Si eres madre…

Si eres madre, 

… Conoces esa fragancia cálida del bebé recién despierto; ese aroma tibio cuando tu nene acaba de mamar; ese olor dulce, como a tarta de queso, de sus piececitos gordezuelos; … y años después descubrirás que su melena ya huele a pelo (antes no olía a nada, o como mucho al champú); esa esencia a caldofrán de una habitación cerrada llena de infantes de 9 años saltando como locos; y que sus pies después de un partido de baloncesto es mejor no olerlos… 🙂

… Conoces ese vuelco al corazón que te supone oír ese enésimo ataque de tos seguido del llanto a las 3 de la madrugada tras unas pocas semanas de guardería, o lo que sufres cuando le ves de pie en lo alto del tobogán o al borde de la piscina; … y años después descubrirás que te sigue dando un corazón el vuelco cuando les llamas desde la cocina mientras estudian en su habitación y no contestan, ¡no contestan! y asustada irrumpes en su cuarto para comprobar que no te oían porque están oyendo música a todo volumen en sus auriculares de color fucsia. 🙂

… Conoces esa satisfacción que te invade (es irracional: lo sé) cuando a los 13 meses deciden que les gusta el brócoli, y esa sensación incómoda porque escupen la fruta; … y años después te desesperarás porque cuando llega el plato que han pedido en ese caro restaurante ya no lo quieren porque se han zampado todo el pan de la mesa y todos los entrantes -croquetas-, pero habrás interiorizado que la comida definitivamente no es un gran problema en crianza (y lo contarás, pero las madres de niños pequeños no te creerán aunque seas pediatra). 🙂

… Conoces la sensación de impotencia que puede acompañar a los eventos escatológicos: diarrea medible en litros/minuto en la calle sin pañal de recambio, o zurullo tamaño kingsize sobre la arena en la orilla de la playa (con marea baja a 200 metros de la toalla, llevando encima sólo el bikini); … pocos años después te descubres revisando traseros y culámenes insuficientemente limpios a tu juicio que se han ganado el apodo «CuloNocilla»;… y otros cuantos años después no puedes en absoluto revisar ninguna parte pudenda, a riesgo de sublevación absoluta de sus dignas dueñas.

[Permitidme el inciso: una sabe que sus hijos han crecido cuando ya no tiene ni la más remota idea de cuándo hicieron caca y pis por última vez. Prosaico, pero es así].

… Conoces ese deseo, o necesidad más bien, de que DUERMAN. Por favor, que aguante 4 horas seguidas (o dos, o seis); … y años después, te las ves y te las deseas porque se levanten a las 7:45 para ir al colegio (Trotandovoy). O no, o sigues jurando en hebreo porque en verano y en invierno, con frío o con calor, llueva o nieve… siguen estando en pie a las ocho (Miss Berrinche). En este aspecto, tengo una hija de cada tipo y aquí estoy, sobreviviendo.

… Conoces ese nudo en el estómago cuando ves a tu retoño pasarlo mal por una fiebre, una herida, una diarrea; … y años después el mismo nudo tiene tres vueltas más cuando te cuenta que su mejor amiga ya no quiere jugar con ella, o que está triste porque echa de menos a su abuela que se fue.

… Conoces lo que es que contemplar cada minuto a tu bebé para comprobar si respira; … y años después, te deja a ti sin respiración mientras observas la velocidad con la que baja esquiando una pista roja, o cuando escuchas con oído crítico su –oh my dog: estupenda- pronunciación del inglés.

http://www.enciendecuandopases.com Nuevo blog de una no tan nueva artista.

http://www.enciendecuandopases.com
Nuevo blog de una no tan nueva artista.

 

… Conoces esa oleada de calor en tu maternal pecho y esas lágrimas agolpadas en tu conjuntiva al contemplar su primera función de Navidad de la guarde, vestidas de pastorcilla y abriendo sus ojitos enormemente ante la cámara mientras hacen los tres tímidos pasos de su coreografía; … y años después vibrarás al oírles en su primer concierto como chelistas, al verles encestar en su primer partido de baloncesto y al verles bailar en su primera actuación sobre escenario. Aaaaaamiga: eso no cambia. Y lo grabarás y enviarás a diestro y siniestro! 🙂

… Conoces esa familiar preocupación por los percentiles de peso y talla cuando la llevas al pediatra, («pero… ¿sólo está en el percentil 40?»); … años después, te preocuparás por las notas («pero… ¿sólo un bien?»).

… Conoces lo que es fingir la risa ante el previsible e inocente (y malillo) chiste infantil… Y años después te sorprenderán contándote un chiste realmente bueno, espontáneamente, que te hará troncharte con el padre de las criaturas.

… Y, sobre todas las cosas, sentirás un cosquilleo de alegría cuando oigas sus carcajadas de felicidad; y años después, seguirás sintiendo el mismo cosquilleo, sin ambages, todas las veces que oigas su risa. 🙂

Todas las madres blogueras deben de haber escrito algo parecido, y yo no podía ser menos. Porque creo que no había escrito nunca de maternidad… pero me apetecía. Y porque ser madre no se reduce a los primeros años de las criaturas. 🙂 Creo que hoy crearé una nueva categoría en el blog: Maternidad.

 

Adiós, 2015. Hola, 2016.

Como ya hice el año pasado, me apetece repasar el año 2015 en uno de esos posts que al final resultan poco pediátricos y muy villamoqueños. 🙂

Miss Berrinche haciendo esferificaciones de yogur con uno de los juegos que le trajeron los Reyes. :-)

Las nenas haciendo esferificaciones de yogur con uno de los juegos que les trajeron los Reyes. 🙂

Enero y febrero fueron meses amables, tranquilos y apacibles, en los que nos dio tiempo a explotar bien los regalos de Reyes y retomar rápidamente la rutina de Hospital, Hierro, Cole y Conservatorio (las haches son de los padres, y las ces, de las hijas…). También instauramos definitivamente la ochenterización cinematográfica de Trotandovoy y Miss Berrinche (de la que hablé aquí). Estas jornadas de cine casero se han convertido ya en arraigada costumbre; y como todos los que tenéis hijos sabéis, es más difícil trastocarle un hábito a un niño que morderse el codo, porque exigen respetar el ritual punto por punto con todo lo que conlleva. Que en nuestro caso es, y no me preguntéis por qué, cenar hummus. Sí, sí, hummus. Aprovecho ahora, que si no se me queda en el tintero, para dejar aquí reflejado que este año 2015 ha sido el año en que los gustos gastronómicos de cada una de mis hijas se han afianzado. Y resulta que sus platos favoritos no son la pasta y las patatas fritas; las viandas preferidas de Trotandovoy son, por este orden: las gulas (seguramente las angulas de verdad también, pero qué se le va a hacer…), las coquinas al ajillo y la fabada; y las de Miss Berrinche, el sushi en todas sus variedades -siempre bien empapado en salsa de soja con poco wasabi-, el hummus y las hamburguesas de verdad. Toma jeroma, pastillas de goma.

 

Más chulas que un ocho...

