Querido residente mayor…

…Que estás a punto de terminar la residencia.

Me gustaría dedicarte unas palabras, al igual que hice cuando estabas a punto de comenzar esta experiencia vital que supone la especialización vía MIR.

A medida que has ido creciendo en años de residencia, el número de consejos que puedo humildemente darte ha disminuido en cantidad, pero espero no lo haya hecho en calidad. Cierto es que no soy tutora de residentes, o al menos no lo soy aún, pero durante tus años de resi mediano habrás comprobado (si has rotado o hecho guardias conmigo) que insisto bastante en que aprovechéis para intentar publicar,  y presentar cosas a congresos; y también en que os lo paséis muy bien por el camino, que disfrutéis, pero que tengáis siempre presente que también tenéis que estudiar, estudiar y estudiar. Y lo dice una que estudió poco en su primera residencia y que paradójicamente -porque tenía dos niñas pequeñitas- estudió más en la segunda. Resis medianos: siento si he sido y soy pesada, pero más sentiría no haberlo sido, creedme.

No obstante, este post va para ti, residente de último año.

Dependiendo del sitio en el que te hayas formado, estarás experimentando más o menos vértigo: quizá tus coerres ya hayan repartido sus currículos por todos los hospitales habidos y por haber, pero tú estás perdido (y ansioso) porque no sabes por dónde empezar; o puede que suceda todo lo contrario: has repartido tu currículum por decenas de hospitales en varias ciudades y ahora te agobia decidir; o puede ser que no hayas movido ficha porque sabes que te quedas con contrato de guardias en tu hospital; o a lo mejor tenías planeado desde que eras erre 1 que regresarías a tu lugar (ciudad, comunidad autónoma, país) de origen. Sea como fuere, dentro de unos pocos días tu vida va a cambiar: serás médico especialista, nada más y nada menos. 🙂

Insisto en que, ante todo, te ofrezco estos consejos humildemente: no tengo tantos años de experiencia. Ni muy joven ni muy veterana: estoy “entre medias”, camino de cumplir 42. Y de hecho, tampoco he trabajado en muchos hospitales; mi trayectoria ha estado básicamente ligada al Hospital La Paz, en Madrid. Venga: allá voy con mis consejos para vosotros, muchos de los cuales surgen fruto de lo que aprendí de mis errores, porque los he cometido y he intentado aprender de ellos.  🙂

Confía en ti, ¡confía en ti!

Que confíes en ti, coño caray. No te dejes amedrentar por el efecto “responsabilidad de adjunto”. Como tú, están todos los demás que acaban la residencia y de un miércoles por la tarde a un jueves por la mañana pasan de ser residentes a adjuntos. No lo vas a hacer peor que los demás, porque nuestro sistema MIR es pistonudo y has salido bien formado (y lo sabes). Yo te he visto enfrentándote con el ceño fruncido a la dosis de tu primera amoxicilina cuando eras erre 1, y ahora no te amedrentas calculando perfusiones varias. Sí; ahí estabas hace cuatro años en tu primera guardia, dudando de si el síntoma era muy grave, muy leve o todo lo contrario, y ahora “hueles” al paciente enfermo según lo ves entrar por Urgencias, y actúas. Has crecido mucho, ¡echa la vista atrás y lo comprobarás! Es así y debes sentir orgullo. Pero dicho esto, debes ser consciente de que:

EL APRENDIZAJE NO HA TERMINADO.

Pues claro que no. Nunca va a terminar. Aunque esto seguro que lo sabías: los médicos seguimos aprendiendo siempre, siempre. Pasiva y activamente. Si te doy este consejo es porque creo que has de tener presente que tu mente debe seguir abierta a los cambios que la evidencia científica trae; porque creo que debes seguir estudiando (soy cansina, ¿eh?); y porque creo que debes cuestionarte los diagnósticos y los tratamientos de tus pacientes cada día, por si acaso. Pero sobre todo porque no te imaginas el potencial que tienes para crecer, ahora que te has especializado en un campo. Sí, tienes mucho potencial: no dejes que se desinfle. Cuanto más sabes, más aprendes, y no al revés.  Así es esto de la Medicina.

