… Que se acaba 2016!

Se acaba 2016, sí. Un año que para mí empezó más bien mal (hospitalizada, de hecho) y que luego fue mejorando sin parar hasta convertirse en uno de los mejores años de mi vida. 🙂 Será porque me convertí en cuarentañera, ¡quién sabe!

¿Qué ha pasado con el blog?

Pues lo que me imaginaba ya el año pasado, y el anterior: el blog ha seguido vivo. Y dándome alegrías… los hijos tardíos suelen hacer eso. 🙂

Estadísticas

  • Tráfico: en 2016 han entrado a bucear por Un fonendo en Villamocos 70.000 personas. 🙂 El post más visitado sigue siendo, como en 2015, Consejos que me hubiera gustado recibir de R1. Coñe: jamás habría imaginado que este post tendría tanto tirón, pero así es el mundo blogger. Inescrutable. 🙂 Otras entradas muy visitadas han sido las relacionadas con dos trending topics pediátricos: la vacuna Bexsero y los piojos.
  • El país que más visitas ha registrado es, cómo no, España. En segundo lugar, México, seguido de cerca por R. Dominicana y después EEUU/Argentina. Sigo alucinando con los lectores que cada día me leen desde el Caribe. 🙂
  • Términos de búsqueda: como diría mi madre, “Vive Dios que esta sección es divertidísima, nena“. 🙂 Como conté aquí (vale la pena rememorarlo, aunque sólo sea por el “retoño en los pastos produce fiebrón” o “consecuensias de jugar chiligüili) los términos de búsqueda son las palabras que tecleadas en buscadores conducen a mi blog. Las más graciosas de este año han sido: “tos desesperación” (así sin anestesia, directo al corazón), Porqué se me hizo una bomba de agua en un moco (no tengo palabras), “Bexsero no hace crecer cabeza del bebé (que yo sepa, no), Qué hay que hacer en guardias de Urgencias (¡esto es el paradigma del residente optimista: buscar en Google el día antes de la primera guardia!), “Síndrome del residente saliente de guardia” (ya te lo digo yo: pues es que puedes hasta comprarte un coche en un arranque de valentía; o cortarte el pelo al uno; o no estar saliente sino salido de guardia, que es lo mismo pero no é iguá), Cuál es el récord de más piojos sacados” (no quiero pensar en la pobre madre que escribió esto).
  • Top moments (Lo he puesto en inglés porque me ha salido la vena cosmopelotita). Sin duda fueron: cuando anuncié que mi bitácora cambiaba de rumbo. Lo haría hacia un blog más intimista y menos pediátrico, pero fiel a mi espíritu un tanto majara siguió siendo bastante pediátrico… :-). Otro golden hit fue cuando hablé de la lactancia materna, por supuesto. También gustaron los posts relacionados con el aborto y con el parto, y para finalizar el año, el post en el que me destapé a mis 40. 🙂
    En este carpeta vino mi contrato.

    En este carpeta vino mi contrato.

Aunque lo gordo estaba por llegar.

No me imaginaba yo, con la pedazo fiesta que tuve, y con el montón de regalos que recibí, que al llegar agotada a casa de mis padres en Oviedo a intempestivas horas de la madrugada, mi consorte y mis queridas hijas se iban a venir arriba con la entrega entusiasmada del último y más importante regalo. Nada más y nada menos que un contrato con una editorial para escribir un libro. Autopublicación, le llaman, susto para mis entretelas, lo llamo yo. Que eso es como si cojo y le compro a mi santo un dorsal para correr la maratón de Boston. Que digo yo que igual le hace ilusión, quién sabe, pero un poco de intríngulis por sus carnes seguro que le transmite…

Así que sí, afrontemos el 2017 escribiendo más (la tesis, de paso… que presume de telarañas), y lo que se tercie.