Más chulas que un ocho…

Marzo vino marcado, cómo no, por el viaje a la nieve del que hablé aquí. Las nenas aprendieron rápidamente a esquiar, sus padres redescubrimos el carácter de cada una, y servidora se dio cuenta de que ya no tiene necesidad de bajar pistas negras: mis rojitas y azules disfrutando del paisaje y manteniendo mis meniscos fuera de riesgos innecesarios, y arreando. 🙂

 

 

 

IMG_4145Abril fue un mes repleto de buenos momentos. Para empezar, los deseadísimos días de vacaciones en mi Lloviedín del alma. Qué puedo decir que no haya quedado ya suficientemente plasmado en entradas anteriores de este blog: Asturias es mi casa, es mi familia, son mis amigos. Mis praos y mi mar (vaaaaaale, que está muy frío y casi nunca me baño, pero da igual, es MI mar, y punto de vista -como decía Miss Trotona de pequeñita-). Acabamos el mes en la Feria de Sevilla,… mezclando gente muy querida de muy distintos lugares y todos bailando. Fue genial, y para mí, ¡de los mejores momentos pasados con mis primos astur-franco-extremeños! 🙂 [off the record: qué bien sienta el vestido de gitana, ¡anda que no son bonitos ni ná!].

 

Poniéndole color al pijama...

Poniéndole color al pijama…

Mayo comenzó removiéndome todo. El día de la madre me sacudió de arriba a abajo, no como madre… sino como hija. El resto del mes vino marcado por una avalancha de trabajo, no en el hospital sino fuera de él (ya conté aquí qué más eres si eres médico). Tengo que aprender a dosificar, aunque al final miro atrás y estoy satisfecha. :-). El mes culminó con otro buenísimo momento, la Feria de la Primavera (aka feria del Caballo) de Villapiñotes -pseudónimo con el que Ironman ha bautizado a su pueblo-. Qué risas, qué recuerdos, y por qué no, qué jamón más bueno. 🙂

 

Nada más acabar el curso, a la piscina en Villa Piñotes.

Nada más acabar el curso, a la piscina en Villa Piñotes.

Junio empezó fuerte: en el concierto que AC/DC dio en el Calderón. Es la primera vez que lo cuento en este blog (¡¡me estoy destapando mucho!!) pero mi santo y yo somos muy concierteros, por decirlo simple y rápido. 🙂 El mes continuó con el cumple de la niña de mis ojos: mi sobri Campanilla, sobre la que escribí aquí. Y finalizó con orgullo maternal tras el curso concluido 🙂

 

 

 

Los primos repartidos por el pueblo convertimos su calle principal en un patio de luces...

Los primos repartidos por el pueblo convertimos su calle principal en un patio de luces…

Julio marcó mi nuevo contrato, que era un objetivo largamente perseguido. 🙂 Trajo consigo, eso sí, una reducción drástica de las vacaciones, que no obstante supimos repartir: pizquita en julio y pizcota en agosto. El evento indiscutible del primer mes de verano fue la reunión en Francia, cerquita de Burdeos, para celebrar bodorrio familiar. Qué bien lo pasamos, actuación improvisada incluida. 🙂

 

 

 

Copyright SobriCampanilla

Copyright SobriCampanilla

Agosto trajo unas vacaciones fantásticas: descubrimos (y nos enamoramos), los cuatro, de una isla: Menorca. Merece un post, o diez… ya veremos. 🙂 Y… nos enteramos de que vendrá otro bebé a la familia: ¡una hermana para Sobri Campanilla! 🙂

Lo que nadaban al día se podría medir en kilómetros!

Lo que nadaban al día se podría medir en kilómetros!

 

Tarta de cumpleaños "del miedo".

Tarta de cumpleaños «del miedo».

Septiembre, octubre y noviembre supusieron una vuelta al cole con importantes novedades en la dinámica familiar; nos hemos adaptado bien. Y, por raro que parezca que hable aquí de un electrodoméstico, lo haré: en octubre parimos nuestro primer pan de panificadora, y desde entonces ha sido un no parar, haciéndose un hueco insustituible en nuestra cocina (¡gracias, Malagueñasalerosa!). También celebramos el cumple al más puro estilo años ochenta de Miss Berrinche, mediasnoches de jamonyoryqueso incluidas, en el mismo patio donde yo lo celebraba de pequeña. 🙂 Repetiremos!

 

En este viaje maravilloso a tierras salmantinas nos enteramos de la feliz noticia: ¡había nacido D!

En este viaje maravilloso a tierras salmantinas nos enteramos de la feliz noticia: ¡había nacido D!

...Y llegó diciembre, con mi cumple -39- en familia en Asturias, como siempre.

Y si, como conté el año pasado, 2012, 2013 y 2014 fueron fieros como leones para mi familia, 2015 se estaba comportando como un gatito, tratándonos amablemente a todos.

IMG_4148Tanto es así que me relajé, cogí confianza… y resultó que 2015 no era un dulce gatito, sino un cachorro de tigre que me asestó un buen zarpazo justo antes de despedirse. Por suerte, lo vi venir (¡gracias, R!) y no hay más consecuencias que las mínimas e inevitables. Tengo que agradecer mucho a mucha gente, pero necesito dar aquí las gracias a la Dra. Spock (pseudónimo en este blog de mi gran amiga L) y su familia, por su rapidísima y enorme ayuda; a mi cuñi querida (Tita Marchosa) por exactamente lo mismo,… mil gracias. A mi padre (Abu Astur) y a mi hermana y mi cuñado (los Titos Geólogos) por cambiar sus planes en dos segundos y venir a hacer Navidad a Villamocos; a mis nenas, por la madurez que me han demostrado, y a mi marido (Ironman, ya sabéis, pero os lo digo siempre, que no es un triatleta, que se dedica al hierro, 🙂 ) por absolutamente TODO.

A por el 2016, venga como venga. 🙂

Que los que mandan en España faciliten la conciliación.

Hoy, 20 de octubre, hablo sobre conciliación. Aviso: no voy a tener pelos en la lengua en este post. En mi opinión, es absolutamente urgente un cambio en España. Lo que está ocurriendo en el ámbito laboral y familiar me parece inaceptable, teniendo en cuenta los millones de niños y progenitores que sufren por la enorme dificultad que existe en nuestro país para conciliar (hasta la palabra me disgusta) familia y trabajo.

Pero, ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Muchos dirán que arranca en el mismo momento en que la mujer ha salido al mercado laboral, pero discrepo. El varón español lleva mucho tiempo trabajando hasta muy tarde. Cuando hace 5 años fui de viaje a Portugal, me sorprendió que el horario allí coincidiera con el «europeo». Porque, ilusa de mí, yo creía que lo de comer a las 3 de la tarde y cenar a las 10 de la noche era consecuencia del horario solar de España, que es el mismo que el de Portugal. Así que investigué, y me enteré de que en España las cosas no habían sido siempre así. Hasta hace 70 años, se comía a las 12-1 y se cenaba a las 7-8. Pero, en 1942, Franco decidió que España sincronizara sus relojes con Alemania, aunque estamos más al oeste (y eso Alicante, porque Galicia es mucho más occidental de hecho). Así que nuestra hora no va con el sol, pero… nuestra hipófisis y nuestro hipotálamo sí lo hacen, y por eso nos piden comer cuando el sol está más alto o dormir cuando es de noche. En fin. Spain is different, desde luego. Y no sólo es esta la diferencia con nuestros vecinos europeos: parar entre 2 y 3 horas para el almuerzo es algo typical spanish también. He leído que esta costumbre también es relativamente reciente (años 40-50, cuando por la crisis de la posguerra muchos trabajadores debían hacerlo a doble jornada; descansando algo más entre ambas, durante la comida).

