog dan solera y vidilla! 🙂 ), que no siempre coincidirán con las mías, claro.

Si la madre (o el padre) dice que le duele, es que le duele. Punto. Esto me parece una verdad casi absoluta.

Los niños son muy nobles con su cuerpo, muchísimo más que los adultos. Si algo les duele, aunque sea por un motivo banal, lo protegen. Un niño jamás se pondría voluntariamente unos zapatos que le hacen daño (por muy bonitos que le parezcan), ni un jersey con una etiqueta que le roza (aunque tenga un dibujo del mismísimo Doraemon). Así, podemos encontrar rechazo a caminar en un nene de 20 meses que tiene una ampolla en el pie al día siguiente de estrenar sandalias. Un adulto con la misma ampolla tiene que ir a trabajar, a la compra y a recoger a los niños del colegio. Un niño pequeño no conoce obligaciones: prefiere no caminar, que así no le duele, y listo.

Los niños tienen mucho miedo al dolor. Supongo que es un instinto atávico, y desde luego en ningún modo me parece menor que en el adulto; al contrario. El adulto tiene la capacidad de entender determinadas situaciones y anticiparse a ellas (punción para analítica), y el niño a menudo no… con lo cual no está preparado para prever las situaciones dolorosas, sino que le vienen dadas de improviso. En este punto, soy totalmente partidaria de explicar a los niños los procedimientos. Mi sobrina Campanilla y Miss Trotona son dos ejemplos de niñas pinchadas a los 3 años sin inmutarse, en gran parte gracias a la explicación previa (y a la pericia de la enfermera, claro está). 🙂

– En cambio, ya hablando de síntomas muy frecuentes en los niños: se tiende a tratar más la fiebre que el dolor, y eso que se usan los mismos fármacos. La fiebre da más respeto y creo que incluso hay (en general) sobretratamiento de la misma.

– Por supuesto que un niño se puede inventar un dolor. Pero si sospechamos que es así, de ningún modo esto le quita importancia. Sigue siendo necesario prestar atención al síntoma, porque puede ser la punta del iceberg de otros problemas más serios.

– Además, los niños son malos simuladores, en general. Se les caza pronto. Angelicos. 🙂 Enternecedor pillar a Miss Berrinche cojeando ahora de una pierna, ahora de la otra, por error. Pero ya he contado otras veces que nada la haría más feliz que llevar amuletas por un día… 🙂

 Y me pongo seria de nuevo: la práctica pediátrica debe encaminarse a EVITAR el dolor, bien previéndolo, bien tratándolo. Esto no lo digo yo, que no soy nadie en la materia: esto lo dicen los expertos en el dolor pediátrico. Pero de lo que soy responsable como pediatra es de poner todo de mi parte para que sea así; por muy liada que esté la guardia o por rápido que vaya a ser el procedimiento, debemos darle al dolor la importancia que tiene, que es MUCHA.

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Miss Berrinche cojeando tras su hermana, en Saint Emilion.

[Miss Berrinche, cuando lea este post en el futuro: «Mamá, ya sé por qué escribiste ese post ese día de julio… fue por mis ampollas de los pies después de tanto bailar en la boda de los primos, ¿a que sí?»]

Felicidades, M y J: ¡que seáis muy felices! 🙂

¿Qué buscas en tu pediatra?

Aunque no tengo muchos años de experiencia como pediatra (servidora es treintañera… por poco tiempo, 🙂 pero treintañera), algo que me suscita bastante curiosidad es la respuesta a la pregunta que da título al post. Como padre o madre, ¿Qué esperas de tu pediatra? ¿Crees que coincide con lo que tu pediatra aspira a mejorar como profesional?