NO TENGAS MIEDO A CAMBIAR DE HOSPITAL.

A veces es ésta la única opción para seguir haciendo lo que nos gusta, pero el arraigo a nuestro centro, ése que nos vio crecer como residentes, nos paraliza para seguir. Creedme: familiarizarse con nuevos volantes de analítica, con otros programas informáticos o con nuevos comedores de guardia, no lleva más que un abrir y cerrar de ojos. Sopesad los pros y contras y elegid según éstos, pero nunca basándoos en el temor a cambiar de centro hospitalario. La Medicina, que es el arte que ejercéis, es la misma en unos hospitales y otros, y eso es lo importante.

TEN INICIATIVA.

Siempre he dicho que, cuando un residente se esfuerza, aprende mucho de sus adjuntos, de sus erres mayores  y de los artículos y libros que lee. En la jerarquía sanitaria, el orden natural de las cosas es, a priori, ése: residente aprende de adjunto. Pero hay residentes excepcionales -entre los cuales yo NO me incluyo, vaya por delante- que con su iniciativa, estudio, creatividad y arrojo, consiguen que sus adjuntos aprendan de ellos. Tengo la enorme suerte de haber coincidido con algunos. Mi consejo es: no seas tímido, propón proyectos que hayas masticado previamente. Presenta a tu servicio tus ideas, pero hazlo de forma estructurada, trabajada. Incluso en formato Power Point o Word. Te llevarás sorpresas. Eso sí, en relación con este punto:

TEN EN CUENTA QUE MUCHAS INICIATIVAS NO SALDRÁN ADELANTE.

…Pero siempre aprenderás de ellas. Créeme: pasar 10 horas elaborando un proyecto para una beca que finalmente no te otorgan NO es tiempo perdido. La estructura en la redacción del texto, tu planteamiento al comité de ética de tu hospital, tus tomas de contacto con otros servicios para pedir colaboración -etc- te ayudan a ganar experiencia. Porque ahora es tu momento de eso precisamente: GANAR EXPERIENCIA. ¿Te vas a quedar quieto? …No lo hagas, sigue, con ilusión. Y de nuevo: si no sale a la primera, saldrá a la segunda, o a la quinta, pero saldrá, y por el camino habrás aprendido. Te lo dice una que tiene dos tesis abortadas por falta de tiempo pero aun así ha aprendido de ellas, y no las considero, a toro pasado, tiempo perdido. Pero volvamos a las bases, a lo que nos ocupa:

SIGUE ESCUCHANDO Y MIRANDO AL PACIENTE.

Y digo “sigue” porque esto es algo que inculcamos a los estudiantes de Medicina y a los residentes, pero no lo podemos perder bajo ningún concepto con el paso de los años y el aumento de nuestra experiencia. De ninguna manera. Escuchar y observar, es decir, ANAMNESIS Y EXPLORACIÓN FÍSICA. En mayúsculas las pongo, porque no puede ser de otra forma. Si tratas niños, escucha a los padres, si tratas ancianos, escucha a los hijos, y en todos los casos, escucha al paciente. Y después explóralo, concienzudamente. Por cierto, no creáis que no soy consciente de que en ocasiones no he cumplido con lo que acabo de manifestar; lo reconozco, seguramente ha sido así. Pero ya he dicho que estos consejos se basaban, en gran parte, en mis errores. 🙂

Niña temerosa, obra de Emma Cano (habitual de este blog, aunque sabed que no nos conocemos ni nos une ninguna relación, simplemente me encanta su arte).

REspeta siempre a los médicos mayores.