Total: que vivimos en un país en el que los padres tienen un horario (que se extiende hasta la noche) y los niños otro. Donde, por eso mismo, muchos niños no están con sus padres por las tardes. Un país en el cual se duerme muy poco, porque cuando toda Europa está apagando la luz nosotros estamos encendiendo la tele. En definitiva, que no hay que profundizar demasiado para concluir que nuestro estilo de vida pasará factura a unos y otros. Pero, sobre todo, me temo que a los niños de esta generación. En las anteriores, las madres no solían trabajar fuera de casa, pero ahora la mayoría lo hacemos; básicamente porque así se nos ha exigido social y económicamente.

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Y, con todo esto, y teniendo en cuenta que somos el único país que va a contracorriente, ¿Por qué no un cambio? Evidentemente no tengo respuesta, pero sí me aventuro a rebatir los argumentos que he encontrado cada vez que he planteado esta pregunta a propios y extraños. E, insisto, como siempre en este blog: estas opiniones son mías y sólo mías. Quien esté en desacuerdo, estoy dispuesta al debate. Argumentos, por tanto, en contra del cambio:

  • No es momento de plantearse políticas de conciliación que reduzcan las horas de trabajo, porque atravesamos una importante crisis económica. No estoy de acuerdo. Ya ha sido comprobado en múltiples ámbitos empresariales que el trabajo basado en el alcance de objetivos y la flexibilidad de horario del empleado son medidas que aumentan la productividad. Además, no creo que los españoles seamos los únicos del mundo que lo estén haciendo bien.
  • El horario partido fomenta las comidas de trabajo, que favorecen alcanzar acuerdos y cerrar negocios fructíferos en un ambiente distendido. No estoy de acuerdo. Lo mismo se puede hacer desayunando, momento en el que además la mente está fresca y mucho más activa.
  • La ley de la oferta y la demanda hace imposible cerrar tu negocio a las 5 de la tarde cuando la competencia continúa trabajando hasta las 8. Lo siento, pero de nuevo no estoy de acuerdo, al menos en lo que a muchos sectores se refiere. Por la sencilla razón de que hace 25 años era necesario estar físicamente en la oficina para atender el teléfono (fijo). Hoy no es así, y se pueden hacer pedidos online y atender llamadas al móvil. Sé que esto no es aplicable a muchos trabajos que implican presencia, pero sí a gran número de ellos. Y, volvemos a lo mismo: el calentar la silla no debe ser la actitud esperada y premiada en el siglo XXI, digo yo… sino cumplir objetivos.
  • Lo que más necesitan los niños es tiempo de calidad, no cantidad de tiempo. Me parece un argumento muy consolador, no os digo que no… pero me chirría. Los niños (sobre todo los pequeños) necesitan estar con sus padres cuanto más mejor. Esto lo tengo claro.
  • La mujer ha luchado mucho por hacerse un hueco en el mundo laboral y no puede quedarse atrás. Esto me pone de los nervios: es que nadie debería «quedarse atrás», sea hombre o mujer, para desempeñar el trabajo para el que se ha formado en un horario que permita ejercer de progenitor. Si no es así, nuestro planteamiento social me parece que va francamente mal.

Y tengo más respuestas a otros tantos argumentos pero no quiero encenderme, que este blog no suele ser peleón. 🙂 Eso sí, quiero contar lo que veo día a día. Cerca del colegio de las niñas hay muchas cafeterías y restaurantes en los que por la mañana, tanto hombres y mujeres -prácticamente a partes iguales- que trabajan en las oficinas de la zona están desayunado o comprando sus cafés para llevar. Cuando recojo a las nenas a las 5 de la tarde y caminamos de vuelta a casa, esos mismos locales siguen llenos por las sobremesas de comidas de trabajo, a esas horas ya con los Gin Tonics… pero la proporción hombres/mujeres varía considerablemente. Más o menos, 6 a 1. No creo que haga falta que especifique. Y no os echéis encima de mí por lo que he dicho: es la verdad. Las que concilian -o lo intentan- son mayoritariamente las madres.

Y no puedo terminar el post sin manifestar mi agradecimiento al conjunto de Malasmadres que están peleando por hacer visible este problema, y han tenido la valiente y necesaria actitud de pasar de las palabras a los hechos lanzando una campaña en Change.org que -faltaría más- ya he firmado. Pero también a los padres (he dicho padres, no madres) que han entendido la importancia de estar presentes durante la crianza de sus hijos, y que cada vez son más. En mi entorno cercano tengo varios (hooooola, Ironman y Dr. Pyp!!!) 🙂 … pero creo que no son plenamente conscientes del paso gigante que están dando. Para que las políticas de conciliación calen, hace falta que los padres (no sólo madres) estén concienciados.

Ojalá a Miss Trotona y Miss Berrinche no les tenga que decir esa frase que tantas veces he dicho en los últimos años: «Si estoy con las nenas me siento culpable por no estar adelantando trabajo… pero si me siento al ordenador me siento culpable por no estar con las nenas».

Qué a gusto me he quedado escribiendo esto, ea. Si estás de acuerdo con lo importante que es para nuestra sociedad las políticas que mejoren la conciliación laboral, no estés callad@… porfa.

Lecturas que me han parecido interesantes:

http://www.publico.es/culturas/franco-desfaso-horario-espanol-sintonizar.html

http://alexrayon.es/2012/07/05/por-que-tenemos-vacaciones-en-verano-jornada-partida-y-nos-dormimos-muy-tarde-sobre-espana-y-su-productividad/

http://elpais.com/elpais/2015/07/27/opinion/1438022698_745229.html

http://politica.elpais.com/politica/2015/07/15/actualidad/1436962049_624216.html

¡Hasta el siguiente post!

 

 

Notición: hemos vencido a los piojos.

Nunca pensé que acabaría pronunciando la frase que da título a este post, pero SÍ. Por fin.

Llevo días, qué digo días, ¡semanas! pensando en escribir nuestra experiencia. Pero pensaba que cuanto más tiempo pasara, más consistencia tendrían mis conclusiones. Y ya ha pasado más de un mes.

Tiemblo de emoción (snif) al manifestar: creo que hemos visto la luz al final del túnel. 🙂 Después de 6 años: ahí es nada. Ése es el tiempo que llevan los piojos invadiendo Villamocos periódicamente, desde el mismo momento en que las nenas empezaron a ir al cole.

¡¡¡Victoria!!!

¡¡¡Victoria!!!

Cierto es que los «pipis» (qué nombre más cursi) han afectado a esta nuestra familia de forma desigual. ¡Vamos! y tanto: siempre he dicho que con que UN SOLO PIOJO habitara en Madrid norte acabaría residiendo en la cabeza de Miss Berrinche. Su hermana, su padre y yo somos meras estancias temporales, escalas, estaciones de paso. La receptora universal de piojos y liendres en Villamocos, es la Petite.

Tan es así, que en casa tenemos (¡no! ¡teníamos!) un protocolo DEF CON DOS que se activaba entre 2 y 6 veces al mes, principalmente para despiojar a la presunta infestada. Dicho protocolo -razonablemente efectivo- consistía en comprar una loción con permetrina al 1,5%, empapar cabezas, dejar actuar una hora, y lavar con champú «antipiojos»… para posteriormente, entre llantos y peleas embadurnar cabelleras con suavizante y pasar la liendrera miltropecientas veces. Y, como conté aquí, nuestro problema no era llevar a cabo repetidamente dicho proceso; NO. Nuestro problema ha sido, durante 6 años, evitar el nuevo contagio. Porque para desesperación mía, a los 3-7 días de la fumigación, irremediablemente volvía a encontrar liendres en las cabezas de mi descendencia.