Gracias por seguir todos ahí, villamoquistas. Se os quiere. 🙂

 

 

Cuando vienes a Madrid…

Hubo un día en que la torre de La Paz imponía. :-)

Hubo un día en que la torre de La Paz imponía. 🙂

Siempre que regreso a Madrid desde mi antiguo hogar en Asturias, aparte de sentir mucha un poco de pena, me acuerdo de nuevo de todas las cosas que me llamaron la atención cuando me mudé aquí hace ya 15 años. Y el caso es que, hablando con otras personas emigradas desde “provincias”, me he dado cuenta de que todos hemos vivido más o menos lo mismo… 🙂 Concretamente mis ya habituales colaboradoras Tita Geóloga, Dra. Rayoquenocesa, Dra. Spock y Dra. Ingridbergman, que también plasman aquí sus vivencias.

Cuando vienes a vivir a Madrid,

  • Vas a saber lo que son los atascos. Pero los de verdad, de dos horas parados en la A6 o una hora en Plaza Castilla. Al principio, te enfadarás, dirás que no es posible, que nadie en su sano juicio puede arriesgarse a salir de Madrid un puente, que es incompatible con la vida. 😉
  • Y hablando de tráfico: calles de 5 carriles incluyendo las rotondas, motos por todos lados, el galimatías de la M30, 40, 50, radiales, túneles bajo la ciudad, radares intempestivos,… te parecerá un sindiós. 🙂
Aunque me gustan los deportes de riesgo, no tanto: la foto está sacada desde un paso de cebra con semáforo.

Aunque me gustan los deportes de riesgo, no tanto: la foto está sacada desde un paso de cebra con semáforo.

  • Principalmente si vienes del norte, el clima te pillará desprevenid@. Mi querido Ironman siempre (SIEMPRE) acaba contando la misma anécdota de mis primeras tardes en Madrid, en julio, en un ático sin aire acondicionado: se partía de risa viéndome metiendo la cara en el congelador de la nevera una y otra vez preguntando a los cielos si aquello era normal. 🙂 Y pocos meses después, pasé tanto cutiu que en mi armario entró una prenda que desde mi época ochentera no tenía: un plumífero. 🙂 Y además Madrid es SEEEECO. ¿Del norte y con lentillas? sufrirás. Todo se seca: ojos, piel, mocos, whatever. ¿Talones en agosto? lija es poco, reina. 🙂
  • Enseguida te entrará la tontería con las cañas. Pues sí, porque tú vivías en tu ciudad del norte, donde se bebe sidra y cacharros básicamente, y llegas aquí y todo el mundo habla de las cañas bien tiradas (o mal). Y te das cuenta de que es bueno. Y adorarás las cañas bien tiradas sobre todas las cosas. 🙂
  • También puede que te fascine la oferta gastronómica. Pero parte de esta fascinación te durará lo que tardes en comprender que, hagas lo que hagas, en Madrid comer fuera te sale por el doble o el triple que en tu ciudad. Y se te quitará la tontería de golpe y añorarás esos cachopos tamaño edredón nórdico por 15 leuros… 🙂
  • Si vienes de Asturias, dejarás de oir en tu día a día: “Tarjetina de puntos de Alimerka no tendrás, ¿eh vida?“, para oír “¿Tienes la tarjeta de puntos VIPs?“.
  • En Madrid la gente no te mira. Tú vas por la calle y todo el mundo va a su aire aunque vayas en albornoz. Porque en Madrid, lo normal es que no conozcas a nadie por la calle. Y he de reconocer que adoro este anonimato. 🙂
  • Aunque casi seguro que, en algún momento dado, te encuentres con algún famoso. Y aunque no tiene la menor importancia, pues irás y lo contarás. 🙂
  • Madrid es enorme. Puede que te desespere comprobar que un desplazamiento cortito es media hora, y si haces transbordo, 50 minutos… y que cuando un madrileño dice “ahí al lado” significa entre 3 y 7 kilómetros. Porque menos de 3 km es “aquí mismo”. 🙂
  • En verano, los habitantes de Madrid nos desvivimos buscando terrazas y sobre todo piscinas. Todo lo contrario que en Asturias, donde buscamos playas y a menudo sitios cubiertos porque llueve. Esta pasión de todos por buscar la piscina perfecta me llamó poderosamente la atención en su día. 🙂
  • Porque no, en Madrid no hay playa (ranciofact: vaya-vaya).
Una playa de Llanes.