Le he dado alguna vuelta al tema y he llegado a la conclusión de que padres y pediatras no siempre coincidimos totalmente en los objetivos a alcanzar mediante la visita médica. Me gustaría saber vuestra opinión, y aquí os pongo la mía:

Creo que los padres valoráis mucho que os den un diagnóstico acertado. Pero esto no siempre es posible, qué más quisiéramos los pediatras; es más, diría que un alto porcentaje de los motivos de consulta pediátricos se solventan de forma totalmente correcta con un diagnóstico orientativo y con unas indicaciones claras. Ejemplo: la fiebre parece corresponder a un catarro (o lo que es lo mismo, no corresponde a una causa más grave, como os explicaba aquí), y es suficiente con vigilarlo y aliviar los síntomas. O bien: el nene tiene una gastroenteritis (aunque no sepamos el bicho culpable) y lo importante es reponer las pérdidas y vigilar el grado de hidratación. Sin embargo, muchas veces a los papás os extraña que no podamos decir exactamente por culpa de qué microbio el niño tiene fiebre o diarrea. Esto creo que a menudo es un error nuestro: debemos explicaros mejor lo que implica nuestro juicio clínico «síndrome febril de probable origen vírico», porque creedme que muchas veces nos cuesta -MUCHO- llegar a esa conclusión por otro lado tan habitual. En este aspecto, a veces podéis echar de menos que hagamos más pruebas para alcanzar el diagnóstico definitivo. En cambio, nosotros aspiramos a pinchar y radiar a los niños lo menos posible, si es que estas pruebas no nos van a hacer cambiar la actitud (el tratamiento de un catarro es el mismo, sea por un virus u otro). Y lo hacemos, evidentemente, por el bien de los niños.

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Autora Emma Cano (sacado de su web). Me encanta su obra y en particular «luz en hipocratia». http://www.emmacano.com

Siguiendo en la misma línea, creo que los padres valoráis mucho que vuestro pediatra os EXPLIQUE las cosas, os ofrezca la posibilidad de preguntar cuanto más mejor, y os dedique el mayor tiempo posible. Como ya he dicho, quizá en esto a veces nos quedamos cortos, lo reconozco; pero la presión de tener otros 20 niños por atender juega en nuestra contra. Por otro lado, la Urgencia no es el ámbito más adecuado para hablar largo y tendido de la alimentación complementaria del niño o la retirada del pañal. Pero no me cabe duda de que esta es una asignatura pendiente en las facultades… enseñar a mejorar la comunicación médico-paciente. Normalmente, lo que busca un pediatra con la sala de espera a rebosar es ser eficaz y operativo; es decir, detectar los niños más graves para darles prioridad y decidir rápidamente la actuación más adecuada en cada caso. Y optimizar el tiempo, siempre (creedme: no nos gusta nada que estéis tres horas en la sala de espera de Urgencias)… y por eso a veces no podemos (literalmente no tenemos más minutos disponibles) pararnos demasiado a explicar.

Otra de mis impresiones es que, además de buscar un diagnóstico riguroso, los padres esperáis que os indiquemos un tratamiento… y de nuevo os extraña si no lo hay. Además, este es el escenario de la mayoría de enfermedades pediátricas, es decir las víricas: que no tienen tratamiento específico. Nada nos gustaría más a los pediatras que apareciera un fármaco (o familia de fármacos… por soñar, que no quede) que sirviera para curar el catarro al igual que un antibiótico cura una neumonía bacteriana. Pero no lo hay. Los pediatras, en general, aspiramos a indicar cuantos menos tratamientos, mejor. Porque NO hay fármaco sin efectos secundarios, por leves que éstos sean; y si un fármaco no nos va a reportar un beneficio, NO hay que pautarlo.

Algo que he observado también muchas veces es que los padres valoráis la concordancia en la información entre varios médicos. Este es un punto importante y peliagudo, porque efectivamente a menudo dos pediatras no piensan igual acerca del estreñimiento del niño (por ejemplo). Pero lo importante no es esto… lo importante es que es muy posible que la actuación que sugiere el pediatra A sea correcta y la que propone el pediatra B, también. Quiero decir que un mismo problema de salud puede tener distintas formas de abordaje siendo todas correctas. Por supuesto, no estoy hablando de los errores diagnósticos, que desafortunadamente a veces los hay; estoy hablando del día a día, de lo que os sorprende que un pediatra os indique Positón para la dermatitis del pañal y otro, Mycostatín. En este aspecto soy de las que piensa que no es buena idea consultar con muchos pediatras diferentes… suele generar confusión en los papás.