Y hete aquí que a quien esto escribe le llegó una nueva esperanza, en forma de post: éste, en el cual Boticaria García presentaba el que podría ser, por fin, un repelente de piojos verdaderamente eficaz, según habían mostrado diferentes investigaciones. Y ni corta ni perezosa, servidora se plantó en las farmacias de su barrio día sí y día también desde el 20 de agosto… hasta que conseguí adquirir dicho producto.

Vaya por delante que este post no lo patrocina ni Rita. Yo no tengo patrocinadores, 🙂 aunque teniendo en cuenta que esta semana figuro como el blog número 61 de casi 3000 en la plataforma Madresfera (¡¡¡oh yeah!!!), vaya usted a saber si cualquier día de éstos me contactan. 😉 Por lo pronto, no es el caso, así que lo que aquí cuente es totalmente cine independiente.

Prosigo. Desde la vuelta al cole hasta que me hice con el producto, a los inefables piojos les dio tiempo a infestar Villamocos 2 ó 3 veces. Y un buen día de mediados de septiembre la gama Neositrín entró en Villamocos, y todo cambió. Me pongo dramática, lo sé, pero así ha sido.

El producto en cuestión. Insisto: nadie me patrocina. :-)

El producto en cuestión. Insisto: nadie me patrocina. 🙂

Consta de dos productos. El producto «piojicida» está compuesto por DIMETICONA, el cual –como explica aquí Pediatra de Urgencias– mata a los piojos y liendres «asfixiándolos». Pero como ya he contado, erradicarlos no era nuestro problema: sí lo era evitar el contagio. El segundo producto es Neositrín Protect, un spray a base de OCTANEDIOL, que ha demostrado científicamente (cosa que no ha hecho el aceite del árbol del té, por ejemplo) ser eficaz como repelente de piojos.

El día D, las despiojé como siempre. Pasé liendrera a diestro y siniestro y les dejé la cabeza como una patena. Y desde el día siguiente hasta hoy, cada mañana, las hemos estado rociando con el spray protector. Y, la verdad: mano de santo. Ni uno. Ni una liendre. Ni un rascado. Nada. Vamos, que aún no me lo creo.

Sé que muchos estaréis pensando que somos un ejemplo de «amimefuncionismo» más. Pero no: insisto en que la eficacia de este producto ha sido testada de manera controlada (comparada con placebo). Por otro lado, sólo pretendo mostrar nuestra experiencia, aunque no puedo evitar plasmar aquí mi sorpresa y también mi alegría… parece que por fin, los viernes noche no serán días de desPioje-Pizza-Peli sino de sólo las dos últimas «pes».

Estos son alguno de los artículos que he encontrado en relación con el octanediol:

Head lice. Burgess IF, Silverston P. BMJ Clin Evid. 2015 Jan 14;2015. pii: 1703. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25587918

Treatment of pediculosis capitis: a critical appraisal of the current literature. Am J Clin Dermatol. 2014 Oct. Feldmeier H. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25223568.

 Prevention of head louse infestation: a randomised, double-blind, cross-over study of a novel concept product, 1% 1,2-octanediol spray versus placebo. Burgess IF, Brunton ER, French R, Burgess NA.
BMJ Open. 2014 May 30;4(5):e004634. doi: 10.1136/bmjopen-2013-004634. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24879825

Y por una vez os pido a los lectores villamoquistas una cosa que nunca os pedido: dad a conocer este producto, como queráis hacerlo (compartiendo este post, por ejemplo). Creo que muchos progenitores desesperados os lo agradecerán. ¡Hasta la próxima!

«Mi primera vez»: hitos del desarrollo.

Algo que casi todos los padres habréis comprobado al llevar a vuestro retoño al pediatra es que, sea cual sea el motivo de la consulta (asma, estreñimiento, cojera o lombrices), se os pregunta acerca del desarrollo psicomotor del niño. No lo hacemos exactamente así, sino que lanzamos preguntas tales como: «¿A qué edad se sostuvo sentado?» o bien, «¿cuándo empezó a hablar?». Nuestro objetivo es detectar cualquier problema para poder identificar pronto – porque el tiempo es oro- a aquéllos niños que no se estén desarrollando de forma adecuada. ¿Y qué es lo adecuado? Bien, para determinarlo se han elaborado diferentes escalas basándose en el análisis de cientos -miles- de niños; y contemplan diversas vertientes del desarrollo, que son, a grandes rasgos: capacidad motora, verbal y emocional/social. Pero claro está que cada niño tiene su propio patrón de progreso; no todos consiguen una determinada habilidad en un determinado momento.

Lo de los hitos del desarrollo viene a ser algo parecido al asunto de los percentiles (de los que os hablaba aquí) en varios aspectos:

Un hito como cualquier otro: primera tirolina, con colaboración fraterna.

Un hito como cualquier otro: primera tirolina, con colaboración fraterna.

Primero: las escalas que utilizamos para evaluar el adecuado desarrollo infantil están pensadas para pescar aquéllo que se sale de lo normal, pero debemos tener en cuenta que el que un niño no camine a los 17 meses no indica necesariamente que tenga algún problema. Exactamente igual que un nene en percentil 2 de talla no tiene por qué tener una alteración en el crecimiento. Digamos que estas escalas son vigilantes de seguridad muy celosos en sus funciones, a los que no se les escapa nada que sea mínimamente sospechoso… porque es verdad que, a veces, cuando el río suena, agua lleva. 

Segundo: que un niño camine y hable más tarde que su hermano, su primo o su vecino no quiere decir que las notas que vaya a sacar en 6º de primaria vayan a ser peores que las de los susodichos. Ni mucho menos. Lo mismo que un percentil 20 de peso no significa en absoluto que ese niño vaya a ser delgado toda su vida (de hecho, ojalá lo significase). Es como ese compañero de clase en el que no nos fijábamos a los 15 años pero nos lo encontramos a los 35 y… le miramos con otros ojillos. Como la vida misma: el tiempo pone a cada uno en su sitio. 🙂

Tercero: Al igual que un niño puede ir alto en percentil de talla y bajo de peso o viceversa, puede hablar como un loro a los 15 meses pero aún no caminar; o gatear a la velocidad de un F1 ya a los 7 meses y no decir ni pío hasta los 24. Hay de todo, como en botica.

Pediatra comparando los rasgos anatómicos de padres e hijo.

Pediatra comparando los rasgos anatómicos de padres e hijo.

Cuarto: herencia. Si comprobar que un niño «va bajito» no nos extrañará cuando sus padres no superan el metro sesenta, lo mismo ocurre con los hitos del desarrollo; y es frecuente oír a la abuela decir: «Es igual de vaguete que su padre, que no caminó hasta los 18 meses». Por cierto, los pediatras os miramos atentamente a los papás, a veces sin ningún tipo de disimulo, lo reconozco. 🙂 Pero es totalmente necesario. Ya se sabe: quien a los suyos se parece, honra merece.