Entre mis consejos cuando eras R1, te decía que escuchases y aprendieses de Enfermería. Esto, ahora que acabas tu residencia, ya no hace falta que te lo diga, porque lo sabes de sobra: seguro que lo has experimentado en tus carnes unas cuantas veces, saliendo airoso de múltiples situaciones gracias a ell@s. Pero quizá te ha pasado, ahora que eres “mayor”, que has tenido la tentación de desoír la opinión -diagnóstica o terapéutica- de tu adjunto veterano, próximo a la jubilación. No lo hagas nunca. Nunca. Hazme caso, escúchale siempre. Aunque luego seas tú el que decide, escúchale. No infravalores jamás el hecho de que, en Medicina, la experiencia tiene más peso, probablemente, que en muchos otros oficios.

te deseo mucha suerte y te transmito muchos ánimos.

Sobre todo si vas a ejercer en España, que es lo que yo conozco. Lo que has ido observando durante tus años de residente es cierto: las condiciones laborales de los médicos en nuestro país NO son buenas, al menos si las comparamos con otros sectores. Siento decirte que es más que probable que tengas contratos temporales durante bastante tiempo. También es posible que firmes contratos de un día de duración y, también, que trabajes gratis. Además, si las cosas no cambian, ya sabes que te quedan aún exámenes por delante para conseguir una plaza. Aparte de esto, siento comunicarte que nuestros sueldos no son una maravilla; no esperes ganar mucho más respecto a tu etapa de residente. En definitiva, podría decirte que “mal de muchos, consuelo de tontos” pero no debo hacerlo, porque creo que en nuestras manos está reivindicar un futuro mejor para los médicos en nuestro país. Así que al consejo de “ánimo” añado: “pelea y reivindica”. Nuestro trabajo ES importante, y mucho. Luchemos porque así se reconozca.

Para terminar…

Gracias a mis amigas y colegas Dra. Rayoquenocesa, Dra. Ingridbergman y Dra. Spock por sus valiosas aportaciones, una vez más.

Y ahora sí, para finalizar: os traigo la famosa frase del patólogo José de Letamendi (1828-1897): “El que sólo sabe de Medicina, ni Medicina sabe”. Para mí, esta frase encierra una lectura directa: cuida a la parte de tu persona que no es médico, cultiva tus aficiones,  crece en conocimientos, profundiza en tus inquietudes. Si has llegado hasta aquí es porque has trabajado duro y has estudiado mucho. Pero, a menudo, la cantidad de trabajo que nos llevamos los médicos a casa (charlas que dar, capítulos que escribir, artículos que -intentar- publicar, la enfermedad nueva que estudiar…) nos quita mucho de nuestro tiempo libre y nos hace descuidar nuestras otras facetas. Por eso, no me cansaré de decirlo: si te gustó la historia, sigue leyendo. Si te llamó el arte, sigue dibujando. Si eres deportista, continúa entrenando. Si te gustó la música, sigue tocando. No dejes de SER HUMANISTA, en definitiva, la cual, creo yo, es una cualidad presente en la mayoría de los médicos.

Feliz viaje y mucha suerte, residentes mayores. 🙂

… Que se acaba 2016!

Se acaba 2016, sí. Un año que para mí empezó más bien mal (hospitalizada, de hecho) y que luego fue mejorando sin parar hasta convertirse en uno de los mejores años de mi vida. 🙂 Será porque me convertí en cuarentañera, ¡quién sabe!

¿Qué ha pasado con el blog?

Pues lo que me imaginaba ya el año pasado, y el anterior: el blog ha seguido vivo. Y dándome alegrías… los hijos tardíos suelen hacer eso. 🙂