Y para terminar: me parece que obviamente los padres buscáis un profesional accesible y asertivo, y que sepa lidiar con los nenes. Esto es lógico: todos buscamos una actitud amable en cualquier profesional al que nos dirigimos. Pero creo que en Medicina en general y en Pediatría en particular esto es un dato importante. Uno se siente muy frágil como paciente o como familiar, y cada afirmación de nuestro médico, cada gesto, cada exclamación y cada sugerencia se nos quedan grabados de forma indeleble. Porque hablamos de la salud de nuestros nenes y eso es lo más importante, ¿verdad? En este aspecto pienso, de nuevo, que hay mucho que mejorar (y como veis no se me caen los anillos al reconocerlo).

Seguro que se me ocurrirían más cosas de no haber escrito este post en media hora escasa… y me encantaría saber vuestras opiniones.

(Miss Berrinche dentro un tiempo, al leer este post: «Pues mami, tú decías que mi estilo era el «chaqueta de un guardia style», pero el tuyo… ¡el tuyo es «camisa de once varas style»!)

Pediatría veraniega.

¡Ya está aquí el verano, por fin! Y con él, la mayor tranquilidad en Urgencias pediátricas: los niños tienen menos infecciones, y por tanto menos fiebre, menos mocos y menos tos. Ya os he contado otras veces que los virus prefieren el clima frío; además, durante el curso escolar los niños están juntitos en guarderías y colegios, por lo que los contagios están servidos.

Durante el invierno, poco podemos hacer para evitar que nuestros retoños se pongan malos por cualquiera de los virus que pasaban por allí (salvo para los que existe vacuna, ejem ejem); en cambio, si algo caracteriza a los problemas pediátricos de salud durante el verano es que muchos de ellos son prevenibles, y con esto quiero decir evitables.

Estos son algunos de ellos, y aprovecho para enlazar la información que me ha parecido más útil de lo que se ha ido publicando en la blogosfera pediátrica.

Foto de Miss Trotona que me envió ella misma desde el whatsapp de su abuela, porque le preocupaba el cariz que estaba tomando la picadura... chica lista.

Foto de Miss Trotona que me envió ella misma desde el whatsapp de su abuela, porque le preocupaba el cariz que estaba tomando la picadura… chica lista.

1.- Picaduras y complicaciones de las mismas. Un auténtico golden hit veraniego. En cuanto a las picaduras de mosquito, no son peligrosas en general aunque a veces la reacción local es bastante llamativa. Además, si el niño se rasca, la picadura puede sobreinfectarse por una bacteria habitual de la piel –Staphylococcus aureus– como puede verse en la foto adjunta, a la sazón del dedo de mi querida hija mayor. Si esto pasa hay que aplicar pomada con antibiótico para evitar que la infección avance. Las picaduras de mosquito son BASTANTE evitables con repelentes de distintos tipos: en este post tenéis unas cuantas recomendaciones. También en el mismo blog de la boticaria encontramos información acerca de las picaduras de medusa.

2.- Quemaduras solares. Pues sí, con todo el arsenal de cremas y sprays de que se dispone hoy en día aún se achicharra algún niño que otro. Con el sol no hay que jugársela, que la piel tiene memoria… a los enanos, embadurnadlos como si no hubiera un mañana con protector solar. Todo lo que hay que saber acerca de esto, lo tenéis aquí.

3.-Fracturas y otros traumatismos. A ver: claro está que los niños tienen que jugar y hacer el cabra. Pero podemos dotarlos de ciertas armas protectoras para que, de haber descalabre, no tenga mayores consecuencias. Hablo de usar casco SIEMPRE que van en bici, de educarles para que sean prudentes y de colocarles los protectores pertinentes si patinan. Y como contaba yo aquí, no permitirles acceder a zonas de juego no aptas para su edad (me refiero a niños de 6 años en parques infantiles para mayores de 9, con columpios y «rocódromos» de dos metros de altura, o sea, más altos que un andamio).

4.- El temido «corte de digestión». O lo que es lo mismo: el temor de abuelas y madres de los niños ochenteros, como yo. El nombre correcto es hidrocución. Y sí, puede pasar aunque no es frecuente. Aquí nos habla de ello Lucía. Como en todo, prudencia y sentido común: no es lo más sensato tirarse de golpe al agua helada de las Islas Cíes (un suponer) a los dos minutos de haberse zampado dos platos de paella y un helado.