Quinto: si los percentiles provocan «competiciones» verbales en el parque y en la puerta del colegio («mi niño se sale de las tablas», «pues el mío nunca ha llegado a entrar en ellas»…) ocasionando bastantes quebraderos de cabeza a los progenitores, el asunto de los hitos del desarrollo no se queda atrás. Culo veo, culo quiero. Y acerca de esto, proclamo: que levante la mano quien no se haya preocupado porque su hijo aún no camina, o aún no hace frases. Seas pediatra, maestro, fontanero o astronauta. Yo reconozco haberme agobiado porque Miss Trotona no dijo ni pío hasta los dos años largos… aunque también es verdad que en todos lados cuecen habas.

Sexto: para evaluar el desarrollo global de un niño no es suficiente con consultar las tablas de hitos del desarrollo y ya está: qué va. Pasa lo mismo que en la valoración de la curva de peso y talla, no basta con mirar el percentil y punto. Al pediatra le preocupará un niño que siempre ha ido en el percentil 70 de talla y en pocos meses se coloca en el 20, por muy normal que sea el percentil 20. Lo mismo sucede con el desarrollo: el que mejor puede discernir si éste no es el adecuado es el pediatra de cabecera del niño y por supuesto el neuropediatra. Aunque ya sabéis lo que pienso, porque lo he contado otras veces: doy mucha importancia a lo que me cuentan los padres, y si éstos dicen que les parece que el desarrollo del niño no es normal… me pongo en alerta. Para mí, en la mayoría de los casos, lo que me dicen los padres va a misa.

Observar cómo nuestro retoño va superando hito tras hito es de lo mejorcito que tiene ser padres, y antes de darnos cuenta estamos mandando por whatsapp –cada loco con su tema– a todos los abuelos y tíos el vídeo de la primera vez que dice pa-pá (que manda narices pero siempre lo dicen antes que ma-má). 🙂 Y también es divertidísimo, sobre todo en lo que al lenguaje se refiere (aquí y aquí encontraréis unas cuantas perlas lingüísticas reales como la vida misma).

Por otro lado, hay habilidades determinadas que, sin venir en ningún test o tabla, llenan de orgullo y satisfacción al infante protagonista. Tal es el caso de mi sobri Campanilla, que últimamente ha aprendido a chasquear los dedos y está todo el día haciéndolo, igual que cuando aprendió a silbar y nos puso a todos la cabeza como un bombo… 🙂

En fin, me callo ya, que ya se sabe que por la boca muere el pez… no sin antes descubrir el motivo de tanto dicho y refrán en este post: hoy quiero felicitar a mi amiga la Dra. Ingridbergman, que ya es doctora de verdad pasando además el trago de leer la tesis con un bombo de 38 semanas. De todas las personas que conozco, es la persona que más refranes por hora suelta. 🙂 Enhorabuena, doctorina, y esta es mi cita para tí: lo que sorprende, sorprende una vez, pero lo que es admirable lo es más cuanto más se admira. 

¡Hasta la próxima, amigos villamoquistas!

Un año de blog.

Pues sí, ya ha pasado un año desde que finalmente me decidiera a empezar el blog, y he conseguido seguir escribiendo más o menos cada pocos días. Bastante mérito para una procrastinadora nata como yo, he de decir. Así que debe de ser que me gusta escribir.

Al principio, todo me daba vergüenza: que no fuera a encadenar más de un par de posts seguidos, que nadie absolutamente me leyera, que alguien estuviera en desacuerdo con lo que escribía,… y sobre todo, que al abrir el blog todo el mundo pensara: «¿Pero ésta se ha creído que a la gente le va a interesar lo más mínimo lo que escribe?». 🙂 Así que, inicialmente, el blog fue «secreto», o mejor dicho anónimo; o, más bien, empleando seudónimos. Con los meses, vi que el asunto rodaba; y no sólo eso, sino que lo disfrutaba. Fui perdiendo la vergüenza y di a conocer mi bloguete a mis amigos de Facebook, entre ellos todos mis compañeros del hospital. Pero a estas alturas les he cogido tanto cariño a aquéllos motes iniciales, que no los voy a cambiar, aunque permitidme aclarar una vez más que mi marido no es un hombre hercúleo de proporciones halterofílicas pese a apodarse Ironman; como conté aquí, el sobrenombre se lo puse por su profesión, aunque se me ha puesto más cachas últimamente, sí, es cierto. 🙂 También lleva con bastante elegancia lo de ser bloguero consorte, y más le vale, porque fue el que más me insistió para que me pusiera a ello por fin.

La otra persona que me azuzó muchas veces a escribir de nuevo (tuve un fotolog, Villamocos, hace eones…) fue mi madre. Mi madre, que nos dejó hace ahora un año y un mes. Su pérdida fue el gatillo definitivo que me hizo arrancar Un fonendo en Villamocos. Sentía que se lo debía; o que al menos debía intentarlo.

Antes de escribir la primera entrada, antes siquiera de decidir su nombre, ya supe que no iba a ser un blog típico. Porque indagué acerca del mundo blogueril y resultaba que todos los gurús del tema aconsejaban CENTRARSE en una temática. Pero yo no podía, ni puedo. Me gusta escribir de Pediatría, pero también de la vida en el hospital, de mis hijas y sus aventurillas, y a veces de Historia de la Medicina… así que quebranto la regla número 1 de los bloggers. Qué se le va hacer, pero el blog es mío y escribo lo que quiero, chincha rebincha. 🙂

Ésta soy yo, y mi muñeca regalada por una pacientita que me vio con ojos azules (y qué va).

Ésta soy yo, y mi muñeca regalada por una pacientita que me vio con ojos azules (y qué va).

Y fueron pasando los meses y viví algunos momentos «estelares» del blog (no crea el lector de estas líneas que fueron nada del otro mundo; pero ¡ay, qué ilu!). Sin duda, uno de ellos fue mi primer post «medio viral», éste. Rompía una lanza en favor de los pediatras y ellos respondieron; con una satisfacción inmensa para mí. 🙂 Desencadenó además una situación divertida, porque un pediatra veterano de mi hospital, también bloguero, compartió ese post y me lo comentó en un pasillo del hospital,… ¡sin saber que lo había escrito yo! 🙂 …¡Lo que nos reímos al descubrirlo! Otra gran sorpresa fue con mi primer post viral de verdad: éste, en el que me lié la manta a la cabeza dando consejos a los próximos R1. Lo publiqué un jueves por la noche y empezó a rodar en serio el viernes. Ese fin de semana, Ironman y yo nos fuimos -sin hijas, cosa que intentamos hacer un fin de semana o dos al año- al Monasterio de Piedra, en Zaragoza. Cuando abrí el ojo el sábado por la mañana, vi que tenía el WordPress plagado de alertas… consulté las estadísticas y me dio un corazón el vuelco: todos aquéllos números no me los podía creer. De hecho, las visitas aumentaban por segundos. Oh my dog. Ahí me di cuenta de verdad, y no sin vértigo, del alcance que tiene Internet y de que lo que uno publica puede llegar muy lejos. Razón de más para intentar publicar de forma rigurosa, sobre todo si hablamos de ciencia.