Llanes.

  • Que levante la mano al que, viniendo de fuera, no le han robado. A mí, sí: un monedero y el móvil (y encima, esto, hace dos meses). Mi amiga la Dra. Ingridbergman tiene varias anécdotas al respecto, y alguna de ellas casi acaba conmigo de un ataque de nervios tras recibir una llamada de la comisaría de El Escorial a horas intempestivas. 🙂
  • En Madrid tenemos una enorme oferta cultural: cines, teatros, exposiciones, parques temáticos, museos, de todo. Ahora bien, que pasen dos años o tres sin que pises cualquiera de estos sitios, es posible y hasta probable, pero ¿y qué? tenerlo lo tienes, ¿no? pues ya está. 🙂
  • En Madrid no hay casi nadie de aquí. Casi todos venimos de fuera; de hecho una de las primeras preguntas que haces al conocer gente es “¿Y tú de dónde eres?”.
Este es mi pueblo paterno, Prelo (Boal, Asturias). Asturias, Paraíso Natural.

Este es mi pueblo paterno, Prelo (Boal, Asturias).

Y el caso es que…

Sitios maravillosos muy cerca de Madrid. :-)

Sitios maravillosos muy cerca de Madrid. 🙂

En Madrid habrá atascos, de acuerdo; pero estamos en el centro de España y desde aquí se llega en coche a cualquier sitio el fin de semana. 🙂 Y vale, el tráfico es infernal, pero el Metro es el mejor de Europa (¡y punto!) y el Car2Go una maravilla. 🙂 Y el clima es seco, sí, pero ya sabéis, amigas que venís del húmedo norte, lo que esto supone para vuestras melenas. 🙂 Y hace mucho frío en invierno y mucho calor en verano, que sí; peeeero, ay: la luz. Esa luz de Madrid, ese sol y ese cielo… 🙂 Y sí, Madrid es grande, pero es que alberga varias ciudades distintas, todas con su propia idiosincrasia; qué tendrá que ver Chamberí con Lavapiés, o Salamanca con Tetuán… 🙂  Y, lo más importante en mi opinión: sí, casi todos venimos de fuera, y eso es lo que hace que todos nos sintamos bien recibidos en Madrid; ni más ni menos, en nuestra casa.

Total, que aquí la que esto escribe tiene el corazón partío entre el cocido y la fabada… 🙂

¡Hasta otra!

Porteo.

Pues sí: por fin hablo del porteo, porque siendo una gran embajadora del mismo como soy, no sé cómo no había chapurreado en el blog acerca de este tema. El caso es que me daba un poco de respeto abordar un tema tan sencillo y complejo a la vez. 🙂

Empecemos por el principio: el nombre.

Lo suelto así sin más: “porteo/portear”, no me convence. Si buscamos en el diccionario de la RAE qué significa, encontramos: conducir o llevar algo de una parte a otra por el porte o precio convenido (1). Dar golpes con puertas y ventanas (2). No me parece que tal definición se ajuste a lo que viene siendo llevar un bebé encima. Sospecho que en este caso -como en tantos otros- lo que se ha hecho es adaptar el anglosajón “portage” directamente y a cascoporro. Bien: pues a mí no me gusta. Más me gustaría el verbo “portar”, que de toda la vida significa (y así se encuentra en la RAE): Tener algo consigo o sobre sí (1). Llevar, conducir algo de una parte a otra (2). Vale, el término no será muy relevante; pero si se refiere a una práctica que deseo que cale en la comunidad materno-paternal, preferiría que, para empezar, el término no sonara raro. Pero bueno, me acoplaré y usaré el verbo portear a lo largo del post. 🙂

¿Cuándo se ha empezado a portear a los bebés?