5.- Golpes de calor y deshidratación (Punto a punto, me voy poniendo cada vez más seria…). Los niños se defienden peor de las altas temperaturas que los adultos: cuidado con exponerlos al calor, aunque sea a la sombra. Es importante saber que en la playa, a la una del mediodía (incluso bajo la sombrilla), la temperatura puede ser peligrosa para un bebé. Y dentro de un coche sin aire acondicionado, ni te cuento.

Esas obras de verdadera ingeniería civil para las que necesitan un buen factor de protección….

6.- Viajes en coche. La obligatoriedad de usar métodos de retención adecuados para los niños ha disminuido drásticamente la mortalidad infantil por accidentes de tráfico. Poco que decir al respecto que no sepáis; salvo que en período vacacional puede haber tentaciones del tipo «no pasa nada porque vaya en el coche de los tíos aunque sea sin sillita, si son sólo 5 kilómetros»…pues no. En sillita siempre. Cuando nacieron las nenas casi nos volvemos locos descifrando los distintos tipos de grupos de sillas, sujeciones y demás; toda la información necesaria y actualizada, aquí. 🙂

7.- Ahogamientos, «semiahogamientos», y ahogamientos secundarios. Lo he dejado para el final porque en este blog nos cuesta ponernos serios… aunque con este tema, pocas bromas. En este post, Pediatra de Urgencias os explica lo más importante y poco tengo que añadir, salvo quizás que en mi experiencia (muchísimo menor) los ahogamientos pueden ser incluso más frecuentes si hay mucha gente alrededor de la piscina (que suele ser una piscina privada, de una casa individual y sin socorrista lógicamente). Me explico. Si una madre está sola con dos niños, es difícil que los pierda de vista, porque ella es la única responsable. Si hay 10 adultos, entre padres, tíos, abuelos y amigos… y otros tantos niños, es más fácil que cada uno piense que ya está otra persona vigilando a los niños. Y es entonces cuando ocurre la desgracia, sin que nadie realmente se percate. Así que: los niños pequeños en piscinas sin socorristas -¡y con ellos!- NUNCA, NUNCA, NUNCA deben perderse de vista. Y si tienen vallas protectoras mejor que mejor: nunca es poco en este aspecto.

(Miss Berrinche leyendo esto en el futuro: pues mami, decías en el anterior post que yo era «chaqueta de un guardia style» con los deberes, pero anda que no has sido vaga tú, recopilando las entradas de otros…) 🙂

(Y no puedo evitar sonreír cada vez que me acuerdo de aquél día de 2005, en Asturias, teniendo 3 mesecitos Miss Trotona. Mi madre, a la que siempre le costó aprender inglés, me dijo: «¿a la nena la llevamos en la silla WARNING, verdad?» …Se refería a la Maxicosi, que servía tanto para silla de paseo como para sistema de sujeción del coche, y llevaba una pegatina enorme en el frontal que advertía -WARNING- de no colocarlo sin desactivar previamente el Airbag. Mi madre lo primero que leyó al ver la silla fue WARNING, y con WARNING se quedó…) 🙂

 

Vacuna a tus hijos, por favor.

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Tenemos una mala noticia, y es el diagnóstico en España del primer caso de difteria desde el año 1987. En un niño no vacunado. No vacunado, según los medios, por decisión de sus padres. Y su situación es tan grave como para estar en la UVI. Sinceramente, tenía bastante «olvidada» esta enfermedad, archivada en mi memoria médica en el mismo cajón que la viruela; aquí tenéis información acerca de la difteria. Por cierto: olé por los médicos que la sospecharon y la diagnosticaron.

Creo que en el título del post queda clara mi postura. Digo esto porque, como muchos me consideran una pediatra algo hippy (defiendo la lactancia materna, el baby led weaning y el porteo, por ejemplo), alguna vez me han preguntado cuál es mi opinión respecto a las vacunas. Porque sorprendentemente existe en algunos colectivos de padres el concepto «pack crianza hippy» que incluye lo anterior y además la devoción por la medicina alternativa y la creencia en la homeopatía, y el rechazo a la medicina tradicional y con ella las vacunas. Pues NO. Nada tiene que ver el culo con las témporas, con perdón.