Otro momento sorprendente para mí llegó con este post, en el que hice una resumen de una historia de la Medicina que me apasiona, la de la Real Expedición de la Vacuna de la viruela. Pulsé a «publicar» y en cuestión de diez minutos saltó un comentario de una persona que amablemente ponía en mi conocimiento que la serie de televisión acerca de dicha aventura estaba en marcha. 🙂 Otro momento que me llenó de orgullo y satisfacción fue que #lalistadepepe me incluyera entre sus filas. Es el Gran Hermano de los blogueros pediátrico-sanitario-científicos: nos tiene a todos vigilados. Dice Pepe que al que gane le regalará un jamón, y se curra mucho las puntuaciones. Ni Operación Triunfo, vamos.

Y cuando ví que los visitantes diarios aumentaban, decidí crear el perfil de Twitter y la página de Facebook: a ver si les hago más caso. 🙂 También me hice de Madresfera, lo cual es divertido porque cada lunes me sitúan en un ránking según el número de visitas. Llegué a estar entre los 10 primeros la semana posterior al post viral, pero luego nunca mais: con estar entre los 500 primeros me doy con un canto en los dientes. Además, no me importa demasiado el número de visitas, en serio, de verdad, no lo digo por decir. Lo que más me presta (este verbo asturiano, me vais a perdonar pero es intraducible al castellano) es ver cómo los que me leéis lo seguís haciendo. Comentáis más en Facebook que en el propio blog, y lo entiendo (wordpress no lo pone fácil para los comentarios…), pero sois mi acicate para seguir.

Leches, qué tienna me estoy poniendo. Debe de ser que con un añazo ya, el blog -mi tercer hijo- se me está haciendo mayor. 🙂

Hasta la próxima, amigos villamoqueros!

Felicidades, hija mayor.

Siguiendo con el espíritu ecléctico de este blog, cambio completamente de tema y dedico el post de hoy a mi recientemente cumpleañera hija mayor, alias Trotandovoy (trotandovengo… mmmmmmlalalalá me entretengo). Es justo que lo haga: hace 10 meses, en la época neonatal de esta bitácora, hice lo mismo por el octavo cumple de Miss Berrinche.

Así que, Miss Trotona, ahí van DIEZ cosas muy tuyas como los DIEZ añazos que cumples:

1.- Eres el optimismo personificado. El ver siempre el lado divertido de las cosas. El no prestar más que la atención justa a lo negativo, y enseguida encontrar el lado bueno. 🙂 A lo mejor (¿quién sabe?) esto tiene que ver con tu fecha de nacimiento, el 1 de agosto, día en el que -como bien apuntó tu AbuSegoviano- media España se coge vacaciones. Ojalá sigas siendo así siempre, pero que eso no te haga conformarte con poco…

2.- Lo difícil lo haces fácil. Hablo de retos propios de tu edad, aunque alguna vez me has dejado boquiabierta encontrando soluciones «felices» a imprevistos cotidianos. Yo creo que tu primera demostración de esta virtud fue el mismo día en que naciste: pesando tú 3,500 y siendo yo primeriza, nadie vaticinaba que a las dos y media de la tarde estarías en mis brazos habiéndome puesto de parto a la una del mediodía. 🙂

3.- Tienes unos ojos enooooormes. Pues sí, y además para mi sorpresa no tienes miopía (aún), yo que daba por hecho que mi descendencia llevaría gafas desde la más tierna infancia. Y eres alta y delgada, no exactamente como tu madre, morená-saladá: yo no era tan flacucha. Normal: trotando como estás todo el día por esos mundos, tu gasto energético debe de ser bastante alto. 🙂

4.- Eres tremendamente creativa, y ya nos pasa desapercibido -por habitual- el puzzle que te inventas con dos servilletas a trocitos haciendo tiempo en una cafetería, el «soneto» o la adivinanza que te sacas de la manga en la cola del supermercado o el tirachinas que te construyes con una goma y dos ramitas en la puerta del conservatorio. Y siempre tirándome de la manga: «mamá, mamá, mira lo que hecho». Y lo siento si no siempre te presto atención suficiente. Tiene mucho mérito lo que haces, o al menos lo tiene para mí, que no he sido bendecida con semejante virtud.

5.- Se te dan bien las matemáticas, el cálculo y la lógica. En cambio, metes unas patadas a la ortografía que dejan temblando el cuaderno… 

6.- Tu manera normal de desplazarte no es caminar: es trotar. Pensaba que sería así sólo mientras fueras pequeña, pero no: a día de hoy, básicamente, correteas. Y saltas. Y te subes a las alturas que encuentras. En definitiva, no paras quieta -al menos, comparado con tus plácidos padres y hermana-. Siempre me deja alucinada cómo tras despertarte, cosa que te cuesta mucho, te bajas de la cama medio dormida pero aún así te diriges a la cocina trotando. En probable relación con esto, se te dan bien los deportes; sobre todo los que implican equilibrio. Patines en línea, skate, patinete, zapatos con ruedas, bici… todos se te dan bien.

¿Para qué son las cerraduras medievales si no es para fisgar a través de ellas?

¿Para qué son las cerraduras medievales si no es para fisgar a través de ellas?

7.- Te abstraes con facilidad. Lo de prestar atención durante una hora seguida no va contigo… y no he utilizado la palabra «distraes» sino «abstraes» con total conocimiento de causa. Porque tú misma me has confesado que, cuando la clase te aburre -y no es siempre así, en Coro no te aburres nunca- necesitas dejar de escuchar a tu profe y empezar a imaginarte «muchas cosas guays». Menudos viajes te debes de pegar en algunas clases. 🙂 Y, no sé si tendrá algo que ver o no: pero necesitas dormir mucho. Quiero decir MUCHO. Dos horas más, de media, que tu hermana pequeña. 🙂

8.- Eres bastante inocente para tu edad. Y que siga siendo así; no te me «resabies» pronto, por favor. Aunque muchas de las niñas de tu edad te superen ampliamente en picardía. 🙂

9.- Tienes buen oído melódico; y cantas bien. Son los genes del AbuAstur. Además pienso (aunque no soy yo la más indicada para decir esto) que tienes aptitud suficiente como para seguir progresando con tu chelo: espero que el próximo curso los horarios nos lo permitan. Y si no, no te preocupes: a tu ritmo… 🙂

10.- Eres contenida en tus emociones. Te tiene que hacer mucha gracia algo para que te rías a carcajadas, y te tiene que dar mucha pena lo que sea para que llores. Y no te enfadas en serio casi nunca. 🙂 

Y cumples 10, y entras oficialmente en la adolescencia… Felicidades, bombón. Mamá.

[Miss Trotona, leyendo esto en el futuro… «Mamá: ¿Qué es ecléctico?» 🙂 ]

 

 

Los niños y el dolor.

Se me ha ocurrido hablar hoy del dolor infantil a propósito de algunas situaciones vividas en los últimos días, algunas en la consulta y otras en el ámbito villamoquil. Esto nos pasa frecuentemente a los pediatras, por cierto: cuando tenemos hijos, a menudo vivimos lo mismo en el hospital y en casa, y de ambos entornos aprendemos. 🙂

Históricamente y hasta no hace mucho se concedía escasa importancia al DOLOR (así, en mayúsculas) como parte importante del proceso de enfermedad en un niño; los esfuerzos se centraban en diagnosticar la enfermedad, averiguar sus causas, e iniciar el tratamiento. Me refiero a todo tipo de situaciones clínicas frecuentes en Pediatría, tanto una brecha en la barbilla como una neumonía. En el pasado, se creía que los niños incluso sentían menos dolor, a consecuencia de una supuesta inmadurez de su sistema nervioso; y que, si lo sentían, se les olvidaba más fácilmente. En definitiva, existía una corriente minimizadora del dolor en el niño. Pero… nada más lejos de la realidad.