En realidad la pregunta más operativa sería: “¿cuándo hemos dejado de portear bebés?“. Porque la realidad es que las madres han llevado encima a sus hijos a lo largo de toda la historia de la humanidad, exceptuando un pequeño intervalo de tiempo en los siglos recientes tras el invento de los carricoches. El cual es un invento fantástico, en mi opinión (lo cortés no quita lo valiente). En definitiva, el porteo NO es una moda, qué va. La moda ha sido, más bien, llevar a los bebés en carritos.

¿Y en qué consiste el porteo?

Pues es nada más y nada menos que transportar al bebé pegado al cuerpo de la madre (o del padre, o de la tía…). Pero decir porteo a secas es incompleto: a lo que nos referimos con vehemencia los defensores del mismo es al porteo ergonómico, o si me permitís, fisiológico. Ya conté aquí que este adjetivo, fisiológico, es el que me gusta a la hora de hablar de cualquier tema que tenga que ver con crianza. El cuerpo en desarrollo del bebé tiene ciertas características, para empezar porque viene de estar encogido durante muchos meses dentro del útero de su madre; y, cada día que pasa, progresa en ganancia de tono y fuerza muscular y adquisición de habilidades tales como sostener la cabeza o, más adelante, mantenerse sentado. Por todo esto, la forma en la que acarreemos un bebé debe acompañar adecuadamente a este desarrollo. Y no sólo el motriz, también el cognitivo o mental. Y, tan importante como lo anterior: el porteo ergonómico es asimismo cómodo para el adulto porteador, respetando su fisionomía.

Entonces, ¿Cómo se portea correctamente, o lo que es lo mismo, cómo se realiza un porteo ergonómico?

Para no extenderme demasiado, os remito a este artículo publicado hace unos meses en la revista Pediatría Integral, y también a los recientes posts de Pediatra de Urgencias y El Blog del Pediatra. También me ha gustado este post de MamisYBebés. Además, en Internet encontraréis muchísima información, aunque os recomiendo las siguientes páginas:

Redcanguro

Criando Monetes

Mi resumen es:

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Porteo incorrecto a la izquierda (mochila “colgona”), correcto a la derecha: Bebé mirando hacia el adulto, nunca hacia afuera. Postura vertical. Caderas abiertas y rodillas hacia arriba, como en el gráfico que os adjunto. El bebé va “sentado”, nunca “colgado”. Su espalda adopta forma de C, que es lo que necesita a esta edad. Obviamente, asegurar que la boca y la nariz del bebé estén siempre libres. Esto es especialmente importante tratándose de recién nacidos. El sistema que utilicemos ha de estar bien tenso, sujetando firmemente al bebé. Fuente: las que os cito más arriba.

 

Lo que NO se debe hacer:

La mayoría lo dicta el sentido común, pero en este documento de la AEPED encontraréis qué es lo desaconsejado (portear al bebé en los viajes en coche en lugar de llevarlo en la sillita homologada, etc).

¿Y por qué ahora cada vez más pediatras recomiendan portear a los bebés?

Pues porque indudablemente tiene muchos beneficios para bebé y madre (cosa que la Naturaleza ya sabía desde hace milenios). En el caso del niño, protege el adecuado desarrollo de las caderas y de la columna vertebral, mejora los síntomas de reflujo, favorece la adecuada conformación del cráneo previniendo la plagiocefalia postular, facilita la lactancia… son muchos los beneficios y os remito a las fuentes que he citado más arriba. Pero quiero destacar que para la madre o padre también tiene ventajas: para empezar porque deja las manos libres, y para continuar porque disminuye el llanto del bebé. Con esto creo que lo digo todo, aunque os cuento más cosas basadas en mi propia experiencia.

Ya estamos metidos en harina: mi experiencia. 