HAY QUE VACUNAR A LOS NIÑOS. Así lo recomienda sin titubeos la Medicina Basada en la Evidencia. No voy a enumerar los beneficios: a día de hoy ya son OBVIOS. No admiten discusión. No podría resumirlos aquí. Son muchas décadas de ciencia detrás y muchas -cientos de miles, millones- de muertes evitadas.

Y no comprendo los movimientos antivacunas: ¿qué hace que un padre o madre escoja la opción peor para su hijo? Es sorprendente. Es como decidir no ponerle el cinturón de seguridad en el coche para salvarle la vida puesto que se han descrito casos de quemaduras por el roce del cinto con la piel del niño en caso de frenazo. Absurdo. Pero además es una decisión que no sólo perjudica al propio niño: también a los niños que le rodean. ¿Habrá estado el nene de la noticia de hoy en contacto estrecho con neonatos o inmunosuprimidos? No vacunar es una opción egoísta: la inmunidad de grupo o rebaño protege con pocas fisuras al niño no vacunado. Es cierto: la mayoría de ellos pasarán su infancia sin más ni menos sustos que el resto de sus congéneres correctamente vacunados.

Madre mía: si Jenner levantara la cabeza…

PD: También ha habido una buena noticia: la vacuna frente al meningococo B estará disponible en farmacias. Como en el resto de países de nuestro entorno. El meningococo produce meningitis «de la mala». Los pediatras sabemos lo que ha cambiado el panorama desde que hay vacuna frente a los otros bichos meningíticos (neumococo, haemophilus…), así que lo incomprensible fue su veto para la comercialización en las farmacias. Pero quedémonos con el buen resultado final, que es lo que cuenta. Espero que pronto se incluya en el calendario vacunal.

PD: Ah, y ya puestos, también espero que la vacuna de la varicela vuelva a ser financiada e incluida en el calendario de todas las comunidades autónomas.

 

Los piojos. Ay, los piojos.

Los piojos han estado acompañándonos desde los albores de la humanidad, y mucho me temo que seguirán haciéndolo. Y si bien no son un problema grave de salud, suponen una molestia para los niños y una preocupación para los padres: puede llegar a ser muy pesado y muy difícil mantener las cabelleras de nuestros hijos libres de visitantes.

Confieso que escribo este post básicamente para desahogarme, porque la semana pasada fue dura en Villamocos piojísticamente hablando 🙂 ; pero también porque acaba de publicarse una revisión del tema nada más y nada menos que en Pediatrics. A mí me ha faltado tiempo para leerla, y algunas cosas me han llamado la atención.

Miss Berrinche pegándole, quizá, algún piojo a la prima Campanilla

Miss Berrinche pegándole, quizá, algún piojo a la prima Campanilla

– La primera vez que un niño coge piojos, puede no sentir picor hasta pasadas varias semanas, que es lo que tarda el cuerpo en «sensibilizarse» a la saliva del piojo y reaccionar. O sea, que puede haber retraso en el diagnóstico si no revisamos las cabezas de los niños, aunque no se rasquen. Y quiere esto decir que si tienes hijos entre 0 y 18 años, revísales el pelo periódicamente (por encima de 18 ya no creo que se dejen 🙂 ).

– Las liendres vivas (o sea, con piojillo creciendo en su interior) necesitan una temperatura cálida para desarrollarse. Por eso los piojos las ponen casi en la raíz del pelo, cerca de la piel, donde se emana calor. A temperaturas menores (por ejemplo en el sofá de casa), se mueren pronto, y lo mismo los piojos. De hecho, las liendres agarradas a más de un centímetro del cuero cabelludo no tienen mucho futuro. Por esto mismo, el contagio se produce sobre todo por contacto cabeza-con-cabeza. En peines, sombreros y sábanas, liendres y piojos sobreviven poco tiempo (mira, una buena noticia), aunque no está de más que les digamos a nuestras fieras que no se anden intercambiando gorros y cepillos.