Lo que está claro es que el dolor es un síntoma con particularidades en el paciente pediátrico. Para empezar, porque muchos no saben hablar, y el dolor hay que interpretarlo. Además, porque el niño es un individuo que LLORA con más frecuencia que un adulto (vale: no siempre 🙂 ), lo que implica que nos impresione más el llanto de éste que el de aquél. También porque se tiende a medicar menos a los pacientes infantiles, incluyendo la analgesia; y, por qué no decirlo: en épocas pretéritas (¡qué palabra!) el niño ocupaba lo más bajo del escalafón social.

Como muchos sabéis, me dedico a la Reumatología infantil, una de las subespecialidades de la Pediatría. Veo todos los días niños cuyo motivo de consulta es el dolor de distintos colores y pelajes. También hago guardias en Urgencias y en planta. Todo esto significa que estoy familiarizada con el dolor en el niño, y que en estos años he sacado algunas conclusiones que os pongo aquí, con intención también de conocer vuestras opiniones (¡que los comentarios en un blog dan solera y vidilla! 🙂 ), que no siempre coincidirán con las mías, claro.

Si la madre (o el padre) dice que le duele, es que le duele. Punto. Esto me parece una verdad casi absoluta.

Los niños son muy nobles con su cuerpo, muchísimo más que los adultos. Si algo les duele, aunque sea por un motivo banal, lo protegen. Un niño jamás se pondría voluntariamente unos zapatos que le hacen daño (por muy bonitos que le parezcan), ni un jersey con una etiqueta que le roza (aunque tenga un dibujo del mismísimo Doraemon). Así, podemos encontrar rechazo a caminar en un nene de 20 meses que tiene una ampolla en el pie al día siguiente de estrenar sandalias. Un adulto con la misma ampolla tiene que ir a trabajar, a la compra y a recoger a los niños del colegio. Un niño pequeño no conoce obligaciones: prefiere no caminar, que así no le duele, y listo.

Los niños tienen mucho miedo al dolor. Supongo que es un instinto atávico, y desde luego en ningún modo me parece menor que en el adulto; al contrario. El adulto tiene la capacidad de entender determinadas situaciones y anticiparse a ellas (punción para analítica), y el niño a menudo no… con lo cual no está preparado para prever las situaciones dolorosas, sino que le vienen dadas de improviso. En este punto, soy totalmente partidaria de explicar a los niños los procedimientos. Mi sobrina Campanilla y Miss Trotona son dos ejemplos de niñas pinchadas a los 3 años sin inmutarse, en gran parte gracias a la explicación previa (y a la pericia de la enfermera, claro está). 🙂

– En cambio, ya hablando de síntomas muy frecuentes en los niños: se tiende a tratar más la fiebre que el dolor, y eso que se usan los mismos fármacos. La fiebre da más respeto y creo que incluso hay (en general) sobretratamiento de la misma.

– Por supuesto que un niño se puede inventar un dolor. Pero si sospechamos que es así, de ningún modo esto le quita importancia. Sigue siendo necesario prestar atención al síntoma, porque puede ser la punta del iceberg de otros problemas más serios.

– Además, los niños son malos simuladores, en general. Se les caza pronto. Angelicos. 🙂 Enternecedor pillar a Miss Berrinche cojeando ahora de una pierna, ahora de la otra, por error. Pero ya he contado otras veces que nada la haría más feliz que llevar amuletas por un día… 🙂

 Y me pongo seria de nuevo: la práctica pediátrica debe encaminarse a EVITAR el dolor, bien previéndolo, bien tratándolo. Esto no lo digo yo, que no soy nadie en la materia: esto lo dicen los expertos en el dolor pediátrico. Pero de lo que soy responsable como pediatra es de poner todo de mi parte para que sea así; por muy liada que esté la guardia o por rápido que vaya a ser el procedimiento, debemos darle al dolor la importancia que tiene, que es MUCHA.

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Miss Berrinche cojeando tras su hermana, en Saint Emilion.

[Miss Berrinche, cuando lea este post en el futuro: «Mamá, ya sé por qué escribiste ese post ese día de julio… fue por mis ampollas de los pies después de tanto bailar en la boda de los primos, ¿a que sí?»]

Felicidades, M y J: ¡que seáis muy felices! 🙂

Fin de curso en Villamocos.

Queridas Miss Trotona y Miss Berrinche:

Como sé que en un futuro no muy lejano leeréis este blog porque sois bastante curiosonas, os cuento lo que se me pasa por la cabeza ahora que ya habéis abandonado Villamocos y estáis de vacaciones en Villa-Piñotes (como bautiza vuestro padre a su pueblo, provincia de Segovia).

Miss Trotona: a lo largo de este curso has demostrado, como siempre, tu carácter alegre y aparentemente despreocupado. Digo aparentemente porque, entre saltito y trote, trote y saltito, en esos trayectos del colegio al conservatorio has tenido muy presente qué deberes tenías para esa tarde o qué temas para estudiar esa semana: te has colgado oficialmente la medalla de «niña responsable» a tus 9 años. Trotandovoy trotandovengo y yéndote por los cerros de Úbeda a mitad de cada frase, pero niña responsable de sus cortas obligaciones al fin y al cabo. Por otro lado, sé que este curso ha debido de ser un poco duro para tí: tu mamá estuvo tristona a principio de curso porque la abuela se había ido; tu amiga M se mudó a vivir a Irlanda; y tu otra mejor amiga L también se te va del colegio el curso que viene. Pero tu optimismo inquebrantable (la firma de tu carácter, querida Bobesponja) hace que enseguida pases página y sepas ilusionarte con aquello mínimamente excitante que vislumbres en tu horizonte de días o, como mucho, semanas. Ahora andas emocionada con las vacaciones en Villa-Bígaros (nuestro «aperitivo» favorito en esta localidad de la costa asturiana) con el Abu Astur. En cuanto a la música, también me has dado el respiro que hace poco creía lejano: ya lees tus partituras de chelo tú solita y francamente mejor que yo, y haces por tu cuenta los dictados de lenguaje musical. No te agobia lo más mínimo: tienes claro -y coincidimos contigo- que aprender música es algo para disfrutar, aunque a corto plazo cueste trabajo (o en tu caso, trabajillo… ¿no crees?). Y te da igual cómo toquen, canten o lean tus compis del conservatorio: tú lo haces genial, y punto. Por otro lado, éste ha sido el curso en que nos has dejado claro a tus padres que tu cabeza necesita continuamente crear, y además se te da bien. Te cuento un secreto: pasé dos semanas enteras comprobando que cada día, CADA DÍA, creabas algo. Desde un tirachinas con la goma elástica que sujetaba un paquete de puerros en lo que yo tardaba en guardarlos en la nevera, hasta una casa de muñecas con literas y garaje a partir de dos cajas de zapatos. Espero ayudarte a desarrollar ese don (del que yo carezco, qué le vamos a hacer). En otros ámbitos, he de decirte que te has hecho querer (y mucho) por tus profes y compañeros. Miss Trotona: espero que el curso que viene estés tan feliz como éste.