Yo no porteé, me lo perdí. Qué pena. Cuando nacieron Trotandovoy y MissBerrinche casi no había información en Internet, y aunque mi instinto ya me indicaba que quería tenerlas cerca, lo que encontré fue una mochila (“colgona”) que nos costó un ojo de la cara en un gran centro comercial y que resultó de todo menos utilizable. De entrada, ser capaz de meter al bebé dentro y abrochar los cientos de enganches requería de una pericia que ni McGyver en sus mejores capítulos; 🙂  y, además, notaba cómo la nena iba francamente incómoda, revolviéndose y girando la cabeza continuamente. Un fiasco y un fracaso en toda regla que me hizo desconfiar durante bastante tiempo.

Hasta que mi hermana, la Tita Geóloga, dio a luz 6 años después, y tras informarse adecuadamente se hizo con un fular de algodón elástico. Para mí, esos primeros meses de vida de mi sobrina cambiaron totalmente mi concepto del porteo. Observé asombrada cómo sus recién estrenados padres hacían un montón de cosas que yo no pude hacer cuando mis hijas eran bebés, gracias a portear. La verdad, creo que el chip me cambió definitivamente el día en que contemplaba a mi hermana, con su hija de dos meses en el fular, pintándose las uñas (las de las manos, seguro, las de los pies no me acuerdo, pero seguramente también). Yo pensaba: “ni de broma habría podido ni siquiera cortarme las uñas con Miss Berrinche a esa edad (teniendo en cuenta que la susodicha necesitaba estar en brazos SIEMPRE)”. Y la Tita Geóloga sostuvo -y sostiene-: “Que sí: que yo ya sé que el porteo es bueno para el bebé… Pero es que, caray, ¡también es bueno y cómodo para mí!“. 🙂

Conclusiones que servidora destaca para ustedes después de varios años indagando acerca del porteo: 

1.- Me desagradan los prejuicios y afirmaciones tales como:Mírala, qué hippy, con el pañolón“, “Los que llevan a los hijos en fulares son todos antivacunas“, “Otra madre de éstas modernas“, y cosas así. Verdaderamente, me parecen innecesarias, aunque vayan con buena intención.

2.- Cuando hablo de fisiológico, me refiero a que el bebé humano -nos sorprenda o no- viene preparado “de serie” para estar la mayor parte del tiempo pegado a su madre. Y el porteo lo que hace es hacer esto más fácil. Para ambos, subrayo.

3.- Muchos me preguntáis: “Pero Sara, si la compré en unos grandes almacenes, mi mochila será ergonómica, ¿no?. Aaaaaamiga, pues no, mira: a lo mejor, no lo es. Aún se venden muchas mochilas no ergonómicas.

3.- No todo el mundo se apaña con el fular. Pues no, eso me ha parecido, y me refiero específicamente al fular porque es lo recomendado en los bebés más pequeñitos. No obstante existen métodos “pre-anudados” (algo así; permitidme la expresión) que hacen más sencilla la maniobra. Bueno, en realidad actualmente disponemos de muchos modelos aptos para todas las edades y todas las circunstancias climatológicas.

4.- Cuidado, y sentido común. Conozco de varios casos de bebés con quemaduras por ser porteados mientras se cocina.

5.- El porteo, no me cansaré de repetirlo, es CÓMODO para el adulto. Suelo oir cosas tales como: “¿Pero eso es bueno para la espalda de la madre”?. La respuesta es sí en la mayor parte de los casos… siempre que hablemos de porteo ergonómico, por supuesto.

6.- Las sillas de paseo en todas sus modalidades (carricoches, “huevitos”, sillas) son un invento fantástico, y muy seguras. En mi opinión, complementan perfectamente el porteo, y éste a aquéllas.

Y… este post está dedicado como no podía ser de otra manera a mi hermana,

que me ha enseñado todo lo sé acerca del porteo… y que a la sazón va a volver a portear un nuev@ sobrin@ la próxima primavera. 🙂