– Y vamos con el tratamiento. Nunca debe utilizarse un fármaco pediculicida (que significa matapiojos) a no ser que se haya demostrado la infestación. Porque si hay algo que toda madre sabe es que, al minuto y medio de descubrir liendres en el pelo de nuestro retoño (y no te digo un piojo correteando), ya me está picando locamenti. Pero ojo: que notemos picor no significa que haya piojos. Y ¿Por qué no hay que tratarlos «de más»? El motivo es el mismo que el que en el caso de los antibióticos: si se usan de forma incorrecta, el bicho se hace resistente y el fármaco deja de ser efectivo. Una vez demostrada la presencia de piojos, hay que matarlos sin piedad, con las diversas opciones disponibles en nuestro país además de la citada permetrina: siliconas y alcohol bencílico, todas estupendamente descritas aquí y aquí. En la publicación del Pediatrics que he leído destacan el papel de la Ivermectina tópica; lo que no sé es si su formulación y venta en farmacias en nuestro país es viable a día de hoy (y si algún/a farmacéutico/a nos saca de dudas, lo agradezco 🙂 ). Además de los tratamientos farmacológicos están los remedios naturales, como el aceite del árbol del té o el vinagre: pero siento decir que no han demostrado científicamente su poder matapiojos. Según el artículo del Pediatrics, tampoco lo han hecho los tratamientos «oclusivos» como la margarina, la mayonesa o la mantequilla (¿?), y desaconsejan el empleo de productos inflamables como el queroseno o la gasolina (oh my dog… ¿en serio alguien los ha usado?).

– Y, para revisar cabezas o retirar piojos muertos: pasar la liendrera. La última tendencia que se demuestra tan efectiva como inocua, el wet combing, consiste en hacerlo sobre pelo empapado en suavizante; y no sólo porque así el grado de tortura para el infante es menor, sino porque este sistema puede servir para sacar piojos vivos (con el suavizante no pueden agarrarse al pelo). Y una vez el pelo está seco, y cuantas más veces mejor (de esto no hay dosis máxima): revisar y retirar manualmente toda liendre que se detecte. Los de Pediatrics dicen sin pudor que «es una forma de que padre/madre e hijo pasen tiempo juntos». Hombre: no te digo yo que no, pero preferiría ir al cine.

Pero en mi opinión, el problema no está en eliminar los piojos: tenemos muchas opciones en la farmacia. En Villamocos, el escenario es el siguiente. Una vez detectada la infestación, procedo a activar el DEFCON 2 despiojante: loción de permetrina a discreción, tiempo adecuado para que actúe bajo gorrito de plástico, lavado de pelo con champú también antipiojos, embadurne de suavizante y wet combing concienzudo. Aclarado, secado del pelo al aire, y nueva revisión visual. Y otra, y otra más. Es pesado, pero hoy por hoy es la única manera. Finalmente, respiro satisfecha viendo a mi descendencia completamente despiojada.

…Y ahora viene lo terrible: a los dos, tres o cuatro días de cole, los piojos han vuelto. Desesperante. Y vuelta a empezar.

Así que mi reflexión pospós (o sea post-post) es ésta: no es tanto el problema para matar los piojos, que haber, hay muchos productos, sino que haya reinfestación. Y para esto me temo que la única opción es que todos seamos responsables y solidarios. Por muy desalentador y pesado que sea el proceso, hay que hacerlo una y otra vez. Despiojando a los niños nada más detectar el problema. Y no sólo por nuestros niños, sino para que no contagien a los demás. Y más pronto que tarde: es decir, nada más detectarlo.

¿Qué es la sinovitis transitoria de cadera?

Hacía bastante que no abordaba una patología pediátrica concreta, probablemente porque con la llegada de las temperaturas más cálidas los virus se han relajado y nos han dado un respirito: a los niños, a los padres y a los pediatras, por este orden. Y las consultas whatsappeñas, claras inspiradoras de mis posts pediátricos 🙂 , también han disminuido.

Pero hete aquí que el otro día me pidió una amiga que le explicara qué era la sinovitis transitoria de cadera que le habían diagnosticado a su hijo de 5 años. Me sentí como Carrie Bradshow en aquél capítulo de Sexo en Nueva York, en el que en una entrevista de trabajo contesta: «Quizá no sepa nada de hombres… pero, ¿de zapatos? de zapatos, SÍ SÉ«. Pues como mi día a día pediátrico se centra en gran parte en el sistema musculoesquelético, me entregué a la causa de explicarle a mi amiga la vida, obra y milagros de la STC (que son las siglas de esta enfermedad).