Estadísticas

  • Tráfico: en 2016 han entrado a bucear por Un fonendo en Villamocos 70.000 personas. 🙂 El post más visitado sigue siendo, como en 2015, Consejos que me hubiera gustado recibir de R1. Coñe: jamás habría imaginado que este post tendría tanto tirón, pero así es el mundo blogger. Inescrutable. 🙂 Otras entradas muy visitadas han sido las relacionadas con dos trending topics pediátricos: la vacuna Bexsero y los piojos.
  • El país que más visitas ha registrado es, cómo no, España. En segundo lugar, México, seguido de cerca por R. Dominicana y después EEUU/Argentina. Sigo alucinando con los lectores que cada día me leen desde el Caribe. 🙂
  • Términos de búsqueda: como diría mi madre, “Vive Dios que esta sección es divertidísima, nena“. 🙂 Como conté aquí (vale la pena rememorarlo, aunque sólo sea por el “retoño en los pastos produce fiebrón” o “consecuensias de jugar chiligüili) los términos de búsqueda son las palabras que tecleadas en buscadores conducen a mi blog. Las más graciosas de este año han sido: “tos desesperación” (así sin anestesia, directo al corazón), Porqué se me hizo una bomba de agua en un moco (no tengo palabras), “Bexsero no hace crecer cabeza del bebé (que yo sepa, no), Qué hay que hacer en guardias de Urgencias (¡esto es el paradigma del residente optimista: buscar en Google el día antes de la primera guardia!), “Síndrome del residente saliente de guardia” (ya te lo digo yo: pues es que puedes hasta comprarte un coche en un arranque de valentía; o cortarte el pelo al uno; o no estar saliente sino salido de guardia, que es lo mismo pero no é iguá), Cuál es el récord de más piojos sacados” (no quiero pensar en la pobre madre que escribió esto).
  • Top moments (Lo he puesto en inglés porque me ha salido la vena cosmopelotita). Sin duda fueron: cuando anuncié que mi bitácora cambiaba de rumbo. Lo haría hacia un blog más intimista y menos pediátrico, pero fiel a mi espíritu un tanto majara siguió siendo bastante pediátrico… :-). Otro golden hit fue cuando hablé de la lactancia materna, por supuesto. También gustaron los posts relacionados con el aborto y con el parto, y para finalizar el año, el post en el que me destapé a mis 40. 🙂
    En este carpeta vino mi contrato.

    En este carpeta vino mi contrato.

Aunque lo gordo estaba por llegar.

No me imaginaba yo, con la pedazo fiesta que tuve, y con el montón de regalos que recibí, que al llegar agotada a casa de mis padres en Oviedo a intempestivas horas de la madrugada, mi consorte y mis queridas hijas se iban a venir arriba con la entrega entusiasmada del último y más importante regalo. Nada más y nada menos que un contrato con una editorial para escribir un libro. Autopublicación, le llaman, susto para mis entretelas, lo llamo yo. Que eso es como si cojo y le compro a mi santo un dorsal para correr la maratón de Boston. Que digo yo que igual le hace ilusión, quién sabe, pero un poco de intríngulis por sus carnes seguro que le transmite…

Así que sí, afrontemos el 2017 escribiendo más (la tesis, de paso… que presume de telarañas), y lo que se tercie.

Gracias por seguir todos ahí, villamoquistas. Se os quiere. 🙂

 

 

De la epidemia de bronquiolitis y otras noticias.

Estos días ha habido revolución en los medios, y sobre todo en las redes sociales, por el colapso que han sufrido las UVIs pediátricas con la epidemia de bronquiolitis (ejemplo aquí). Unos cuantos amigos me han preguntado que qué pasaba este año, que si había un virus nuevo como cuando la gripe A (que tampoco era nuevo, por cierto) y que si la situación era grave.

Pues bien, no es ni más ni menos grave que otros años. Me explico: la epidemia estacional anual de bronquiolitis por virus respiratorio sincitial (VRS) es tan previsible como la vuelta al cole, la cuesta de enero o los atascos de la operación salida. O sea, que sucede SIEMPRE, año tras año. Por ejemplo, escribiendo en google “bronquiolitis colapso” aparece esto, esto y esto. Qué casualidad, ¡noticias publicadas el 23 de diciembre del año pasado! Yo misma en este blog he hablado de la bronquiolitis puntualmente cada invierno: la primera vez aquí, la segunda aquí.