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Miss Berrinche: cómo has crecido este año, pequeña. Digo pequeña porque con tus ocho años eres la menor de esta casa, pero tu presencia es enoooooorme. De cada 100 palabras pronunciadas en Villamocos, 60 son tuyas, y 90 de cada 100 berrinches. 🙂 Pero yo te comprendo, porque lo cierto es que tú NO protestas, no: tú reivindicas, que es bien distinto. A lo largo de este curso te has topado con un pequeño obstáculo en tu plácida existencia: has tenido deberes por vez primera. Incluso has tenido exámenes que «estudiar». Y, así como tu hermana es optimista, tú eres práctica: «Mamá, yo lo que hago es prestar muchíííísima atención en clase, y entonces se me queda todo en la cabeza y no tengo que estudiar en casa«. Aunque esta técnica tuya «chaqueta de un guardia style» (en la que tus padres no hemos intervenido) ha presentado algunas fisuras, como bien sabes. Por otra parte, durante este curso nos has demostrado una vez más que NO: que no necesitas dormir más allá de las 8 de la mañana, que eres de dormir poco y desayunar con gusto y bastante, y media hora antes de lo previsto ya estás pertrechada con tu uniforme y el pelo repeinao… para desesperación de tu hermana mayor. También nos has demostrado que necesitas cada día abstraerte, bien leyendo un libro, bien jugando con el iPAD, o haciendo puzzles. Abstracción y meditación, o como lo llaman ahora, mindfulness; en esto eres una experta. También necesitas hablar, hablar, hablar y hablar. Camino del conservatorio me has hilado 10 pensamientos distintos con facilidad pasmosa; y por las noches, al apagar la luz en vuestra habitación, has seguido charlando sin cesar incluso cuando tu hermana ya estaba en el quinto sueño. En el conservatorio, Profedechelo ha destacado muchas veces tu capacidad para concentrarte no en una ni en dos, sino en tres o cuatro cosas simultáneamente (arco; extensión; codo; espalda). Y en lenguaje musical también se nos ha comentado tu extraordinaria capacidad rítmica (cosa que ya sabíamos todos los que llevamos toda tu vida viéndote menear ese culillo al son de la música a la mínima ocasión). Porque, petite, you got the rythm, babe. Cómo bailas joía. Pero uno de los grandes hitos del año ha sido que tomaras esta importante y valiente decisión: ¡te has ido de Granjas por primera vez, e incluso a dormir a casa de alguna amiga! Tu exquisita prudencia te lo había impedido hasta ahora. Porque no era miedo: era prudencia, Miss Berrinche, ya lo sé. Por si acaso al llegar la noche echabas de menos, quién sabe, tu casa. Pero no: te lo has pasado bomba. ¡Ah! También te cuento un secreto. Me encanta observar cada día cómo sigue presente algo muy tuyo cuando eras un bebé: tu risa tronchante ante las payasadas de tu hermana. Ella sigue siendo la única persona capaz de provocarte rápidamente esa carcajada cristalina que te caracteriza y nos contagia a todos :-). Ay, Miss Berrinche: echa el freno. No me crezcas tan rápido, porfa.

Vaaaaaale, mamá, nos ha gustado mucho, vaaaale, pero ¿qué tal las notas? ¿las sacamos buenas ese año?

Pues las académicas fueron buenas, sí… Pero, para mí, las notas más importantes son las que os acabo de contar. 🙂

Felicidades, sobri Campanilla.

Querida sobri Campanilla:

Hoy hace cuatro años que naciste. Como buena primogénita sana de madre sana, te «retrasaste» un poco respecto a la fecha prevista, de forma que durante los días previos a tu llegada no hablábamos de otra cosa.

El día D hacía calorcito en Madrid. Tus cuatro abuelos y tu tía (o sea, servidora), pululábamos por los alrededores del hospital, entrando y saliendo. Yo sufría: varias horas después de empezar el parto, tu madre aún no había recibido la epidural porque no había dilatado lo suficiente. Ya sabrás, porque lo solemos contar muchas veces, que tu tía (de nuevo, servidora) es de partos rápidos. Con rápidos me refiero a dos horas el primero y una hora el segundo (desde el primer dolor de parto hasta el primer llanto de tus primas) y por tanto no dio tiempo a ponerme la epidural. Mi facilidad para parir fue algo bueno, claro que sí, pero también es cierto que me permitió sufrir los dolores de un parto de verdad. Duele muchísimo. Enormemente. Por eso, sufría por cada minuto que pasaba tu madre sin anestesia (según me iba contando tu padre por whatsapp). Después de la epidural y tras duras y largas horas, llegaste. Ojalá hubiera sido un parto mejor para vosotras; siento de corazón que ni de lejos fuera lo que tu madre esperaba. Como pediatra que era yo (aunque en hospital extraño) me dejaron pasar pronto a verte. Qué guapísima eras ya nada más nacer, y qué guapísima estaba tu madre, aunque aún extenuada.

Los días, semanas y meses siguientes fueron un continuo aprendizaje. Pero no me refiero a tus padres, que también; me refiero a que supusieron un continuo aprendizaje para mí. Tu madre y tú me habéis enseñado muchas cosas, que he aplicado en mi día a día como pediatra. Ya te lo contaré cuando seas mayor.

A medida que pasaban los meses, nos sorprendiste a todos. Primero, porque desafiando un tanto las leyes mendelianas básicas saliste rubiaza y de ojos azulísimos. Con bastante sorna decimos que saliste a los tíos (… tíos políticos). Eso sí, con el hoyuelo en el moflete derecho de tu padre y la sonrisa de pilla de tu madre. Segundo, porque saliste de un espabilao tremendo. 🙂 Quiero decir que te esperábamos lista; pero, ostrás, ¿tanto?… ¡si hablabas con 14 meses! espero que en el camino de tu infancia y adolescencia encuentres los ámbitos, estímulos y entornos favorables para disfrutar desarrollando tus aptitudes. Segura estoy de que tus padres harán lo que esté en su mano porque sea así.

Desde que eras un piojín se perfila tu carácter. Tienes las trazas de rebeldía que esperaba de tí (no podía ser de otra forma), de alegría (evidentemente) y de humanidad (lógico); te gusta la música y te sabes reír a carcajada limpia. Te has adaptado a distintos hogares en otras tantas ciudades como quien no quiere la cosa, mezclando folklores ingleses, asturianos, andaluces y gallegos, tan ricamente. Cualquier día me pides un babychino con grelos, pero escanciáu y con regañás para acompañar. ¡Si ya me pediste sopa de miso para desayunar!

Aunque rebelde, sucumbimos a Frozen como toda preescolar que se precie.

Sucumbiendo a Frozen como toda preescolar que se precie…

…Y recuerdo con cariño que, cuando eras una beboncia, yo era la figura más parecida a tu mamá que había en tu pequeño mundo. También acerca de esto te contaré alguna historia cuando tengas 9 ó 10 años. Y… para tus primas has sido toda una experiencia, ¡qué digo! una enseñanza vital. 🙂

Feliz cumple feliz, sobri Campanilla: que tu nuevo año esté lleno de juegos, canciones, olas y disfraces. Estas son cosas que les encantan a Trotandovoy y Miss Berrinche, y ya sé que también a tí… porque no me equivoqué cuando hace cuatro años entré al paritorio a conocerte y al mirarte pensé: «Esta es mi sobri. Lo más parecido a mis hijas que voy a tener«.