¿Qué es la STC? pues se trata ni más ni menos que de una artritis de cadera. ¿Y qué es una artritis? pues es una inflamación de la articulación. Todas las articulaciones tienen un poco de líquido: el líquido sinovial. Si se inflaman (=artritis), aumenta la producción del mismo, acumulándose dentro de la articulación haciendo que ésta duela y esté limitada en su rango normal de movimiento.

¿Cómo se presenta la STC? pues típicamente afecta a niños de entre 3 y 9 años, pero sobre todo de 5-6 años, y más habitualmente varones. Por debajo de 3 y por encima de 9 años es muy rara. Empieza como un dolor de intensidad variable en la ingle, que puede irradiarse a la cara interna del muslo e incluso a la rodilla. No es raro de hecho que los niños consulten por «dolor de rodilla». Además, hay limitación en la movilidad de la cadera. En consecuencia, el niño cojea, e incluso rechaza caminar.

¿Y por qué se produce la STC? a día de hoy no se sabe con certeza, pero sí es conocido que suele ocurrir después de (y a veces, durante) una infección normalmente catarral. A lo mejor habéis oído alguna vez a alguna madre -o abuela- decir: «Se le ha bajado el catarro a la cadera«. Bueno, pues no es exactamente así, pero una cosa se sigue de la otra, cierto. Es decir: NO es una infección en sí de la articulación, sino una forma que tiene el cuerpo de reaccionar tras una infección normalmente vírica. Misterios de la pediatría.

¿Y cómo se diagnostica? Pues se trata de un cuadro clínico tan característico que no hace falta hacer demasiadas pruebas. De hecho, la STC es el único tipo de monoartritis (o artritis de una sola articulación) que no hay que pinchar para obtener líquido sinovial y analizarlo. La única prueba «estrictamente» necesaria (lo entrecomillo porque, como siempre en Medicina, hay matices) es una radiografía de cadera para comprobar que no hay lesiones óseas. La ecografía también ayuda, pues de forma inocua y rápida muestra el abombamiento de la articulación, llena de líquido. El diagnóstico se confirma comprobando cómo efectivamente se resuelve sola en pocos días… y si no es así, tendremos que hacer otras pruebas.

¿Y cómo se cura? este es el punto fundamental: se cura SOLA y no deja secuelas de ningún tipo. Y se cura pronto: en 3-5 días el niño ya está corriendo de nuevo. Es entonces cuando podemos definitivamente llamarla transitoria, cuando vemos que se resuelve. No obstante, cuando la sospechemos, es beneficioso indicar ibuprofeno para aliviar el dolor. Y, aunque tradicionalmente se ha indicado hacer «reposo», la verdad es que no es necesario hacerlo: un niño no tiene ningunas ganas de moverse cuando tiene dolor, os lo aseguro. Y, por otro lado: la mejor manera que tenemos de saber que nuestro paciente ya está mejor es cuando decide que ya quiere saltar y correr (y no suele haber quien les pare).

sport-kid.net

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¿Y hay otras causas de artritis de cadera? Pues sí que las hay, y algunas potencialmente graves como las infecciones bacterianas. Por eso es importante que, si la sinovitis no se resuelve rápidamente, o el cuadro clínico no está claro, estudiemos la artritis en mayor profundidad. Y a esta última pregunta le doy la vuelta: ¿Toda cojera en un niño es una sinovitis transitoria de cadera? pues definitivamente no. No todo el monte es orégano, y quizá la STC esté «diagnosticada de más» en opinión de muchos. Sobre todo, si hablamos de niños pequeños (menores de 3 años).

En cualquier caso, es una patología que por lo repentino y florido de su presentación (puede ser muy dolorosa) asusta muchísimo a los papás; pero todo lo que tiene de aparatoso en su presentación lo tiene de benigno en su evolución. Es decir, que en el preocupómetro paternal del que os hablaba aquí, debe puntuar poco. 🙂

Y como hoy estoy muy contenta, me despido con 7 minutos deliciosos (Trío Arbós, Premio Nacional de Música 2013). Que los disfrutéis. 🙂