Y todo apunta a que la epidemia anual seguirá siendo igual -quizá unos años más agresiva que otros, pero con pocas diferencias- hasta que se invente una vacuna eficaz si es que llega a inventarse algún día, o se descubre un tratamiento efectivo (el sueño de todo pediatra).

Dicho todo lo anterior, los sanitarios que tratamos niños sí pensamos que hay algo “muy mejorable”: la falta de previsión en cuanto a dotación de medios que se vive año tras año. Os recomiendo encarecidamente que leáis esta fantástica entrada del blog Curar a veces, donde no se puede explicar mejor el tema del que hablo. Me quedo con la última frase: “A lo imprevisto responderemos lo mejor que podamos, gestionar lo previsible depende de nosotros”.

 

Diagnosticar no es tan fácil como parece.

Desde que comencé a escribir el blog, hace ya dos años y dos meses, mis posts han sido más bien largos, y en cada uno desarrollaba el tema que me hubiera rondado la cabeza días atrás. Incluso, a veces, he anotado en el bloc de notas del iPhone “pinceladas” que quería plasmar en un futuro planeado post.

Últimamente me he visto de nuevo metida en más trabajo del habitual, así que he tenido que priorizar; el blog ha salido perdiendo. 🙂 No he pensado en ningún tema sobre el que escribir (exceptuando una colaboración con el blog Hablando de Geriatría, que tengo a medias) y por tanto mucho me temo que lo que publique de aquí a un tiempo va a ser un tanto improvisado.

Por ejemplo, ea, hoy: qué difícil es a veces diagnosticar. Y, a menudo, al menos no es tan fácil como parece.

Cuando me embarqué en esto de la Medicina, y hablo de mi época de estudiante, mis apuntes eran un arcoiris dependiendo de la sección en cada enfermedad. Etiología: en verde. Clínica: en rojo. Diagnóstico: en azul. Tratamiento: en naranja. Así visualicé todas y cada una de las enfermedades que estudié durante la carrera. El apartado azul era de los que más me costaba. No entendía, a menudo, por qué en una enfermedad infecciosa el cultivo ayudaba mucho, y en otra no; o por qué en una patología ósea el TAC era infinitamente mejor que la resonancia. También, adoraba -como casi cualquier estudiante de Medicina- la palabra patognomónico y lo que ello implica (síntoma que aparece únicamente en el marco de una enfermedad específica; es decir, DA el diagnóstico). 🙂 Todo esto es comprensible analizado ahora: la experiencia clínica construye al médico en un porcentaje mayor que los conocimientos previos, o eso creo. Siempre y cuando el médico siga estudiando, claro. 🙂

El caso es que al empezar a trabajar con pacientes ya me di de bruces con la realidad. A menudo el diagnóstico NO es fácil, porque los pacientes frecuentemente no tienen una sola enfermedad, o porque las pruebas diagnósticas están sujetas a una sensibilidad y una especificidad. Además, el proceso diagnóstico no depende casi nunca de una prueba, sino de la suma de varias, que actúan como las piezas de un puzzle. Y la verdad es que siempre queda alguna pieza descolgada (“Al final todo apunta a que era infeccioso” “¿Y cómo se explica esa PCR baja a mitad de proceso?” “Pues no lo tengo claro”…). Una vez asumido esto, lo cual es fácil para cualquier galeno con que lleve sólo un mes trabajado, queda lo difícil: hacer entender a los pacientes y sus familias que el diagnóstico no siempre es sencillo. Fíjate si no lo es, que dio para una serie entera de bastantes temporadas (House). 🙂

Los que estéis preparando el MIR, superad la tentación de ver House. Os liará

Los que estéis preparando el MIR, superad la tentación de ver House. Os liará

“Lleva cinco días ingresado y no dan con lo que tiene”, “Pues que le hagan más pruebas”, “Dicen que parece un virus pero no le encuentran qué virus es”, “Pues que le hagan un escáner completo”… son frases que oímos a menudo. Muchas están basadas en la concepción frecuentemente errónea que las series de televisión y las películas transmiten de la Medicina, pero la realidad es que, a menudo, una busca y busca y no encuentra. Eso, por no hablar de las sorpresas, que también se dan. En mi especialidad, las enfermedades autoinflamatorias nos ponen a menudo contra la espada y la pared. No es casualidad que la única enfermedad que el Dr. House no diagnosticó fuera un CAPS. 😉

Y no sé qué piensan otros médicos, pero en mi caso suelo optar por explicar a la familia del niño nuestra hipótesis, las dudas que nos planteamos y el plan diagnóstico que proponemos. Creo que el futuro de la Medicina apunta sin dudas al empoderamiento del paciente… pero eso es otro cantar.

Seguimos… 🙂

Bexsero: más actualidad informativa.

Como soy consciente de lo mucho que os interesa este tema a todos los padres, me ha parecido importante dar difusión a una noticia que en los últimos días he recibido con alegría y satisfacción. Se ha compartido profusamente por las RRSS, así que este es sólo mi granito de arena.

Es la siguiente: en el Reino Unido, donde se vacuna sistemáticamente con Bexsero a todos los bebés, han comprobado tras realizar los oportunos estudios epidemiológicos que los casos de meningitis B se han reducido casi a la mitad en el período que va de septiembre de 2015 a mayo de 2016. En números: se notificaron 37 casos en este período, cuando la media de casos a lo largo de los mismos meses en los años previos a la vacuna era 74.

Es una buena noticia porque, digamos, no es lo mismo la efectividad supuesta de una vacuna tras desarrollarla en el laboratorio que la efectividad en el campo real de batalla, o sea, en la población vacunada. Y parece que Bexsero cumple con las expectativas…

Bien, espero que pronto entre en el calendario vacunal español.

Esto mismo que os cuento pero más explicado, lo cuenta aquí Pediatra de Urgencias (post en el que me he basado para escribir éste).

Hasta el próximo post!

PD: ¡Feliz Día de Asturias!

Lactancia materna.

Han pasado ya diez años desde que parí,

…y diez años por tanto desde mi primer y verdadero encontronazo con la lactancia materna. En otro post contaré mi experiencia lactante; el resumen es fracaso y sensación de autoculpabilidad y poco apoyo. No quiero yo ponerme dramática pero lo cierto es que me apena comprobar que diez años después muchas cosas han mejorado, pero no lo suficiente. Sigo percibiendo gran desconocimiento en este campo, tanto desde pediatría como desde ginecología. ¿Por qué? …Pues no lo sé.

Pero me joroba, qué queréis que os diga. Me fastidia porque:

  • Que una madre bien informada prefiera no amamantar a su hijo recién nacido por la razón que sea, es totalmente respetable y comprensible. Pero que no tiene leche NO es cierto en la inmensa mayoría de los casos.
  • Que una madre tenga el pezón grande, pequeño, plano, salido, hundido, morado o con pelos: todo es posible. 🙂 Pero que su pezón le hará imposible la lactancia, NO es cierto.
  • Que una madre reciente esté muy delgada, muy rellenita, sea alérgica al polen, reciba tratamiento con hormona tiroidea, tenga intolerancia a la lactosa o sea celíaca, es habitual. Lo que es extraordinariamente infrecuente es que su leche sea aguada, de poca calidad o mala.
  • Que a una madre NO le apetezcan la leche y otros lácteos (porque es alérgica o porque no le gustan, y punto) no es nada del otro mundo. Y esto no va a influir en su producción de leche. Los adultos de cualquier especie nos manejamos bien sin beber leche de otro animal.
  • Que una madre lactante se angustie pensando que su hijo puede reclamarla en cualquier momento y se agobie por la separación, es lo más normal y fisiológico del mundo (es lo que tiene la hipófisis, el hipotálamo, la amígdala cerebral y vete tú a saber cuántas cosas más…). Lo que no tiene nada de normal es que su entorno se empeñe en decir que está malacostumbrando al bebé por atenderlo tan rápido y siempre que quiere.
  • Que una madre necesite que le echen un cable (o 120) durante los primeros días (o sea apañar al hermano mayor, ocuparse de que despensa y lavadora estén al día, o despejar visitas) es justo y necesario. Lo que es injusto, innecesario y además falso es decir que los bebés tienen que mamar cada tres horas. Los bebés maman cuando les da la real gana. Pueden ser 3 veces entre las 6 y las 7 de la tarde, ninguna entre las 8 y las 11 de la noche, y trescientas entre las 6 y las 11 de la mañana. Es lo que tiene. Los caminos del neonato son inescrutables. 😉
  • Que la madre del niño necesite un rato al día para dibujar, oír música o ver el capítulo de su serie es totalmente esperable, y desde luego lo que todo su entorno le recomienda para su merecida desconexión y su entendida liberación: todos lo entienden. Pues los bebés también tienen un “hobby” o más bien auténtica necesidad: succionar aunque no tenga hambre. Y si es la teta de su madre, mejor. Porque así se tranquiliza y se siente a gusto. Y no, no la está usando de chupete, está empleando su forma lícita y natural de autoconsuelo.
  • Que una madre decida en qué momento destetar a su hijo por motivos laborales, personales, o del tipo que sea, es cosa de ella y debe respetarse (de esto hablaré en el post acerca de mi experiencia: porque yo desteté). Lo que no tiene que importarle a nadie es si decide seguir amamantando 15 meses, 25 o 36. Mamar a los 3 años ES fisiológica y evolutivamente normal.

    Y podría seguir y seguir y seguir con falsos mitos (destetar en mastitis, caries por mamar frecuentemente, falta de vínculo con el padre, carencias alimenticias y demás)… Pero todas las pataletas tienen un principio y un fin y la mía ya se está pasando. :-))))

¡Halaaaaa! ¡Mamando a los 15 meses!

Hala! Mamando a los 15 meses!

Post dedicado a esa mami que lloró en mi consulta por sentirse frustrada (nunca mais! le dije); y a mis “profesoras de lactancia”: todas mis amigas que dieron a luz después que yo; muy especialmente a Mamen, enfermera de neonatos de mi hospital; y cómo no… a mi hermana.

Y ¡oh casualidades!, un superbloguero pediátrico acaba de abordar este tema, pero en plan serio y bien, no como yo con rabieta. Aquí os lo enlazo si queréis profundizar.

PD: Ajá!!!! la que no iba a escribir de temas médicos! ejem ejem

 

Hoy hablo de… miositis aguda benigna.

Hace bastante tiempo que no abordo un tema puramente pediátrico; últimamente me he estado yendo, a través de los pocos posts que he publicado, por las ramas de la blogosfera y la maternidad. 🙂 Pero, dado el clarísimo aumento de casos que hemos atendido en los últimos días en la consulta de niños con esta enfermedad, se me ocurrió revisar qué había ya escrito por el mundo 2.0… y resulta que hay muy poco. Así que allá voy, que además es de lo mío.

Cuadro clínico típico:

“8 de la mañana de un día de febrero. Miguelito tiene 6 años y es un niño sano. Eso sí, lleva toda la semana pasada malo, con catarro y fiebre alta, aunque ya se está recuperando. Se despierta y nota algo raro y molesto… realmente molesto, ahora que intenta ponerse de pie: le duelen tanto las pantorrillas que no puede ni caminar. Asustadísimo rompe a llorar y llama a gritos a sus padres, a la vez que intenta avanzar por el pasillo, medio renqueante, de la manera en que menos le duele: de puntillas y encorvado, con las rodillas flexionadas, con pasitos pequeños. Sus padres se llevan un susto morrocotudo, porque además temen que esto tenga algo que ver con el cuadro febril del que aún se está recuperando, y lo llevan a Urgencias a toda velocidad…”. 

Pues esta es ni más ni menos la pintura de la miositis aguda benigna, que todo lo que tiene de benigna lo tiene de aparatosa y alarmante. 

¿En qué consiste?

Así empieza el artículo original de Lundberg.

Así empieza el artículo original de Lundberg.

El primero en describir este cuadro fue Lundberg en 1957. Ante todo, hay que saber que es un cuadro bastante infrecuente: no se dan muchos casos al año. La miositis aguda benigna (MAB para los amigos, y así abreviamos) es una inflamación muscular autolimitada que sucede unos días después de una infección casi siempre vírica. El virus que se ha encontrado más frecuentemente implicado es el de la gripe (Influenza A y B). La causa de por qué sucede, no se sabe: si es el sistema inmune (las “defensas”) que se alborotan un poco más de la cuenta y atacan al propio cuerpo -concretamente al músculo- o si es un daño directo que provoca el virus.  Parece ser que esto último es lo más plausible. Tampoco se sabe por qué ataca sólo a unos pocos niños de todos los que pasan la gripe cada año (y por cierto más frecuentemente varones), y de hecho por qué casi nunca afecta a adultos. Lo que sí está bien definido es el cuadro clínico, que os he intentado escenificar más arriba: niño de entre 3 y 9 años que al poco de atravesar una infección respiratoria presenta de forma repentina dolor intenso en pantorrillas que le impide caminar o le hace caminar de puntillas con las rodillas un poco flexionadas.  Y esto es porque los músculos que se inflaman son casi siempre los gemelos (pantorrillas). Los niños caminan de forma peculiar porque lo que intentan es usar lo mínimo posible los grupos musculares que les duelen. Hasta aquí, lo malo; lo bueno es que el cuadro dura tan sólo 2 ó 3 días, y sobre todo: que es benigno. Como ya os conté otras veces (y si no aprovecho para contároslo ahora), cuando los médicos llamamos “benigno” a un cuadro queremos decir que el mismo se supera sin tratamiento y sin secuelas: punto y final y capítulo cerrado. 🙂 Pero no sólo lo diagnosticamos por los síntomas y signos que observamos y nos cuentan niño y padres; también por la analítica de sangre, donde se observa un aumento de una enzima muscular, la creatinkinasa, que aumenta mucho; y se normaliza pasadas unas pocas semanas. Por si quedan dudas: este cuadro no tiene tratamiento, se cura solo… ¡y además muy rápidamente!

Peculiaridades de la MAB:

Al tratarse de una entidad no muy frecuente, sucede que no todos los médicos han atendido a un paciente con este cuadro, y esto hace que a veces el diagnóstico se retrase, o que se ingresen niños que no habrían necesitado hospitalización. Esto no suele suponer ningún problema ya que, como os dije antes, el cuadro se resuelve solo sin tratamiento específico. 🙂

Eso sí, es OBLIGATORIO comprobar la total normalización de los síntomas y la analítica.

La mayor asociación se ha encontrado con el virus de la gripe y los enterovirus, y por tanto las MAB son “epidémicas”: no hay dos sin tres. Lo cual es precisamente lo que está sucediendo estos días: agrupación de casos. Por cierto, que es muy infrecuente que un mismo niño presente dos veces una MAB.

Al tratarse de una enfermedad benigna en la inmensa mayoría de los casos (las excepciones ni las voy a mencionar) le ocurre algo típico de las enfermedades benignas, autolimitadas y cortas: no despierta un gran interés científico, y sólo encontramos a día de hoy 67 entradas en Pubmed (que es el Google de los artículos médicos, para entendernos).

Comentario de mi cosecha:

Ante un niño con cojera o dificultad para caminar, la sospecha diagnóstica acertada se alcanza casi siempre sólo mediante la anamnesis (que es lo que nos cuenta el paciente o sus padres, como os expliqué aquí) y la exploración física. Subrayo por tanto la importancia de saber explorar el aparato locomotor del niño, como una habilidad que todos los residentes de Pediatría deben adquirir, puesto que detrás de una marcha anómala puede haber muchas entidades que precisan un abordaje urgente. 😉

¡Hasta el próximo post!